domingo, 15 de agosto de 2010

“Te inyectan para que te duermas tres días”

CAMILO BLAJAQUIS: DEL SECUESTRO EXTORSIVO A LA POESÍA

Por Franco Spinetta

César Gónzalez tiene 21 años. A los 16 lo condenaron a cinco años de prisión luego de que lo acusaran de haber participado en el secuestro extorsivo de un empresario brasileño. Ahora, ya en libertad, César es Camilo Blajaquis, el seudónimo con el que firma poemas y ensayos en la revista que él mismo edita bajo el título de “Todo Piola” y en su blog (www.camiloblajaquis.blogspot.com). Además, a principios de año, Blajaquis publicó un libro que recopila algunas de sus poesías, “La venganza del cordero atado”, ilustrado por Rocambole. Con el tiempo, y después de rotar por varios medios de comunicación, se ha convertido en una suerte de ejemplo viviente de transgresión a los límites de la cultura tumbera. Nacido en la Villa Carlos Gardel, en Morón, Camilo eligió quedarse en el barrio para contar la realidad que le toca palpar día tras día: “Hablé con mi vieja hoy temprano / la policía mató a otro guacho en el barrio / confirmación necesaria de que nada ha cambiado / que nada va a cambiar / que la sangre que corre todavía es poca”.

“Mi experiencia comienza cuando tenía apenas 16 años: me encerraron por el delito de secuestro extorsivo”, dice Blajaquis. La vida carcelaria continuó con lo que él denomina “tour”. Primero recayó en el instituto para menores San Martín y de ahí pasó por el Roca, Belgrano y Agote, todos en la ciudad de Buenos Aires. A los 19 años lo mandaron al penal de Ezeiza ya que todavía le faltaba cumplir un año de condena, que se hicieron efectivas en el penal 24 de Marcos Paz. “Después de casi 5 años recuperé mi libertad en términos de condicional y como premio a mi buena conducta”, recuerda.

¿Cómo fueron esos primeros años de encierro en los institutos porteños?

Lo que se percibe claramente es que son lugares sumamente viejos, lo que inevitablemente trae deterioro, humedad cruel y rejas oxidadas. Pero a quién le puede importar el estado de los institutos… pienso que la sociedad misma reclama que sean lugares inhumanos. Yo no creo en los mecanismos de encierro. El hecho de haber pasado varios años ahí me sirvió para comprobar que es simplemente un basurero social, con la única función de inyectarte en las venas resentimiento, bronca, impotencia y resignación hacia toda la ciudadanía. Lugar para sufrir por antonomasia, nunca podrá ser un lugar para mejorar a las personas, mucho menos si de menores se trata.

En el instituto San Martín, Camilo conoció a Patricio Montesano (Merok), un mago que empezó a dar un curso de magia en el correccional, pero con quien descubrió otra magia: la historia y la política. Montesano le pasó el libro “De Ernesto al Che” (Carlos “Calica” Ferrer), que cuenta el viaje realizado por el Che Guevara en su juventud y que significó un quiebre en su conciencia social. Luego, el mago le prestó “Operación Masacre” de Rodolfo Walsh. César empezó su transformación total hasta convertirse en Camilo Blajaquis, un poeta sensible y comprometido con su historia y su contexto. Mientras tanto, lidiaba con la realidad: el encierro y la violencia psicológica.

Hay denuncias sobre el maltrato que reciben los chicos en los hogares, ¿qué nos podés contar al respecto?


Al ser institutos de menores y al contar con legislaciones que prohíben el maltrato físico por parte de los guardias, si un pibe anda nervioso, se peleó u algo por el estilo, se lo inmoviliza y se lo inyecta para que duerma varios días o como dicen los profesionales que trabajan en los institutos “para que no moleste”. Los fármacos se usan como un método de represión. Es un método sumamente deshumano, pero cuenta siempre con el aval de los psiquiatras y de la Secretaría Nacional de Niñez y Adolescencia.

¿Hiciste amigos ahí? ¿Cómo llevabas el día a día?

Por supuesto que hice amigos estando encerrado. Es algo sumamente necesario porque es muy difícil sobrellevar el castigo del encierro sin una “segunda” al lado, sin alguien que te escuche desahogándote cuando hay penares judiciales, después de la visita de tu madre. Y siempre va ser el oído de un pibe mucho más acogedor que el de la psicóloga o el de la asistente social a cargo de tu “seguimiento tutelar”.

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