sábado, 8 de mayo de 2010

El día que los piqueteros invadían Buenos Aires

Por Franco Spinetta

El 20 de diciembre de 2001, tenía apenas quince años y vivía en mi pueblo natal, donde las noticias llegan con la carga de lo desconocido. Buenos Aires, la ciudad, era para nosotros otro país, donde ocurrían cosas insólitas, descabelladas para la realidad que nos tocaba palpar todos los días.

Recuerdo, ahora con más elementos para el análisis, las formas que adquiría la miseria. La falta de elementos en la escuela, los Patacones, los Lecops, las segundas marcas en los alimentos; padres preocupados y sin trabajo, amigos que juntaban el mango para salir el sábado y tomar una cerveza; ropa reciclada, que se iban pasando unos a otros.

Aquellos días de diciembre estaban cargados de particular violencia. En plena desazón por el ajuste, la desocupación, la pobreza y el corralito, miles de personas salían a las calles para manifestarse. En mi pueblo, nada de eso ocurría, pero las noticias se seguían con expectativa y tristeza.

Todavía me acuerdo de estar mirando TN y ver cómo los policías le tiraban el caballo encima a un grupo de personas que cantaban el himno en la Plaza de Mayo. También, me acuerdo del mensaje que corría como regadero en las calles del pueblo: "Vienen piqueteros bajando desde Arrecifes y dicen que van a saquear todo: hasta Buenos Aires no paran y dicen que en Areco ya robaron varios supermercados". Así operaba el miedo. Un señor, dueño de una importante flota de camiones, electrificó el portón de su casa por si llegaban a intentar violar su propiedad. Los piqueteros eran agentes temidos, una especie de vanguardia revolucionaria del hambre que estaban dispuestos a saquear todo a su paso.

Así recuerdo esos días, tan cercanos y tan lejanos a la vez. Y espero que jamás volvamos a pasar por eso.

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