domingo, 19 de diciembre de 2010

¿Morales Solá, militante del periodismo?

Por Rubén Levenberg

MARTÍN GARCÍA DE TELAM METIÓ EL DEDO EN LA LLAGA / ¿EXISTE UN PERIODISMO NO MILITANTE?

 ¿Desde el llano o desde el stablishment?
Un excelente debate sobre el periodismo y la militancia que se desarrolló este último jueves en el programa El Tren casi coincidió con un intercambio entre una alumna y su mesa examinadora ocurrida el mismo día y apenas unas horas antes. Lo relatamos ahora, para apuntalar una idea que, con sus errores, intentó desplegar Martín García, de Télam, quien abrió un debate negado por los periodistas pretendidamente neutrales. ¿Hay un periodismo no militante? Arriesgamos una respuesta: lo único que se puede identificar es una forma diferente de militancia, pero hablar de neutralidad u objetividad es un acto de soberbia o de hipocresía. Tal vez la diferencia sea que el periodista militante tiene asumida su no-neutralidad.

La alumna –muy buena estudiante- se sentó frente a la mesa examinadora. Hablaba de la verdad periodística, de las rutinas, de las fuentes, cuando mostró un artículo publicado hace poco en un gran diario en el que se titulaba en contra del presidente venezolano Hugo Chávez, a quien se acusaba de “perseguir a la prensa”. En el artículo se mencionaba, entre otras cosas, una serie de “ejemplos” de “víctimas” del presidente Chávez. Uno de ellos, con asilo en los Estados Unidos. “¿Dice por qué se fue de Venezuela?”, preguntó uno de los docentes. La alumna revisó varias veces y, no, no decía nada. Tampoco había fuentes, ni off the record ni on the record. Nadie.

Para ejemplificar cómo se puede hablar de algo sobre la base de una agenda establecida por terceros y cómo se construye la noticia, el docente le recordó un intercambio público durante una conferencia de prensa de un gerente venezolano que trabaja en una empresa de los Estados Unidos. Como el ejecutivo hablaba de la represión del gobierno de Venezuela contra la prensa, un periodista preguntó: “¿En los Estados Unidos es posible que un periodista aparezca frente a las cámaras de televisión y que diga ‘el presidente es un hijo de puta y las fuerzas armadas tienen que echarlo’? ¿Es cierto que en Venezuela se hace y no se lo sanciona?”. El ejecutivo, a pesar de su fanatismo, tuvo que admitir que era cierto.

Son apenas un par de ejemplos de cómo se puede demonizar a un gobierno simplemente desinformando o informando parcialmente. Y específicamente en el primer caso es un ejemplo de… ¿qué clase de periodismo? Precisamente en el examen, la alumna tenía que exponer sobre la diferencia entre la auto percepción de la prensa y su auténtica función. Como saben los alumnos, hay diversas concepciones de la verdad y en periodismo sólo se puede concebir una verdad construida a partir de la aplicación de ciertas rutinas. Nadie garantiza que sea la verdad, pero sí que está construida según las reglas de la profesión.

El problema es que las empresas periodísticas no entienden lo mismo y suponen que lo que publican es la verdad, porque, según la concepción burguesa de la prensa, aseguran aplicar un método científico que los lleva a la verdad. Saben que eso es falso, pero es lo que dicen, porque por algo son empresarios. Lo lamentable es que muchos periodistas también asumen la posición de defensores de la verdad y de la objetividad que encuentran esa verdad gracias a su neutralidad y trabajo científico.

De allí que cuando el titular de la agencia Télam, Martín García apareció con un mensaje en el que hablaba de sus preferencias por el periodismo militante, aunque desgraciado en cuanto a la caracterización de quienes no hacen periodismo militante, metió el dedo en donde tenía que meterlo. La falsedad que hace enojar a cuanto periodista pretendidamente objetivo y no militante cuando escucha dudas sobre su autodefinición es lo que muchos autores han calificado como “concepción burguesa” de los dueños de los medios. Parecería una identificación más cercana al síndrome de Estocolmo que a la prostitución que disparó el jefe de Télam.

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