Este texto lo escribió Moira Soto hace seis años. Y por supuesto tiene vigencia. Al margen de la ideología de “Mirtha” también es verdaderamente preocupante que haya muchos políticos opositores que tengan su mismo pensamiento en relación a “la inseguridad” o a la represión dictatorial. Una parte de la dirigencia política más una parte de nuestra sociedad, por más que nos pese, tienen “el sentido común” de “Chiquita” Legrand.lunes, 7 de febrero de 2011
Mundo MIRTHA
Este texto lo escribió Moira Soto hace seis años. Y por supuesto tiene vigencia. Al margen de la ideología de “Mirtha” también es verdaderamente preocupante que haya muchos políticos opositores que tengan su mismo pensamiento en relación a “la inseguridad” o a la represión dictatorial. Una parte de la dirigencia política más una parte de nuestra sociedad, por más que nos pese, tienen “el sentido común” de “Chiquita” Legrand.martes, 7 de diciembre de 2010
Lo que dice la calle del robo a Mirtha
lunes, 6 de diciembre de 2010
La sensatez de Mirtha frente a las sospechas de “Chiche”
domingo, 5 de diciembre de 2010
Alfredo Alcón contra la crispación
Nota de Alicia Petti
domingo, 14 de noviembre de 2010
Kirchner: siempre será más sencillo ver el fiambre
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| AFP/Getty Images |
Por Mariano Szkolnik
“…para ése he mandado a pregonar por toda la ciudad que nadie le honre con sepultura ni le llore, sino que lo dejen insepulto y su cuerpo expuesto ignominiosamente a las aves y a los perros para que lo devoren”
La costumbre de velar a los muertos a cajón cerrado es propia –aunque no excluyente– del pueblo judío. Siempre ha sido así. De este ritual tuve conocimiento a partir de una pérdida familiar. Un cuarto de siglo atrás, aprendí que los judíos velan a sus muertos de ese modo para respetarlos, para recordarlos tal y como deseáramos recordarlos, soslayando la imagen de un cuerpo inerme y desposeído de todo: de su color, de su vida, y de su alma. El cajón cerrado supone una postura existencial que excede al rito meramente religioso: supone el culto a la memoria. El cajón cerrado es, en este sentido, la victoria de la vida sobre la muerte. De todos modos, frente al abismo de la muerte, no hay un “mejor ritual”… cada cuál hace lo que puede.
La decisión de la presidenta fue única y maravillosa: sustrajo a los buitres el cuerpo de su esposo. El cajón cerrado nos obliga a recordar a Néstor Kirchner en vida, en su actividad, en su humor (o mal humor), con su rostro cubista y su mirada desconcertante. Claro, en el intento por superar la pérdida, siempre será más sencillo ver al fiambre y quedarse con eso, conservar esa última imagen... pero la memoria es más compleja, y excede al sentido de la vista. La memoria es un hecho político y social. El alma de los muertos, en nuestra creencia, no se eleva hacia una nube nueve o un séptimo cielo, sino que queda entre los vivos, en el recuerdo, en la memoria colectiva que la resignifica y le otorga un sentido preciso.
Cristina, al tiempo que nos entrega a un Néstor vivo, impidió que los mercaderes de la muerte publicasen en su tapa del jueves 28 de octubre la peor foto posible. Tengamos por seguro que no habrían seleccionado la imagen del Néstor vital, sino que agigantarían la impresión del cadáver aún insepulto. Con un macabro telebeam escrutarían al Néstor indefenso; Gelblung lo diseccionaría en su programa; se lo comerían en el almuerzo de Mirtha Legrand. De allí la miserable suspicacia, la legraniana teoría de que el cajón estaba vacío: Mirtha hubiera querido invitar a su mesa a Néstor Kirchner solo para masticar, paladear y deglutir su cadáver, acompañándolo con una guarnición de rúcula y arroz con azafrán, servido por una sirvienta trigueña, vestida con uniforme negro y delantal blanco, que es la expresión degradada del lugar que “la señora” le reserva a los sectores populares. Como Antígona de Sófocles, como Antígona Vélez de Leopoldo Marechal, Antígona Fernández decidió sepultar a su muerto y no dejar que las aves de rapiña y los perros de jauría desgarrasen su carne.
Mirtha, siempre igual a Mirtha, irreductiblemente Mirtha, nunca pudo ni podrá tragar a Néstor Kirchner, y aún ella, militante activa del odio y el olvido, deberá recordar a Néstor Kirchner en vida.
Señora Legrand: los únicos cajones que permanecen vacíos son los de los treinta mil desaparecidos. Por una vez en la vida, tenga decencia.
martes, 6 de julio de 2010
Canal público sin debate y Lanata a la derecha de Mirtha
El periodismo partidario
Por Hugo Presman
No es criticable hacer periodismo oficialista u opositor, si el que lee, escucha o mira, sabe desde el inicio desde donde se le habla o se escribe. En ningún caso es periodístico mentir u omitir información significativa. El criterio, siempre subjetivo, determinará el lugar que tendrá cada noticia. El periodismo oficialista suele omitir las críticas al gobierno o no da cuenta de situaciones confusas o complicadas. Si el periodismo que coincide con las principales líneas del gobierno cree que hace su tarea considerando que no debe señalar errores porque es hacerle el juego a la oposición, en realidad está dejando a sus seguidores sin su opinión sobre las equivocaciones gubernamentales que sólo quedan enarboladas y consideradas sesgadamente por el periodismo opositor, al tiempo que en lugar de colaborar para superarlos, termina siendo funcional a los aspectos desfavorables de la gestión. A mera enunciación de ejemplo, la deplorable política minera, el incremento de la superficie ocupada por el modelo sojero, negocios con peajes altamente probables con Venezuela, que no deben ser pretexto para demoler una fructífera relación política y comercial con ese país como pretende una oposición troglodita, el turbio manejo de los fondos de Santa Cruz, denuncias de enriquecimiento de funcionarios cercanos al riñón del kirchnerismo. Dividido tajantemente el espectro periodístico, el lector, oyente y televidente debe saber, por ejemplo, que salvo en el programa de Víctor Hugo Morales en Radio Continental, no encontrará críticas a los sectores económicos concentrados y mucho menos del sector agropecuario, que investigarán los casos de corrupción imputados al gobierno, pero jamás opinarán sobre el affaire Papel Prensa o los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble, los que no figurarán entre las inquietudes de sus periodistas editorialistas o de investigación. Si lee Miradas al Sur o Tiempo Argentino, los casos de corrupción o ineficiencia estarán vinculados al Macrismo, y los hechos delictivos de Papel Prensa ocuparán generosos espacios.
La inexistencia de programas de debate político en la televisión pública es un déficit que a esta altura resulta reprochable. El gobierno ha promovido con algunas de sus medidas fundamentales grandes debates, y paradójicamente no hay en los medios estatales un lugar donde se polemice.
El programa 6-7-8, que ha cumplido y cumple un importante papel en el desmenuzamiento del discurso de los medios hegemónicos, es un espacio que se autotitula de crítica de algunos medios.
El periodismo partidario opositor omite reconocer bajo el antifaz de una falsa independencia, que en la mayoría de los casos, son los voceros del poder económico del que forman parte. Su hipócrita prédica moralista se contrapone con los cadáveres ocultos en sus placares y que la contienda mediática ha dejado al descubierto.
Todo esto sucede en medio de un conflicto que ha dejado al periodismo en la picota. En realidad es un strip- tease, un despojamiento de las ropas y lo que queda es algo más cercano a Quasimodo que a esa bella adolescente que enamoraba a la sociedad de los noventa.
Tan patética es esta revelación, como la actitud de Jorge Lanata, emblema del periodismo de los noventa, que después de pasar por el teatro de revistas, de plagiarse hasta el hartazgo a sí mismo, almuerza a solas con Mirtha Legrand, quedando a su derecha y dedicándole un libro de su autoría con un texto genuflexo: “ A la chiqui que es una grande”.
sábado, 29 de mayo de 2010
¡Auxilio! Entre “la yegua”, Joaquín, Mirtha y el pobre Marx

Uno los ve venir, trata de eludirlos, pero no tiene la cintura de Nicolino Loche. Comienzan con un chiste que busca complicidad. O escuchan un relato sobre la importancia de no mezclar el agua caliente con la fría, o sobre la posición en la que debería jugar Messi en la selección. Del otro lado el cerebro está haciendo lo que en informática se llama “matcheo”, compara signos con los que están archivados en la base de datos para buscar una coincidencia y arrancar. Cuando aparece el “match”, comienzan con un comentario que tiene poco que ver: “si, a ver cuándo se va la mina esta” o “Messi juega mal en la selección porque desde que canal 7 le robó el fútbol a TyC está todo mal”. Uno pone cara de circunstancias y trata de esbozar un “aha, pero yo te decía que…”. No hay caso, el interlocutor no va a aceptar que haya alguien de clase media que no mire sus programas predilectos, que no insulte a la Presidenta y hasta que disfrute de sus discursos. No lo conciben y exigen que uno cambie, que se redima, como esos señores y señoras que los domingos tocan el timbre para explicar al pobre tipo que en lugar de tomar mate debería estar evangelizando a alguien para no ir al infierno.
El fenómeno es nuevo para quienes no vivieron el peronismo y sobre todo se experimenta en los sectores de clase media. Padres, hijos, hermanos, novios, esposos, amigos, colegas, vecinos, todos aquellos que comparten algún tipo de relación social sufren –o sufrimos- un síndrome de polarización política cuyo síntoma son las discusiones sin fin, o con fines no deseados. Algunos, por las dudas, dicen “yo no soy K, aunque lo de las AFJP me pareció bien”, pero no hay caso, el depredador se prendió a la víctima y no la va a soltar. Miente quien diga que no pasó por alguna de esas situaciones en las que se espera un insulto, o al menos un mea culpa, una auto-flagelación, de tal manera que algunas reuniones directamente se vuelven tediosas. Hay cierta necesidad de hablar mal de la Presidenta y del Gobierno y una reacción casi violenta cuando alguien se identifica como oficialista o como favorable a las medidas del Gobierno.
Después de dos años de vivir situaciones similares, la intuición, o el olfato profesional, comienzan a indicar que a pesar de la heterogeneidad de orígenes esas discusiones tienen un patrón común. Puestos a buscarlo entre peleas, desencuentros y otros problemas, finalmente surgen algunas hipótesis. Como toda clasificación, hay cierta arbitrariedad, pero vale la pena exponerlo para que en alguna carrera de Ciencias Sociales haya más temas para hacer tesis.
En la vida cotidiana uno se encuentra con críticas de orígenes diversos pero con un rasgo en común: La pretensión de universalidad y la imposición de reglas de juego unilaterales. Por un lado, al Gobierno lo critican los marxistas ortodoxos y los partidos y militantes de diversos grupos que se ubican a la izquierda de la izquierda del Gobierno. Allí es imposible discutir si las reglas son entre la propiedad colectiva de los medios de producción y de cambio y el peronismo en el poder. ¿Cómo explicarle a un teórico que tiene un sistema perfecto en su bolsillo izquierdo que los gobiernos son heterogéneos, que los fenómenos sociales y económicos son mucho más complejos que la simplificación que se ha hecho del pobre Carlos Marx? Imposible. Allí cabe otro consejo: Jamás se le ocurra recordar las amistades de unos de los grupos más fuertes con la Sociedad Rural ni al otro su defensa incondicional de los grupos mediáticos. Mejor cruzar la calle y hablar de otra cosa, si no es un pariente al que se le deba al menos un saludo amable.
Por el otro lado, los conservadores y neoliberales también tienen su manual. Es imposible defender frente a ellos a un Gobierno que tiene algún rasgo ligeramente defensor del rol del Estado en la economía, que termina con el robo de las AFJP, que renacionaliza empresas clave y que decide abrazarse con las Madres de Plaza de Mayo más que con algún militar desubicado. Ni siquiera se conforman con el veto por la conservación de los glaciares. Nada los conforma, como a ciertas empresas y ciertos países.
Finalmente hay un tercer grupo, que lo dejamos para el final porque es el más numeroso, el más difuso y tal vez el más complicado para los tercos que se resisten a la armonía familiar, social o de otros grupos. Son los temibles críticos que apuntan con el sentido común, tal vez el peor de los sentidos, por usar un lugar común. La pretensión es que ciertos fragmentos de su experiencia personal y sus charlas con el grupo social y los medios de comunicación se conviertan en leyes universales. Todo se generaliza. Sus fuentes son los programas de TV, algunas columnas de periodistas “prestigiosos”, los inefables taxistas y el vecino del 4º piso que se quedó sin trabajo. Como sus pensamientos son universales, obligan a que del otro lado también los argumentos estén dentro de sus reglas de juego. Todo intento por escapar será vano, cualquier intercambio será imposible.
Son tres categorías arbitrarias entre las cuales hay millones de opciones más o menos grises. En todos los casos, la pretensión de universalidad, el pensamiento totalizante y global convierten al crítico en un ansioso que circula por la vida a la búsqueda de una víctima que ose no insultar al Gobierno o que haya cometido el pecado de aceptar que algunas cosas están bien hechas, aunque Leuco, Castro, Morales Solá, Mirtha Legrand o el taxista ocasional digan lo contrario. El castigo será implacable y la víctima en cuestión tendrá que hacer como Melquiades y huir con elegancia.
viernes, 28 de mayo de 2010
Fraga indigestó a los dueños de los diarios

“Leí que nos quedábamos sin plasmas a fin de año”
Cuando ADEPA, la asociación de diarios liderada por Clarín y La Nación, invitó al economista y empresario Javier González Fraga como orador de su cena mensual, sin duda apostaba a un discurso anti-K, cargado de imputaciones sobre el manejo de la economía y el INDEC y pronósticos apocalípticos. Jamás se hubiesen imaginado que el invitado por la crema de los editores argentinos cuestionaría el tratamiento mediático de la Ley de Medios y los criticaría por las tapas de los diarios.
González Fraga golpeó al gobierno por algunos temas sensibles como el INDEC ante el beneplácito de un auditorio que en otros tiempos supo aplaudir a López Murphy. Pero al mismo tiempo defendió el pago de la deuda con reservas y, en un audaz posicionamiento, les arrojó en la cara sus críticas por las tapas opositoras de los diarios argentinos. En ese momento se deformaron los rostros de los presentes en la cena de la Asociación de Criadores Pur Sang de La Recoleta, incluida la senadora cordobesa Norma Morandini, el jueves por la noche.
“Estamos obnubilados por la niebla. Estamos bien pero se habla de lo mal que estamos. No estamos como en los años 80 cuando teníamos un déficit fiscal de 12 puntos del PBI y con tasas de interés del 60 % en términos reales financiando la emisión del Banco Central, con 5 mil millones de reservas en lugar de 50 mil millones que hay ahora. La niebla política no nos deja ver como está el país”, comentó González Fraga, ex presidente del Banco Central en la década del 90.
A continuación y en un comentario que los editores jamás hubiesen esperado escuchar de su boca cuando lo invitaron, agregó que “la disputa por la Ley de Medios agrega enormemente a la confusión”.
“Para saber lo que pasa en el país hay que quitarle la primer página a los diarios porque la portada es, a veces, una selección de noticias para ver como se le pega al Gobierno”, reforzó ante el espeso silencio de los comensales que hundían sus miradas en el mantel.
Si para entonces a los editores argentinos se les había atragantado la cena, quedaba por escuchar una elegante filípica: “yo he leído noticias como: ‘Nos quedaremos sin plasmas a fin de año’, a cinco columnas en primera página. Eso es una exageración y pienso que eso les puede hacer perder credibilidad”.
González Fraga, recordó que “en una charla con extranjeros me decían que el país que describía la primera página de los diarios no tenía nada que ver con lo que se escribía en la página financiera porque cuando la bolsa había subido el 50% y las noticias eran todas pésimas”.
“Los entiendo porque están en una disputa por intereses, pero agrego que todo esto es parte de la niebla”, completó, mientras el auditorio digería el comentario e intercambiaba miradas nerviosas.
Un rato antes, había afirmado que “la Argentina enfrenta una buena oportunidad pero estamos obnubilados por la neblina” y aclaró que se refería a que “no lo queremos ver y creemos que estamos mal”.
“Yo creo que la Argentina está mucho mejor de lo que parece. Creo que es una niebla pasajera”, subrayó el disertante.
Los editores presentes celebraron en cambio que el orador les anunciara que “este gobierno no pasa del 2011” y que “Néstor Kirchner no convence a nadie para que invierta porque los empresarios están frenando la producción, aunque aumenta la demanda, para no incrementar el número de personas que trabajan y de esa manera evitan las presiones por aumentos salariales”. De paso, recomendó “controlar” a Hugo Moyano para evitar esas presiones salariales.
También sintonizó con sus oyentes cuando se refirió a los enfrentamientos políticos y aseguró que el “Gobierno agrede permanentemente e inventa enemigos donde no los hay” aunque a continuación remarcó que “la oposición hace lo mismo”.
El economista criticó “la oposición absurda que hicieron frente a la decisión de pagar la deuda con reservas”, porque consideró que eso es “lo más normal en todo el mundo” y recordó que cuando fue presidente del Banco Central, en 1989, “compramos 400 millones de dólares y usé 170 millones para pagar deudas con el FMI, pero de eso no salió ni una línea en los diarios”.
“Los grandes errores cometidos en la historia de nuestra economía fueron la convertibilidad, el corralito y la intervención del INDEC”, agregó González Fraga, respondiendo a uno de los temas que habían movilizado a los editores para invitarlo a la cena que comparten el último jueves de cada mes.
“El mundo está complicado pero Argentina está bien ubicada porque sus principales clientes, Brasil y China, están bien. Tenemos el enorme desafío de ser como Canadá porque Brasil será Estados Unidos en poco tiempo, ya que están dadas las condiciones y tiene vocación imperial”, pronosticó González Fraga .
El economista explicó que “Canadá le vende autos y productos con valor agregado a Estados Unidos y nosotros tendremos que hacer lo mismo con Brasil. Ustedes no verían nunca a Estados Unidos exportando soja en bruto, solo una vez lo hizo Cargill y le declararon un boicot durante seis meses”.
Como ejemplo recordó una conversación con el Gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, a quien le dijo: “Usted no tiene que estar orgulloso de los camiones de soja que salen hacia el puerto. Usted tiene que procurar que salgan pollos, lácteos y carnes”.
En cuanto a Norma Morandini, habitual invitada a las cenas de ADEPA y a los almuerzos de Mirtha Legrand, resultó sorprendente que asintiera con la cabeza y en silencio, cuando la octogenaria conductora sostuvo recientemente que para ella “que había vivido con los militares” este era el peor momento, que percibía en la gente “temor y miedo”. Luis Majul y Nelson Castro también acompañaron en silencio el diagnóstico de la octogenaria. Pero no tienen hermanos desaparecidos como Morandini, quien evidentemente comparte el “miedo” de la Legrand.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Gustavo Noriega: “Siempre quise ir a lo de Mirtha”
El lunes pasado fui por primera vez en mi vida a almorzar con Mirtha Legrand. Me tocó una mesa de payadores perseguidos: Luis Majul, la senadora Norma Morandini, Mónica Gutiérrez (a quien le habían aflojado las ruedas de su camioneta importada en el fin de semana anterior) y el Dr. Nelson Castro. Siempre quise ir a lo de Mirtha: cuarenta años en la tele y una carrera deslumbrante en la época del cine clásico la convierten en una persona que está más allá de la coyuntura. De hecho, la vez que subí junto a mis compañeros de Indomables a recibir un Martín Fierro, me desvié unos metros para darle un beso a ella, que estaba conduciendo el evento. La siento como la Reina Madre, alguien con quien uno no siempre está de acuerdo, ni siquiera necesariamente le tiene algún tipo de admiración, pero que evidentemente está en otro plano, más arriba. Me daba mucha curiosidad ir al programa y me alegró que me invitaran aunque sabía que lo habían hecho porque se les había caído otro invitado (Magdalena, creo). En fin, ahí estaba yo, haciendo publicidad al libro y mirando las cosas un poco de afuera.”Nota completa en: http://www.bonk.com.ar/tp/daily/1613/bitacora-de-un-libro-dia-31
jueves, 6 de mayo de 2010
Florencia Peña: “Clarín me puso en la lista negra”
Por Gerardo Yomal "Yo como actriz estoy enfrentada a un monopolio y es grave que yo esté en una lista negra".
"¡No les parece grave que yo como actriz no tenga hoy muchos medios donde hablar!”
“El otro día festejamos las cien funciones de la obra "Un dios salvaje", en el Paseo La Plaza y ningún medio del monopolio estaba”
“El grupo Clarín no me hace notas”
“A mí Tenembaum me invitó a su programa, después me dijo que no y les mandé tres mails y no me contestaron.”
“No conozco Olivos. Nunca estuve ahí. Yo no tengo relación directa con Cristina. Se dice muchas cosas por ahí para desmerecer mi ideología y lo que pienso. Se dice que yo trabajo para el Gobierno, que tengo algo con el Gobierno. Yo no tengo nada con el Gobierno. Lo que yo digo, lo digo porque tengo este pensamiento. Creo que ellos fueron los primeros sorprendidos con mis dichos.”
“Jaime es un corrupto, hay que juzgarlo. Pero que Jaime sea un corrupto no quiere decir que todos sean corruptos. Fue un corrupto, loco, hay que juzgarlo, es así. Por eso digo que no se puede defender todo. Yo no defiendo todo.”
En el mismo sentido Mirtha Legrand ya anunció que no la sentará más en su mesa de los mediodías.
La vendetta comienza a funcionar.
Me viene a la memoria que cuando comenzaba la democracia el senador Ricardo Laferriere propuso una ley de medios. Y la respuesta del oligopolio mediático fue borrarlo del mapa.
En este contexto Víctor Hugo Morales fue contundente: “El grupo te ningunea, te la cobran durante toda la vida. Florencia Peña la va a pagar toda la vida…Valoro su valentía.”
Para ver las declaraciones completas de Florencia entrá a http://www.perfil.com/contenidos/2010/05/04/noticia_0036.html
jueves, 29 de abril de 2010
Florencia Peña: “Mirtha decreta”
"Mirtha no me invita más", aseguró la actriz en una entrevista en el programa El Tren, en Radio Cooperativa. Para ella, la mala onda de la “Chiqui” nació cuando salió a opinar sobre temas de “seguridad” y a defender al Gobierno.
No olvidarse que se vino el “zurdaje”.
"Yo estuve en su programa muchas veces y no tendría problemas en sentarme nuevamente, aunque pensamos distinto, pero Mirtha tiene una manera de ser que es muy difícil. Ella decreta y cuando uno decreta es muy difícil el diálogo", sostuvo Florencia Peña.




