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lunes, 9 de enero de 2012

“MORALES SOLÁ ES UN EXPONENTE DE LA DERECHA GOLPISTA Y SIRVIENTE DE LA DICTADURA”

Definiciones de Bernardo Grinspun quien también apuntó contra Grondona y Bonelli
 "…Con la muerte de Balbín en septiembre de 1981, el MRyC y la Coordinadora ganaron posiciones en el partido, y los principales cuadros pasarían a la dirigencia partidaria primero (en rigor el traspaso había comenzado en el masivo congreso partidario de mayo de ese año, en Santa Fe) y al gobierno nacional después, tras el triunfo electoral de octubre de 1983 y la asunción de diciembre, que puso punto final a la dictadura iniciada en 1976. Grinspun tenía entonces 57 años y llegó a Economía sin dejar ninguna de sus convicciones en el umbral de Hipólito Irigoyen 250. Tampoco dejarían de defenderlas con pasión, y en ese sentido fueron antológicas sus peleas con algunos periodistas. A Bernardo Neustadt y Mariano Grondona los definió como “verdaderas cloacas”, lo que derivó en un juicio tras el cual Grinspun se retractó y los ofendidos se dieron por satisfechos. A Joaquín Morales Solá lo llamó “exponente de la derecha golpista y sirviente de la dictadura”. Y a Julio Ramos, “complaciente de la dictadura e impaciente con la democracia”. También tuvo fuertes roces con Marcelo Bonelli, Jesús Iglesias Rouco y hasta con el estadounidense Jack Anderson, a quien desmintió por “mentirosa” su afirmación de que hubiera tenido peleas verbales con el titular del FMI, Jacques de Larosière cuando negociaba con el organismo…".

Del libro El accidente Grinspun. Un ministro desobediente, de Néstor Restivo y Horacio Rovelli, Capital Intelectual, Colección Claves para Todos.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Miguel Bonasso: “…Joaquín Morales Solá, el columnista de La Nación que suele difundir con fidelidad el punto de vista de la embajada norteamericana…”*

*Del libro El Mal, el modelo K y la Barrick Gold, Editorial Planeta

lunes, 3 de octubre de 2011

JOAQUÍN MORALES SOLA: “CRISTINA VIVE EN UNA BURBUJA SALTANDO DE UN AVIÓN A UN HELICÓPTERO”


Cómo veía el columnista de La Nación a la presidenta
JMS definió a CFK como inteligente y talentosa, pero peligrosamente fuera de contacto con la realidad. Su discurso no se corresponde con lo que está sucediendo en la sociedad argentina, como el aumento de los precios que enfrentan los consumidores en las negocios. CFK se aferra obstinadamente a sus puntos de vista y posiciones del pasado, y le resulta muy difícil admitir cualquier error o aceptar otros puntos de vista. JMS sostuvo que parte del problema es que CFK ha vivido en una burbuja durante años, saltando de un helicóptero a un avión y sin tener que manejar el dinero de su familia. Como resultado, cuando los asesores le dicen que la inflación es un problema, hace caso omiso de la noticia, creyendo que sus asesores están excesivamente influenciados por los medios de comunicación contrarios al gobierno argentino.

Fuente: Cable de la embajada de Estados Unidos del 15 de agosto de 2008 citado por Santiago O´Donnell en su libro ArgenLeaks

jueves, 15 de septiembre de 2011

Cuando Morales Solá pronosticaba el “ocaso kirchnerista”


Y APOSTABA POR LA OPOSICIÓN “CIVILIZADA” Y “PACÍFICA”

LOS ANÁLISIS DEL PRINCIPAL COLUMNISTA DE LA NACIÓN
 “…El otro acto fue el de la reapertura del Teatro Colón, donde convivieron amablemente peronistas, radicales, socialistas y la centroderecha de Pro. Más allá de las personas que allí expresaban esas ideas, es probable que en ese estilo, civilizado y pacífico, se esté incubando el futuro no tan lejano de la Argentina. Un río social subterráneo parece crecer con fuerza bajo el suelo presuntamente seguro de los actuales gobernantes. Los argentinos que atestaron las calles de Buenos Aires preferían estar unidos antes que inexplicablemente divididos. Nunca se vio mejor que en esos contrastes entre el llano y la cima el irreversible ocaso del proyecto y del estilo kirchnerista…” (26 de mayo de 2010) 
Nota completa acá 

viernes, 20 de agosto de 2010

Indignarse con Nelson y lavar culpas con Pino

Clase “merda”

Por Rubén Levenberg

Aprobaron la asignación universal porque habían perdido la elección; lanzaron la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, pero antes habían prorrogado las concesiones a los operadores de TV; disputan la renta agraria excedente pero no se pelean con Telefónica; acuerdan una nueva ley de protección de glaciares pero almuerzan con la Barrick Gold. La lista de “peros” es infinita, casi tanto como las traiciones históricas de las clases medias a sus propios intereses.
Porque hoy la clase “merda” se regodea con las convocatorias golpistas de Grondona y Biolcati o con los pronósticos de muerte de Joaquín Morales Solá, se indigna con los razonamientos inconclusos de Nelson Castro o con las frases hechas, pero elegantes, de Magdalena Ruiz Guiñazú. A lo sumo, lava sus culpas aplaudiendo a Pino Solanas, porque de esa manera puede decir a amigos e hijos que al fin y al cabo votó “a la izquierda”. Aunque sabe que esa izquierda se siente más cerca del grupo A del Congreso y de los propietarios sojeros que de cualquier cuerpo de delegados. 
Pero mañana serán despojados igual que todo el mundo por los amigos de lo ajeno disfrazados de “nueva política”, de los gerentes ansiosos de llegar a un cargo para hacer negocios a lo grande, no como “esos politiqueros” que apenas rapiñan para salvarse ellos. Lástima que cuando se llega a tales situaciones, las cartas están sobre la mesa y ya no se puede volver atrás. Como en el ajedrez, pieza tocada, pieza jugada. ¿Alguna vez la clase “merda” dejará de tocar cualquier pieza porque lo dijo la tele?

sábado, 29 de mayo de 2010

¡Auxilio! Entre “la yegua”, Joaquín, Mirtha y el pobre Marx

Por Rubén Levenberg


Uno los ve venir, trata de eludirlos, pero no tiene la cintura de Nicolino Loche. Comienzan con un chiste que busca complicidad. O escuchan un relato sobre la importancia de no mezclar el agua caliente con la fría, o sobre la posición en la que debería jugar Messi en la selección. Del otro lado el cerebro está haciendo lo que en informática se llama “matcheo”, compara signos con los que están archivados en la base de datos para buscar una coincidencia y arrancar. Cuando aparece el “match”, comienzan con un comentario que tiene poco que ver: “si, a ver cuándo se va la mina esta” o “Messi juega mal en la selección porque desde que canal 7 le robó el fútbol a TyC está todo mal”. Uno pone cara de circunstancias y trata de esbozar un “aha, pero yo te decía que…”. No hay caso, el interlocutor no va a aceptar que haya alguien de clase media que no mire sus programas predilectos, que no insulte a la Presidenta y hasta que disfrute de sus discursos. No lo conciben y exigen que uno cambie, que se redima, como esos señores y señoras que los domingos tocan el timbre para explicar al pobre tipo que en lugar de tomar mate debería estar evangelizando a alguien para no ir al infierno.

El fenómeno es nuevo para quienes no vivieron el peronismo y sobre todo se experimenta en los sectores de clase media. Padres, hijos, hermanos, novios, esposos, amigos, colegas, vecinos, todos aquellos que comparten algún tipo de relación social sufren –o sufrimos- un síndrome de polarización política cuyo síntoma son las discusiones sin fin, o con fines no deseados. Algunos, por las dudas, dicen “yo no soy K, aunque lo de las AFJP me pareció bien”, pero no hay caso, el depredador se prendió a la víctima y no la va a soltar. Miente quien diga que no pasó por alguna de esas situaciones en las que se espera un insulto, o al menos un mea culpa, una auto-flagelación, de tal manera que algunas reuniones directamente se vuelven tediosas. Hay cierta necesidad de hablar mal de la Presidenta y del Gobierno y una reacción casi violenta cuando alguien se identifica como oficialista o como favorable a las medidas del Gobierno.

Después de dos años de vivir situaciones similares, la intuición, o el olfato profesional, comienzan a indicar que a pesar de la heterogeneidad de orígenes esas discusiones tienen un patrón común. Puestos a buscarlo entre peleas, desencuentros y otros problemas, finalmente surgen algunas hipótesis. Como toda clasificación, hay cierta arbitrariedad, pero vale la pena exponerlo para que en alguna carrera de Ciencias Sociales haya más temas para hacer tesis.

En la vida cotidiana uno se encuentra con críticas de orígenes diversos pero con un rasgo en común: La pretensión de universalidad y la imposición de reglas de juego unilaterales. Por un lado, al Gobierno lo critican los marxistas ortodoxos y los partidos y militantes de diversos grupos que se ubican a la izquierda de la izquierda del Gobierno. Allí es imposible discutir si las reglas son entre la propiedad colectiva de los medios de producción y de cambio y el peronismo en el poder. ¿Cómo explicarle a un teórico que tiene un sistema perfecto en su bolsillo izquierdo que los gobiernos son heterogéneos, que los fenómenos sociales y económicos son mucho más complejos que la simplificación que se ha hecho del pobre Carlos Marx? Imposible. Allí cabe otro consejo: Jamás se le ocurra recordar las amistades de unos de los grupos más fuertes con la Sociedad Rural ni al otro su defensa incondicional de los grupos mediáticos. Mejor cruzar la calle y hablar de otra cosa, si no es un pariente al que se le deba al menos un saludo amable.

Por el otro lado, los conservadores y neoliberales también tienen su manual. Es imposible defender frente a ellos a un Gobierno que tiene algún rasgo ligeramente defensor del rol del Estado en la economía, que termina con el robo de las AFJP, que renacionaliza empresas clave y que decide abrazarse con las Madres de Plaza de Mayo más que con algún militar desubicado. Ni siquiera se conforman con el veto por la conservación de los glaciares. Nada los conforma, como a ciertas empresas y ciertos países.

Finalmente hay un tercer grupo, que lo dejamos para el final porque es el más numeroso, el más difuso y tal vez el más complicado para los tercos que se resisten a la armonía familiar, social o de otros grupos. Son los temibles críticos que apuntan con el sentido común, tal vez el peor de los sentidos, por usar un lugar común. La pretensión es que ciertos fragmentos de su experiencia personal y sus charlas con el grupo social y los medios de comunicación se conviertan en leyes universales. Todo se generaliza. Sus fuentes son los programas de TV, algunas columnas de periodistas “prestigiosos”, los inefables taxistas y el vecino del 4º piso que se quedó sin trabajo. Como sus pensamientos son universales, obligan a que del otro lado también los argumentos estén dentro de sus reglas de juego. Todo intento por escapar será vano, cualquier intercambio será imposible.

Son tres categorías arbitrarias entre las cuales hay millones de opciones más o menos grises. En todos los casos, la pretensión de universalidad, el pensamiento totalizante y global convierten al crítico en un ansioso que circula por la vida a la búsqueda de una víctima que ose no insultar al Gobierno o que haya cometido el pecado de aceptar que algunas cosas están bien hechas, aunque Leuco, Castro, Morales Solá, Mirtha Legrand o el taxista ocasional digan lo contrario. El castigo será implacable y la víctima en cuestión tendrá que hacer como Melquiades y huir con elegancia.

domingo, 2 de mayo de 2010

Morales Solá: “una madre no debería ser detenida sólo por serlo”.

Por Hugo Presman

DETENCIÓN DE ERNESTINA

Diciembre del 2002. Mientras se realizaba la entrega de los premios Clarín, en el teatro Colón, la dueña de una de las fortunas más grandes del país permaneció detenida durante casi tres días en una pequeña pieza de Cavia 3350 por orden del juez Roberto Marquevich, lo que luego le costó su cargo. Tal vez, en esa situación impensable, recordó Ernestina cuando era una bailarina de danzas españolas de El Tronío, cerca del Bajo y sobre la calle Corrientes, y la apodaban La Marinerita, cuando conoció al dueño de Clarín. En 1950 tenía apenas 25 años. Noble casi la duplicaba en edad, con sus 48 años. El encuentro fue importante para Ernestina. Fue contratada para trabajar como cajera en las oficinas de Clarín en la calle Corrientes.

Fue un largo y trabajoso camino llegar a ser esposa de Noble y luego directora y principal accionista del diario. Pero en esa situación difícil cercana a la Navidad del 2002 había especialmente un periodista que la iba a comprender a pesar que ya no trabajaba en el diario. Joaquín Morales Solá, designado en una encuesta poco transparente el mejor periodista del 2009, según la revista Noticias, escribió desde La Nación el 19-12-2002: “Una noche fría de ese tiempo ingrato, la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, nos sorprendió con el relato de la adopción de sus hijos. Había también lágrimas, muchas lágrimas, en sus ojos, pero correspondían a las emociones que despierta la alegría. (…) Más de 25 años después, la señora de Noble sigue llorando por esos hijos. Su detención dispara una primera injusticia: una madre no debería ser detenida sólo por serlo”.

Según José Ignacio López en su libro El hombre de Clarín. Vida pública y privada de Héctor Magnetto, éste le comentó: “Con la detención de Ernestina lo que se persiguió en realidad fue atacar los resortes básicos de Clarín, como la credibilidad y el compromiso con los derechos humanos”

(Del artículo ADOPCIONES POCO NOBLES, versión completa en presmanhugo.blogspot.com/)