EL DIRIGENTE DEL PO ACUSA A FEINMANN DE SER UN “JUDENRAT”
Debate en torno al asesinato de Mariano Ferreyra y las responsabilidades políticas del oficialismo
Opinión
Por Jorge Altamira*El domingo 24/4 nos enteramos, por una nota en La Nación, de que José Pablo Feinmann repite en un “libro” que “Altamira tiene que cargar con el cadáver de Ferreyra, al cual mandó a cortar vías contra gente armada”.
Hay muchos militantes o intelectuales que se indignan ante esta insistencia en la calumnia, pero de lo que se trata es de caracterizarla. Es simple: el crimen de la burocracia de Pedraza pesa como un inmenso adoquín sobre las pretensiones progresistas de los K, y desnuda su necesidad de preservar la complicidad de la burocracia y la regimentación que ésta ejerce en el movimiento obrero. Mariano Ferreyra se yergue acusador contra el maridaje repodrido con la tercerización, con la gestión corrupta del ferrocarril, contra la tercerización de la represión a cargo de patotas reclutadas por la burocracia sindical. Mariano Ferreyra es la denuncia de una gigantesca impostura. El Partido Obrero es calumniado porque ha ido a la caza de los asesinos materiales, sociales y políticos de Mariano Ferreyra con todos los instrumentos de un programa revolucionario. No basta escupir a los Feinmann, hay que entender la infección que genera estas supuraciones.
Feinmann está embarcado en un emprendimiento macartista. Escribas como Feinmann adolecen de memoria –¿no fue acaso la propia dictadura militar la que en forma reiterada responsabilizó a Madres y a Familiares de Desaparecidos de haber mandado a la muerte a treinta mil luchadores argentinos por la educación o formación que recibieron en sus hogares? ¿Los secuestros de bebés en cautiverio no fueron justificados, acaso, con el argumento de evitar que tuvieran una educación subversiva y un destino similar al de sus padres? El ataque de Feinmann al Partido Obrero y a Altamira es el de un desecho intelectual. Feinmann escribe todo eso a sabiendas de que las patotas oficialistas de la burocracia asuelan el territorio nacional en Neuquén, en Santa Cruz, en el Hospital Francés, contra los huelguistas del Casino de Puerto Madero. ¿O cuando el kirchnerista Varizat atropelló a los docentes en una 4x4 en Río Gallegos tenía previsto herir sin matar? ¿Quién mandó a Carlos Fuentealba a la muerte? ¿No había advertido Sobisch que no permitiría ninguna perturbación ese fin de semana largo? ¿Quién mandó a los qom a ser asesinados por la policía de un kirchnerista precursor, el gobernador Insfrán? Feinmann sabe muy bien que los políticos del kirchnerismo reclutan punteros entre los barrabravas, como bien lo documenta Diego Rojas en su libro, donde incluye, entre ellos, al violento Carlos Kunkel. Es por eso que el asesino Favale aparece retratado junto al ministro Boudou en un una festichola, y también con la 6, 7, 8 Sandra Russo.
Este 20 de abril se cumplió el sexto mes del asesinato de Mariano, pero también (entre el 19 y el 23) el 68 aniversario del levantamiento del gueto de Varsovia. Un levantamiento contra toda esperanza, que no buscaba la victoria sino la muerte digna; de un lado un puñado de judíos valientes, del otro los nazis. Entre los sublevados no había, por supuesto, ningún Feinmann. Pero sí los había en el gueto: eran las autoridades judías que colaboraban con los nazis y hacían las veces de informantes o carceleros de su propio pueblo