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jueves, 2 de junio de 2011

José Pablo Feinmann se despacha contra Pino Solanas

"ES INSOSTENIBLE SU ODIO A ESTE GOBIERNO"


Imagen: Sandra Cartasso
(Feinmann) Llego a la Casa Rosada. En menos de un minuto estoy en el despacho de Miguel Núñez, el vocero. Tiene un enorme cuadro del Flaco en su momento menos fotogénico. Con la herida de la frente, todo despeinado, el ojo más a la deriva que nunca y muerto de risa. Al rato aparecen Mona Moncalvillo y Pino Solanas. También otro tipo.
(...) Pino me saludó como yo a él: con seca, medida cortesía. Cuando se estrenó Eva Perón, en 1996 (...) Pino dijo un montón de frases iracundas sobre la película, todas dirigidas a mí, porque yo era el guionista y –era evidente- el responsable ideológico del film. Lo enfurecía el tratamiento que le había dado al “General Perón”. Todos los que conocieron a Perón le dicen “el General”. Yo no contesté. Que se sacara el gusto.
(...) Supongo que esas cosas -que no pude ni quise dejar de decir sobre Perón en esa película- enojaron a Pino. Asi es la vida. También creo que lo que fue a buscar ese día a la Rosada ni la sombra de un escarbadientes le debe haber visto. Porque uno, que conoce a la gente, no se engaña: si él, Pino, estaba ahí ese día, como estuvo, muy al principio, con Menem pidiéndole las Galerías Pacífico, que le birló Julio Bárbaro y al final se las metió en su inagotable bolsillo el ex Tigre de los Llanos y ahora cachorro de las corporaciones, era por algo.
Por algo que, como muchos (como muchos periodistas de alto nivel de divismo y ambiciones tan sobredimensionadas que hasta suelen acabar en el patetismo o el ridículo), no consiguió. De ahí su odio insostenible por un Gobierno que estaba pintado, diseñado para él, para su historia más autentica. Siempre me tendrá bronca por el modo en que pinté a “su” general en ese film. A mí, hoy, mucho más me enojan las cosas que él hace. Y no se trata de una película. Se trata de una coyuntura histórica en que –si se pierde- se vienen otra vez los del ’55: la Sociedad Rural, el diario La Nación, las grandes corporaciones, todo el garquerío nacional con la clase media a remolque y los tacheros y Radio 10 y todo el aparataje mediático, y los nuevos Américo Ghioldi, Alfredo Palacios (que luego algo mejoró), Rodolfo Ghioldi, Victoria Ocampo (aunque, la de hoy, meritoriamente, intente comprendernos), los periodistas lameculos de las corporaciones y Pino Solanas, único, napoleónico, al que le van a dar un patadón espectacular, no sin antes agradecerle los servicios prestados. Pino Solanas no es un mal tipo. Sólo tiene un problema: él. Si lo vence, gana. Si gana, va a sumar donde hay que sumar”.
Del libro El Flaco, Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner, Planeta.

lunes, 9 de mayo de 2011

Kirchner le pide a Feinmann que ponga los pies sobre la Tierra


“A veces sos un intelectual brillante y otras muy opaco”
EL CORREO QUE LE MANDÓ EL EXPRESIDENTE AL ENSAYISTA EN JUNIO DE 2006*
Hay veces que me decepcionás y otras que no. Los dos tenemos una historia anterior. Cada uno de nosotros sabe cuál es.
Cuando decís que no hemos resuelto la exclusión social sos injusto y cómodo a la vez.

Hemos bajado casi 30 puntos la pobreza, hemos llevado la indigencia a menos de la mitad, y la desocupación ha bajado entre 12 y 14 puntos. Se redujo considerablemente la mortalidad infantil y la deserción escolar.
Triplicamos la jubilación dando ocho aumentos y, por primera vez después de catorce años, otorgamos una suba general para todos los jubilados. Así achicamos la brecha entre los más ricos y los más pobres.

Aumentó el ingreso per cápita y el salario mínimo, vital y móvil se triplicó luego de diez años de estar estancado en la misma cifra.

Hacía cien años que Argentina no tenía una expansión de su economía como la que está viviendo.

No sé si pensar que tus declaraciones son el producto de una noche de insomnio o es esa tendencia de algunos que se dibujan intelectuales y se creen superiores, diferentes a los demás y hasta más inteligentes que el común de los mortales. Pero, y disculpame que recurra a una frase peronista, la única verdad es la realidad.

En tus opiniones también menospreciás la victoria del pueblo de la provincia de Buenos Aires sobre el aparato duhaldista y confundís el voto popular con movimientos de aparatos.

Cuando te quejás de la CGT no podés reconocer que, nos guste o no, son ellos los que hoy representan a los trabajadores.

También caés en el reduccionismo político de equiparar a la CGT con Barrionuevo. Sería como equiparar a los empresarios con Martínez de Hoz.

Dentro del marco de esa realidad que nos toca vivir es que conseguimos una quita histórica de la deuda externa y cancelamos toda nuestra deuda con el Fondo, a pesar de lo cual, seguimos acumulando reservas. Esto, además, nos ha dado un nuevo marco de relacionamiento internacional y de autonomía en las decisiones.

José Pablo, yo no soy Mandrake el Mago. Soy apenas un ser humano que asumió la presidencia de la Nación con el menor porcentaje de votos de la historia argentina, 22 por ciento, y en el momento más difícil de nuestra historia reciente.

Acierto y me equivoco como cualquier ser humano. Vos sos una buena persona. No te voy a quitar méritos. A veces sos un intelectual brillante y otras veces opaco. Pero no olvides que también fuiste un militante político y como tal merecés un análisis más profundo y piadoso, pero siempre con los pies en la tierra.

Ser intelectual no significa mostrarse diferente, tal como ser valiente no implica mirar a los demás desde la cima de la montaña.

Mi compromiso es el de siempre: gobernar, trabajar y administrar. Creo firmemente en mis convicciones y trato de llevarlas adelante con todas mis fuerzas, en el marco de la realidad que nos toca vivir. Los problemas de los argentinos no se resuelven a vendavales, sino gestionando todos los días.

Por eso creo que vos y yo no pensamos tan diferente, sino que tenés miedo. Miedo de que te confundan, porque creés que la individualidad te va a preservar. Pero no te olvides que pertenecemos a una generación que siempre creyó en las construcciones colectivas. La individualidad te pondrá en el firmamento pero sólo la construcción colectiva nos reivindicará frente a la historia. Al fin y al cabo todos somos pasantes de la historia.

Por último, quiero decirte que no hay nada más lindo que comerse unos fideos con la vieja el domingo y por la tarde gritar un gol de Racing, por lo menos, para este humilde argentino.

Atentamente,

Néstor Kirchner.

Del libro El Flaco, diálogos irreverentes con Néstor Kirchner, editorial Planeta

lunes, 2 de mayo de 2011

“ALTAMIRA TIENE QUE CARGAR CON EL CADÁVER DE FERREYRA”


EL DIRIGENTE DEL PO ACUSA A FEINMANN DE SER UN “JUDENRAT”
Debate en torno al asesinato de Mariano Ferreyra y las responsabilidades políticas del oficialismo
Opinión
Por Jorge Altamira*
El domingo 24/4 nos enteramos, por una nota en La Nación, de que José Pablo Feinmann repite en un “libro” que “Altamira tiene que cargar con el cadáver de Ferreyra, al cual mandó a cortar vías contra gente armada”. 
Hay muchos militantes o intelectuales que se indignan ante esta insistencia en la calumnia, pero de lo que se trata es de caracterizarla. Es simple: el crimen de la burocracia de Pedraza pesa como un inmenso adoquín sobre las pretensiones progresistas de los K, y desnuda su necesidad de preservar la complicidad de la burocracia y la regimentación que ésta ejerce en el movimiento obrero. Mariano Ferreyra se yergue acusador contra el maridaje repodrido con la tercerización, con la gestión corrupta del ferrocarril, contra la tercerización de la represión a cargo de patotas reclutadas por la burocracia sindical. Mariano Ferreyra es la denuncia de una gigantesca impostura. El Partido Obrero es calumniado porque ha ido a la caza de los asesinos materiales, sociales y políticos de Mariano Ferreyra con todos los instrumentos de un programa revolucionario. No basta escupir a los Feinmann, hay que entender la infección que genera estas supuraciones.
Feinmann está embarcado en un emprendimiento macartista. Escribas como Feinmann adolecen de memoria –¿no fue acaso la propia dictadura militar la que en forma reiterada responsabilizó a Madres y a Familiares de Desaparecidos de haber mandado a la muerte a treinta mil luchadores argentinos por la educación o formación que recibieron en sus hogares? ¿Los secuestros de bebés en cautiverio no fueron justificados, acaso, con el argumento de evitar que tuvieran una educación subversiva y un destino similar al de sus padres? El ataque de Feinmann al Partido Obrero y a Altamira es el de un desecho intelectual. Feinmann escribe todo eso a sabiendas de que las patotas oficialistas de la burocracia asuelan el territorio nacional en Neuquén, en Santa Cruz, en el Hospital Francés, contra los huelguistas del Casino de Puerto Madero. ¿O cuando el kirchnerista Varizat atropelló a los docentes en una 4x4 en Río Gallegos tenía previsto herir sin matar? ¿Quién mandó a Carlos Fuentealba a la muerte? ¿No había advertido Sobisch que no permitiría ninguna perturbación ese fin de semana largo? ¿Quién mandó a los qom a ser asesinados por la policía de un kirchnerista precursor, el gobernador Insfrán? Feinmann sabe muy bien que los políticos del kirchnerismo reclutan punteros entre los barrabravas, como bien lo documenta Diego Rojas en su libro, donde incluye, entre ellos, al violento Carlos Kunkel. Es por eso que el asesino Favale aparece retratado junto al ministro Boudou en un una festichola, y también con la 6, 7, 8 Sandra Russo.
Este 20 de abril se cumplió el sexto mes del asesinato de Mariano, pero también (entre el 19 y el 23) el 68 aniversario del levantamiento del gueto de Varsovia. Un levantamiento contra toda esperanza, que no buscaba la victoria sino la muerte digna; de un lado un puñado de judíos valientes, del otro los nazis. Entre los sublevados no había, por supuesto, ningún Feinmann. Pero sí los había en el gueto: eran las autoridades judías que colaboraban con los nazis y hacían las veces de informantes o carceleros de su propio pueblo

Kirchner: “Si no destruyo a Duhalde, Duhalde me destruye a mí”


DEBATE A RAÍZ DE “EL FLACO”, EL ÚLTIMO LIBRO DE FEINMANN. LA ÉTICA EN ESTADO PURO Y LA POLÍTICA EN CONCRETO. LA OPINIÓN DE FERNÁNDEZ DÍAZ
Debates
Por Franco Spinetta
Hace dos domingos, el excelente periodista Jorge Fernández Díaz le dedicó un artículo en la página dos del diario La Nación al último libro de José Pablo Feinmann, El Flaco. La crítica serpentea entre el elogio, la envidia y la intención de mostrar que -en realidad- el filósofo fue víctima de su inconsciente: “Feinmann escribe El Flaco para exaltar a Kirchner sin entender que en verdad lo está criticando. El inconsciente de los grandes escritores suele actuar de manera ingobernable: labra bajo la superficie un segundo libro inesperado y más verdadero”.
 Luego describe dos anécdotas que seguramente irritaron al lector medio del diario más conservador de la Argentina. En una, Kirchner está junto a Alberto Fernández organizando el armado territorial hasta que llegan a un distrito donde no tienen a ningún dirigente. Dice Fernández Díaz: “Néstor ya ha pronunciado su credo: la política es no hacerle asco a nada. Pone un dedo en una localidad y pregunta qué candidato tienen. El jefe de Gabinete le dice "nadie". Luego le menciona cuatro o cinco nombres de otros partidos. Ninguno es decente. Se preguntan entonces quién es el más barato. Resulta ser un dirigente de Luis Patti, a quien apoyarán. "Esto es política -señala al final el ex Presidente -. ¿Cómo se lo explico a los progres?".
 En la otra, se despacha: “Todo empieza cuando el jefe del Estado lo llama por teléfono para anunciarle que al día siguiente hablará ante las Naciones Unidas: "Y voy a estar muy duro". Parece que se viene un anuncio que hará temblar a los imperios, pero resulta que sólo se trata de decir que "somos hijos de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo". Aunque a los imperios no les mueve un pelo, a Feinmann lo impresiona vivamente: "Me quedé frío. Como si, en efecto, me hubiera muerto ese día". Después se encuentra con otros pensadores: todos parecen extasiados con la "osadía" de Kirchner. Le adjudican una importancia política gigantesca a su anuncio y revelan así, sin querer, la tremenda orfandad que tenían los intelectuales de izquierda hasta la llegada del kirchnerismo”.
 Al finalizar el texto, Fernández Díaz dice que Feinamann “logra que los kirchneristas lo lean como una obra de reafirmación doctrinaria y los antikirchneristas, como un manual de lo que no se debe. Logra, en definitiva, una obra imperdible de estos tiempos”.
 Acabo de terminar de leer “El Flaco”. No sé si el periodista del diario La Nación leyó todo el libro o si leyó sólo los adelantos o algún amigo del diario le contó lo que “dicen que dice Feinmann en ese libro”. Con magistral gambeta, Díaz hizo una crítica para quedar bien con Dios y el Diablo, con Escribano y con Kirchner (o viceversa). Cualquiera que lea el excelente e imperdible texto de José Pablo Feinmann verá que allí no hay inconsciente, más bien hay dolor y alegría a flor de piel y sobre todo una crítica feroz al aparato peronista (y también a los Montoneros y la izquierda, pero esa es otra cuestión). La tensión del libro, justamente, reside en los intentos de Feinmann por convencer a Kirchner de que no coopte el aparato, que se dice duhaldista. “Si copás el aparato, el aparato sos vos, dejás de ser Kirchner y pasás a ser Duhalde”, le dice. “Si no destruyo a Duhalde, Duhalde me destruye a mí”, contesta Néstor.