LA GUERRA DE LOS CABLES SEGÚN PASAN LOS AÑOS / POR QUÉ ES NECESARIA LA APLICACIÓN DE LA LEY DE MEDIOS / ¿Y LAS NECESIDADES DE LOS ABONADOS?
Por Alejo Lemiña
Así como en la actualidad no ponen en sus grillas las señales Telesur, CN23, a pesar de que la ley así lo dispone, Cablevisión y Multicanal desde el 1º de agosto al 18 de diciembre de 1999 hizo lo mismo con Canal 26.
“Un día agitado que sólo prenuncia una semana con el mismo nivel de preocupación se vivió ayer en Canal 26 debido al repentino levantamiento de la señal en Cablevisión y en Multicanal. Anteayer, los abonados de ambos sistemas de cable fueron sorprendidos por el abrupto cambio: en el lugar de Canal 26, Multicanal emite la señal CBS Telenoticias, mientras que Cablevisión eligió CNN en español, que, de esta manera, aparece dos veces en su grilla de programación.” Así indicaba el primer párrafo de una nota publicada en el diario La Nación del día 3 de agosto de 1999 titulada “Canal 26 se quedó sin aire” y cuyo copete decía “Final abrupto: desde anteayer, Cablevisión y Multicanal no tienen más en su grilla la señal de noticias de Alberto Pierri.”
En la misma nota de la periodista Miriam Molero se conjeturaba: “Nadie lo confiesa en voz alta, pero ayer se hizo fuerte la versión que indica que el abrupto levantamiento de Canal 26 de ambos operadores de cable sería una represalia contra la expansión de Telecentro como cableoperador en el ámbito de la Capital Federal.” en un subtítulo titulado “Represalia”.
Al final, la responsable de la nota hacía una aclaración: “No existiría un contrato (…) ya que los acuerdos habrían sido siempre de palabra. Pero aún si Cablevisión y Multicanal quedasen así liberados de cualquier obligación legal, por otro lado deberían pesar las necesidades del abonado, ya que Canal 26 es el tercero en audiencia entre las señales de noticias.”
El sábado 18 de diciembre de 1999, tras cinco meses de estar fuera del aire, Canal 26 volvió a aparecer en la grilla pero en distintas condiciones. La noticia titulada “En silencio, volvió Canal 26”, publicada también en diario La Nación, aclaraba: “Antes del conflicto, por pedido del diputado Alberto Pierri -dueño de la señal y, además, de la revista La Posta, FM Energy y la empresa de cable Telecentro- Canal 26 ocupaba la frecuencia 13 en Cablevisión y la 45 en Multicanal. Ahora los privilegios parecen haberse terminado: la señal fue ubicada en el Canal 58 de Cablevisión y el 66 de Multicanal.”
La nota empezaba diciendo que “En forma abrupta y sin anuncios, la señal de noticias Canal 26 sorprendió a los televidentes con su regreso inesperado a Cablevisión y Multicanal, las operadoras de cable que lo sacaron de pantalla en julio último.”
La razón por la que volvió fue que a finales de agosto (el mismo mes en que se sacó de las grillas) el juez Raúl Alí, del Juzgado de Garantías Nº 2 de La Matanza, dijo que “el levantamiento de la señal lesiona la libertad de expresión, la libre información en un ambiente de libre competencia y la libre elección de los consumidores”, y por ello “resolvió que se restableciera la señal inmediatamente por el sistema de antena comunitaria en los dos grandes operadores de MSO” según explicaba el diario La Nación.
El titular de la Autoridad Federal de Aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), Gabriel Mariotto, dispuso en agosto del año pasado que desde el 1 de octubre de 2010 debían reacomodar la grilla e incluir las señales de noticias Telesur y CN23. La Ley de Medios Audiovisuales está en vigencia y sustentada por la Corte Suprema de Justicia inclusive para Cablevisión y Multicanal. Seis meses después, todavía no cumplieron con la disposición legal.
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miércoles, 30 de marzo de 2011
La libertad de expresión según Cablevisión y Multicanal
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jueves, 3 de marzo de 2011
“Por un cargo son capaces de matar a la madre”
Por Rubén Levenberg
PERIODISTAS MÁS PAPISTAS QUE EL PAPA
![]() |
| "El G.H". Gráfica de Matías De Brasi (http://debrasi.blogspot.com) |
Desde que comenzó el enfrentamiento entre el kirchnerismo y buena parte de las empresas multimediáticas, una de las preguntas que se formulan quienes observan algunas conductas personales es cómo se llega a cambiar 180 grados de opinión sobre casi todos los temas de actualidad. Periodistas que tenían determinadas ideas y que eran conocidos en el mundo profesional por defenderlas con convicción, repentinamente giran y se convierten en defensores de cualquier cosa. El único objetivo parece ser disparar palabras y adjetivos contra un Gobierno.
Quienes tienen la oportunidad de vivir el clima desde adentro de los medios han comenzado a filtrar algunas observaciones que, naturalmente, no pueden tener nombre y apellido. Algunos se quejan de que tienen compañeros más papistas que el Papa, que se desesperan por firmar cualquier cosa y por mostrarse como alfiles de algún empresario que, dicho sea de paso, ni los conoce ni tiene interés en sus opiniones. “Acá hay tipos que por un cargo son capaces de matar a la madre. Nadie les pide que digan lo que dicen, nadie tiene interés en ellos, pero se desesperan por poner el rostro”, dice un colega mientras mira a un lado y a otro para que nadie lo escuche.
La encuesta que Ibarómetro realizó días atrás con 2000 periodistas de diferentes medios y tendencias parece coincidir con la visión de los que tienen que navegar todos los días en el ambiente estresante y agotador de los medios. El 73 por ciento se manifestó a favor de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales y el 80 por ciento consideró que en la Argentina se respeta la libertad de expresión.
Si el 73 por ciento de los periodistas escribieran en coherencia con sus ideas acerca de la norma que reemplazó al decreto ley de radiodifusión de la última dictadura militar, seguramente la imagen sobre lo que se piensa no sería lo que parece. Si el 80 por ciento dijera lo que piensa sobre la libertad que tienen para expresarse, seguramente no escribirían lo que escriben. Por algo, la misma encuesta refleja que la mayoría de los colegas considera que el periodismo argentino es “mediocre e ideologizado”.
La pereza mental que impide pensar e investigar, la necesidad de adular al jefe para ganar algún puesto o algún aumento de sueldo –muchas veces sin que el Papa se los pida o se entere siquiera que existen- conviven con el estrés de muchos que tienen que callar para que no los señalen, para que no los denuncien, para que no los marginen. ¿Quiénes? Los mismos que caminan por los pasillos del periodismo con la mira puesta en el dinero y en el poder y no precisamente en el poder de informar.
Quienes tienen la oportunidad de vivir el clima desde adentro de los medios han comenzado a filtrar algunas observaciones que, naturalmente, no pueden tener nombre y apellido. Algunos se quejan de que tienen compañeros más papistas que el Papa, que se desesperan por firmar cualquier cosa y por mostrarse como alfiles de algún empresario que, dicho sea de paso, ni los conoce ni tiene interés en sus opiniones. “Acá hay tipos que por un cargo son capaces de matar a la madre. Nadie les pide que digan lo que dicen, nadie tiene interés en ellos, pero se desesperan por poner el rostro”, dice un colega mientras mira a un lado y a otro para que nadie lo escuche.
La encuesta que Ibarómetro realizó días atrás con 2000 periodistas de diferentes medios y tendencias parece coincidir con la visión de los que tienen que navegar todos los días en el ambiente estresante y agotador de los medios. El 73 por ciento se manifestó a favor de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales y el 80 por ciento consideró que en la Argentina se respeta la libertad de expresión.
Si el 73 por ciento de los periodistas escribieran en coherencia con sus ideas acerca de la norma que reemplazó al decreto ley de radiodifusión de la última dictadura militar, seguramente la imagen sobre lo que se piensa no sería lo que parece. Si el 80 por ciento dijera lo que piensa sobre la libertad que tienen para expresarse, seguramente no escribirían lo que escriben. Por algo, la misma encuesta refleja que la mayoría de los colegas considera que el periodismo argentino es “mediocre e ideologizado”.
La pereza mental que impide pensar e investigar, la necesidad de adular al jefe para ganar algún puesto o algún aumento de sueldo –muchas veces sin que el Papa se los pida o se entere siquiera que existen- conviven con el estrés de muchos que tienen que callar para que no los señalen, para que no los denuncien, para que no los marginen. ¿Quiénes? Los mismos que caminan por los pasillos del periodismo con la mira puesta en el dinero y en el poder y no precisamente en el poder de informar.
viernes, 11 de febrero de 2011
Para el diario La Nación es un “grotesco”
En algunos casos parecía que se estaba condenado a ver publicidad más algo de programación. El televidente podía quedar confundido y agobiado frente a la catarata de segundos de avisos comerciales e institucionales de las empresas periodísticas .En este contexto simplemente una placa anunciando que viene o finaliza la publicidad molesta al diario La Nación, según lo expresa en el editorial de hoy.
“Se ha llegado al grotesco de obligar a las emisoras de TV a poner placas para identificar los segmentos de avisos publicitarios, suponiendo en un rapto de paternalismo que la audiencia no puede diferenciar un anuncio publicitario de un programa.”
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miércoles, 9 de febrero de 2011
Florencia Peña: “Y si pueden `matarte´, te `matan´”
SOY PERSONA NO GRATA PARA CLARÍN
–¿Qué otros resortes disparó la ley de Medios?
–Obviamente, estar así plantada me enfrentó más con cierto periodismo, pero me abrió a otro periodismo que por ahí me veía en un lugar más trivial, más frívolo, menos comprometido. Para mí es alentador que una mina como Sandra Russo tenga de mí una visión interesante, porque es una periodista a la que admiro, igual que a Orlando Barone y Víctor Hugo Morales. Me encanta que esa gente adhiera a este modelo y que estén teniendo una militancia desde el periodismo, porque a ellos también se les cierran puertas. Por otro lado, soy una actriz expresando lo que pienso y así es difícil que el Trece me llame. ¿Cómo hace Clarín para sostenerme en sus diarios, hablando bien de mi laburo, si en realidad lo que tiene es un odio encarnizado porque estoy denunciándolos? Es un poco lo que le pasa a Andrea del Boca, y así es difícil convivir. Pero justamente por eso no está bueno que un diario sea el dueño de un canal, de un proveedor de cable. Porque entonces la revista del cable no te nombra, en la revista Viva del domingo no existís y tu trabajo no se promueve porque en esos medios sos «persona no grata». Y si pueden «matarte», te «matan». Y si pueden no darte trabajo, también. Por otro lado, lo que se instala es: «Ojo, mirá lo que le pasa a Florencia Peña: no trabaja». Nada de eso, porque tengo mucho laburo. Está bien, lo tengo porque soy una actriz difícil de callar, primero por mi temperamento y, después, porque tengo una carrera de 30 años.(Revista Acción)
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miércoles, 6 de octubre de 2010
El fallo es pésimo para el gobierno y para los que militamos la ley
LA CORTE HACE POLÍTICA / QUÉ NO SE HIZO / MÁS RIQUELME Y MENOS TEVEZ / VENTANAS CERRADAS
Por Pablo Caruso
La discusión sobre el fallo de la corte por la ley de medios aún por estas horas sigue girando alrededor de lo positivo o lo negativo. La valoración es notablemente opuesta según la adscripción política de la fuente. Alguien incluso publicó sobre vasos medio llenos o medio vacíos, como para encontrar cierta mesura. Otra oportunidad perdida para ejercer subjetividad periodística con honestidad intelectual.
Para este periodista, que leyó atentamente el fallo y consultó especialistas varios, el dictamen de la corte es jurídicamente razonable, pero malo, pésimo, tanto para el gobierno como para la ley, y por ende para los que militamos una comunicación democrática. Casi no hay motivos para una mueca de satisfacción. Sólo lo permite el hecho de que pudo haber sido mucho peor.
La segunda reflexión, no trabajada por ahora en general, es que la Corte Suprema de Justicia hizo política una vez más. Y no es crítica, simplemente realidad para tener en cuenta a la hora de objetar la potestad del pueblo de peticionar y presionar sobre sus propias instituciones.
Más allá de las lecturas oficiales sobre la ratificación de la vigencia de la ley, que nunca estuvo en discusión en este proceso particular, no hay chances de ver una ventanita abierta, como otros analistas sugirieron. La discusión de fondo del tema, es decir la aplicación del artículo de desinversión, queda para ser resuelta después de las presidenciales del 2011. No hay tiempos para que la posición dominante de Clarín cese antes de ese momento, con lo cual la solución será de acuerdo a la coyuntura política. Coyuntura política que estará construida en gran parte y como siempre por este mismo actor privilegiado. Ahí es donde perdemos todos, porque la oposición pusilánime que supimos conseguir tendrá una usina nuclear para la invención de algún candidato con posibilidades reales. Sin los fierros de Clarín, es más difícil vender gato por liebre.
Pero ese no es un argumento válido para demostrar gravedad institucional, que es lo que la corte necesitaba para sacar de la cancha la cautelar. Habría que ver responsabilidades de los abogados del Estado en este punto, pero dicen los expertos en el tema que no es cosa fácil. Sí se podría haber actuado en función de un desenlace previsto, y articular inteligencias para que mientras el expediente estaba en la corte, no se detuviera el trabajo del juzgado de primera instancia, encargado de definir el fondo del asunto. Parece que bastaba una fotocopia. Varias veces opinamos que estos tiempos de alto vuelo y enfrentamiento político necesitan madurez y profesionalismo institucional. El estilo impulsivo, verborrágico y desaforado no suele tener esas virtudes. Aquí prefiero más Riquelme y menos Tévez, que suele irse expulsado por una piernita descolocada.
Volvamos un segundo a lo político de la Corte. No es la primera vez que lo mencionamos, y vale el punto porque a esta inteligencia institucional le suma mucho poder entender, comprender y al fin prever escenarios. La Corte sabe muy bien que aún recomendando plazos concretos, esto lo define el próximo gobierno. Y tal vez allí debamos detener la imagen para radiografiar al tribunal. El mensaje al gobierno es: “me atengo a la razonabilidad jurídica; Lo político resolvelo vos”. Decisión política al fin, que se acentúa cuando decide mencionar que el propio gobierno fue quien decidió hace 5 años extender sin discusión las licencias de los grupos que hoy, como ayer, son oligopolio.
Ahora, dos cuestiones que cobran importancia estratégica y que todavía no han sido abordadas oportunamente. Primero: Si la corte arguye para su fallo que se debe respetar cierta formalidad de procedimientos, y que salvo gravedad institucional bien acreditada no puede entender en cautelares; pero al mismo tiempo hay consenso político y legislativo sobre la mediocridad en el empleo de este tipo de medidas para eludir la ley… ¿Qué instancia existe para resolver a favor del bien común este tipo de dilema? O más sencillo… ¿Quién carajo nos defiende de ese mecanismo propio de jueces corporativos?
Segundo tema: Hay muchos artículos de la nueva ley de medios que todavía no se han aplicado. Por caso, los porcentajes establecidos para producción local, la comisión legislativa para el seguimiento de la aplicación de la ley, y la creación de la defensoría del público, el apoyo concreto a nuevos actores para hacer valer la pluralidad de voces. Me quedo corto en cuestiones, pero son los tiempos de esta nota. Todas estas aplicaciones también hacen al derecho a la comunicación, y pueden ser estratégicamente utilizados para romper situaciones dominantes y de dominación. Obviamente el corazón es la pelea contra el poder corporativo.
Sería bueno meditar con inteligencia y eficacia los pasos a seguir. La discusión sobre quién gobierna en nuestro país, si las corporaciones o los gobiernos elegidos democráticamente, está saludablemente en el centro de la escena.
Si no hay virtud política, todo queda en cháchara electoral. Eso sería hacerle el juego a la derecha.
Por Pablo CarusoLa discusión sobre el fallo de la corte por la ley de medios aún por estas horas sigue girando alrededor de lo positivo o lo negativo. La valoración es notablemente opuesta según la adscripción política de la fuente. Alguien incluso publicó sobre vasos medio llenos o medio vacíos, como para encontrar cierta mesura. Otra oportunidad perdida para ejercer subjetividad periodística con honestidad intelectual.
Para este periodista, que leyó atentamente el fallo y consultó especialistas varios, el dictamen de la corte es jurídicamente razonable, pero malo, pésimo, tanto para el gobierno como para la ley, y por ende para los que militamos una comunicación democrática. Casi no hay motivos para una mueca de satisfacción. Sólo lo permite el hecho de que pudo haber sido mucho peor.
La segunda reflexión, no trabajada por ahora en general, es que la Corte Suprema de Justicia hizo política una vez más. Y no es crítica, simplemente realidad para tener en cuenta a la hora de objetar la potestad del pueblo de peticionar y presionar sobre sus propias instituciones.
Más allá de las lecturas oficiales sobre la ratificación de la vigencia de la ley, que nunca estuvo en discusión en este proceso particular, no hay chances de ver una ventanita abierta, como otros analistas sugirieron. La discusión de fondo del tema, es decir la aplicación del artículo de desinversión, queda para ser resuelta después de las presidenciales del 2011. No hay tiempos para que la posición dominante de Clarín cese antes de ese momento, con lo cual la solución será de acuerdo a la coyuntura política. Coyuntura política que estará construida en gran parte y como siempre por este mismo actor privilegiado. Ahí es donde perdemos todos, porque la oposición pusilánime que supimos conseguir tendrá una usina nuclear para la invención de algún candidato con posibilidades reales. Sin los fierros de Clarín, es más difícil vender gato por liebre.
Pero ese no es un argumento válido para demostrar gravedad institucional, que es lo que la corte necesitaba para sacar de la cancha la cautelar. Habría que ver responsabilidades de los abogados del Estado en este punto, pero dicen los expertos en el tema que no es cosa fácil. Sí se podría haber actuado en función de un desenlace previsto, y articular inteligencias para que mientras el expediente estaba en la corte, no se detuviera el trabajo del juzgado de primera instancia, encargado de definir el fondo del asunto. Parece que bastaba una fotocopia. Varias veces opinamos que estos tiempos de alto vuelo y enfrentamiento político necesitan madurez y profesionalismo institucional. El estilo impulsivo, verborrágico y desaforado no suele tener esas virtudes. Aquí prefiero más Riquelme y menos Tévez, que suele irse expulsado por una piernita descolocada.
Volvamos un segundo a lo político de la Corte. No es la primera vez que lo mencionamos, y vale el punto porque a esta inteligencia institucional le suma mucho poder entender, comprender y al fin prever escenarios. La Corte sabe muy bien que aún recomendando plazos concretos, esto lo define el próximo gobierno. Y tal vez allí debamos detener la imagen para radiografiar al tribunal. El mensaje al gobierno es: “me atengo a la razonabilidad jurídica; Lo político resolvelo vos”. Decisión política al fin, que se acentúa cuando decide mencionar que el propio gobierno fue quien decidió hace 5 años extender sin discusión las licencias de los grupos que hoy, como ayer, son oligopolio.
Ahora, dos cuestiones que cobran importancia estratégica y que todavía no han sido abordadas oportunamente. Primero: Si la corte arguye para su fallo que se debe respetar cierta formalidad de procedimientos, y que salvo gravedad institucional bien acreditada no puede entender en cautelares; pero al mismo tiempo hay consenso político y legislativo sobre la mediocridad en el empleo de este tipo de medidas para eludir la ley… ¿Qué instancia existe para resolver a favor del bien común este tipo de dilema? O más sencillo… ¿Quién carajo nos defiende de ese mecanismo propio de jueces corporativos?
Segundo tema: Hay muchos artículos de la nueva ley de medios que todavía no se han aplicado. Por caso, los porcentajes establecidos para producción local, la comisión legislativa para el seguimiento de la aplicación de la ley, y la creación de la defensoría del público, el apoyo concreto a nuevos actores para hacer valer la pluralidad de voces. Me quedo corto en cuestiones, pero son los tiempos de esta nota. Todas estas aplicaciones también hacen al derecho a la comunicación, y pueden ser estratégicamente utilizados para romper situaciones dominantes y de dominación. Obviamente el corazón es la pelea contra el poder corporativo.
Sería bueno meditar con inteligencia y eficacia los pasos a seguir. La discusión sobre quién gobierna en nuestro país, si las corporaciones o los gobiernos elegidos democráticamente, está saludablemente en el centro de la escena.
Si no hay virtud política, todo queda en cháchara electoral. Eso sería hacerle el juego a la derecha.
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martes, 28 de septiembre de 2010
El monumento de Carrió a Magnetto
LEY DE MEDIOS: HACETE AMIGO DEL JUEZ PARA PARARLA/
NO ES POSIBLE UN MUNDO MEJOR CON ÁRBITROS BOMBEROS/LA CORTE HACE POLÍTICA/SI LAS CORPORACIONES SE QUEJAN…
Una pelea de fondo como la ley de medios fue haciendo visibles a los integrantes del coro de hombres detrás de las cortinas.
Ya se ven los zapatos de los apropiadores de la palabra pública: hasta hace muy poco armaban el set y sacaban las fotos; ahora aparecen en el centro de todas ellas. Al mismo tiempo, casi en lógico tándem, aparecieron sus voceros y operadores. El monumento prometido de Carrió a Magnetto es un exceso, más un relato del periódico Barcelona que parte de la realidad, y no da para tomarlo en serio. Pero la perfomance de Thomas, lo de Giúdici, lo de Bullrich, como tantos otros felpudos de baño de las corporaciones de turno, es sano que se pueda ver en acción, sin velos, a la luz del día.
También nosotros, los periodistas, nos fuimos sincerando. Hoy nadie se priva de pedirle a la ciencia que descifre el código genético de un político para poder encontrar el antídoto que lo elimine. Nadie se ruboriza para pedir un muerto que agudice el conflicto. La misión es la dependencia, y de a poco va cayendo por su propio peso el mito de la objetividad.
Hace rato que también estamos los que preferimos no ocultar pertenencias ideológicas, y aún así vivir comprometidos con la ética de una profesión que nunca pidió el aseo político para realizarse honestamente, como cualquier trabajo que implique un compromiso con el bien común.
Sin embargo, hay ciertos integrantes del coro de hombres que cantan detrás de las cortinas, que estuvieron reticentes a asomar los pies. Hoy se puede discutir la corporación mediática, los gordos del campo y la industria, los legisladores y los funcionarios ejecutivos, pero el poder judicial tiene ese no se qué. Como si las capas de telas que lo ocultan fueran más espesas y encebolladas. Poco se discute, pero cual referí bombero te va inclinando la cancha con fallos chiquitos. Un agarrón de camiseta en Dolores, un empujón en La Plata, una pierna levantada en Mendoza “pero si van los dos arriba jué!!!”. Y así se va empiojando, y así se va haciendo el juego de los poderosos de siempre.
Cautelares y amparos a medida, que ingresan tal día de tal semana para que le caiga a tal juez. O dirigida a tal localidad, porque el juzgado es amigo y si te tirás, un faul en la puerta del área te cobra seguro.
Ojo, que aunque lleve pito y sotana, el poder judicial no es la Justicia, así, con J mayúscula. Porque cuando el partido viene peleado, cuando por fin el candidato del poder se ve acorralado en el área por el equipo siempre postergado, ahí juega la localía y un referí te cobra mancha. Todo lo construido se va al tacho y como decía el gordo Alorsa, no es posible un mundo mejor con árbitros bomberos. Es cierto, cuando los tenés servidos, hay que hacer los goles. Pero quién puede negar que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es una goleada de apoyos populares, acompañada y promovida por amplios sectores: movimientos sociales, sindicatos, universidades, partidos e independientes, organizaciones de derechos humanos, canales y radios provinciales, comunitarias y alternativas, estudiantes y mucha gente suelta y vuelta a juntar.
La legitimidad de la Corte Suprema de Justicia no se mancha si decimos que cuando trabaja, cuando falla, también hace política. La Justicia, esta vez sí, con mayúscula, es esencialmente política: son conjuntos de valores e ideales que se van plasmando en un librito fundamental, y que cambian con el tiempo y las experiencias. A veces se consolida antes y a veces después de que esos cambios se manifiestan en la comunidad. La ley de medios, más o menos imperfecta, es una necesidad de los tiempos. Que las corporaciones hayan puesto la cara bajo la lluvia es un indicio de que los lastima. Y si las corporaciones se quejan, señal que cabalgamos.
Vaya de vez en cuando una falta de respeto al poder judicial. Una puteada a tiempo al réferi, como para que sienta la presión de la gente y sepa que la Justicia es también propiedad de los pueblos, que no se quedan callados, y que tarde o temprano la va a querer reconquistar. A fuerza de goles, mordiendo en toda la cancha. También ajustando las marcas y sin perder el placer de jugar.
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viernes, 23 de julio de 2010
Rubén Levenberg*: “Periodistas progres competían por tener la relación más fluida con el embajador Todman”
Creo que me crucé con el periodismo desde pequeño y finalmente me ganó. Tal vez lo que me haya definido mejor fue algo que le escuché decir a Carlos Garaycochea sobre los humoristas y que yo aplico al periodismo: Cuando pasan por un lugar donde ocurrió algo, cada uno tiene su punto de vista, pero el periodista observa el hecho, a los que relatan el hecho y a los que opinan sobre el hecho. Observar el conjunto y los detalles y relatarlo es algo que siempre me sedujo. Hice mis primeras experiencias cuando cursaba la escuela primaria en Haedo y se me ocurrió escribir un homenaje a Robert Kennedy a raíz de su asesinato. El director de la escuela me dijo “esto nos va a traer líos con los inspectores, pero lo publicamos igual”. De allí en más tuve claro que iba a ser periodista y que cualquier otra cosa que hiciera iba a llevarme hacia allí.
Tras la experiencia escolar escribí en periódicos políticos y de los otros, siempre ad honorem. Mi ingreso al mundo del periodismo profesional fue en 1982, cuando me integré a la comisión de prensa de Música Siempre, una de las organizaciones que intentaban reconstruir la cultura popular sobre fines de la dictadura. Allí un colega y hoy gran amigo me pidió algunos informes para la revista Redacción, la que dirigía Hugo Gambini. Fueron mis primeros trabajos remunerados, pero a esa altura ya había picado esténcils, visitado hemerotecas y escrito docenas de columnas de las cuales hoy todavía me río y mucho.
Mi mayor satisfacción en el periodismo fue haber tenido el privilegio de ver cómo trabajaban los tipos a los cuales admiraba y sigo admirando. Mi primer trabajo regular fue en El Periodista de Buenos Aires y no hice más que aprender y aprender. Después fue en Página 12 y no me alcanzaban ojos y oídos para observar cómo laburaban periodistas y escritores que estaban construyendo un diario nuevo. También aprendí que hay conductas que merecen respeto, como la de Andrés Cascioli y la editorial La Urraca, donde un día me encontré con que tenía mi primer recibo de sueldo, porque, según me informó la persona de administración, “pasaste las 24 colaboraciones y te corresponde”. Era así, sin trampas.
Más que la mayor frustración, debería decir que la primera fue cuando en una mesa de periodistas escuché a colegas “progres” competir para ver quién tenía una relación más fluida con el entonces embajador estadounidense Terence Todman. Tal vez deba decir que otra frustración fue haber comprobado que en periodismo te pueden perdonar cualquier cosa, menos que no quieras formar parte de un grupo interno. Así me gané el primer despido, que paradójicamente derivó en una gran satisfacción, porque inmediatamente entré a otra empresa en la cual me dijeron: “Si hacés lo que hacías allá, te queremos con nosotros”.
Si tengo que hablar con alguien que se larga a estudiar periodismo, lo primero que le digo es que no lo dude: la fama es puro cuento. Que es más importante desarrollar la capacidad para mirar alrededor, para estudiar y para aplicar lo que se estudia, que colocar una firma aquí o allá. Les aconsejo que no se queden con el taller, que, como dijo un colega alguna vez, “no se resignen a ser peones del periodismo”. Yo agregaría que con el estudio pueden aspirar a ser algo más que reproductores de discurso y con la lectura van a ser mucho más que soldados para todo terreno. Finalmente, que tengan mucha paciencia. Si uno es pícaro, se puede subir con rapidez, pero se pierde lo más valioso, que es la experiencia.
La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual permitirá canalizar las inquietudes de miles de comunidades y organizaciones que tienen vedado el acceso a los medios. No porque vayan a desplazar a los que ya están, sino porque la tecnología ya permite una ampliación de las frecuencias, con lo cual se abren muchos espacios que, si no hay una ley que los regule, serán ocupados por los mismos que hoy manejan casi todos los medios. De todos modos, el canal de comunicación requiere de contenidos, que son producto del trabajo humano y que debe ser remunerado. Eso a su vez necesita financiamiento y no me queda claro cómo se desarrollará la historia de aquí en más.
Por ese motivo apoyé el proyecto de la Ley, participé de los debates y brindé todo mi respaldo al Gobierno para que la Ley fuera aprobada.
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domingo, 4 de julio de 2010
Papel Prensa y la interna empresaria: El Día versus Clarín
Por Alberto FerrariEn setiembre venidero renovará su conducción la Asociación de Diarios del Interior (Adira), una entidad con menos peso mediático que Adepa, porque entre sus socios no están los poderosos diarios de Buenos Aires, pero que representa al periodismo del resto del país federal.
La nueva conducción será encabezada, de no mediar sorpresas de último momento, por El Día de La Plata, de Raul Kraiselburd, que sucederá doce años de mandato a cargo de Domingo Marra de La Nueva Provincia de Bahía Blanca.
El ascenso de Kraiselburd implica un gesto de distanciamiento de Adepa y en especial del grupo Clarín, con el que mantiene una confrontación, más comercial que ideológica, desde los tiempos de Papel Prensa.
Precisamente, la conformación de Papel Prensa originó un conflicto entre Clarín y sus socios La Nación y La Razón, contra La Prensa, la Capital de Rosario y el Día de la Plata de Kraiselburd, que se trasladó a la ruptura en Adepa y posteriormente a la agencia Noticias Argentinas.
En aquellos años eran habituales los editoriales de La Prensa y El Día contra Papel Prensa, que percibían el surgimiento de un monopolio con el sostén de un Estado "bobo".
Pero, nadie confundiría a Kraiselburd, ex presidente del Comité Ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa durante 5 períodos, con un demócrata progresista o un defensor del derecho a la información, mucho menos en tiempos de la dictadura militar cuando utilizó su influencia en la SIP para acallar las eventuales condenas.
El actual canciller Héctor Timerman, denunció en julio de 2006, que "para los que luchábamos por los desaparecidos, tipos como Kraiselburd no nos facilitaban el trabajo".
Sin embargo, Kraiselburd es un enemigo histórico del grupo Clarín y su ascenso -a través de alguno de sus directivos de El Día- constituye una mala noticia para la empresa de la viuda de Noble, en momentos en que el gobierno impone igualdad de precios para el insumo que los diarios del interior adquieren a Papel Prensa.
Adira apoyó con una solicitada en 2009 a Clarín en su puja con el gobierno, pero desde entonces, debido a las confrontaciones internas, adoptó una posición equidistante y neutra. Es así que se alejó del lenguaje guerrero de Adepa, sin pronunciar ningún documento que pudiera ser interpretado como oficialista.
En la entidad hay diarios pequeños del interior de la provincia de Buenos Aires rehenes de Papel Prensa porque dependen de la cuota de papel que se les entrega. También participa La Voz del Interior de Córdoba, perteneciente al multimedio de la viuda de Noble y Magnetto, al igual que Los Andes de Mendoza.
Pero también integra la entidad un diario como La Arena de La Pampa, que se marchó de ADEPA por discrepar con su campaña contra la Ley de Medios Audiovisuales y su intransigente defensa de los intereses de Clarín.
"Los diarios del interior han sido rehenes de Papel Prensa durante décadas, especialmente aquellos pequeños y medianos que le compran papel y que tenían una cuota asegurada aún en tiempos en que escaseaba en el mercado. Por supuesto, eso implicaba después un voto para Clarín", señaló un integrante de la entidad.
En estos momentos, hay abundancia de papel en el mundo, que ingresa al país sin pago de aranceles. Muchos medios desde hace tiempo han diversificado sus compras y sin dejar de recurrir a Papel Prensa, también adquieren a proveedores externos. Es una manera de acceder a una independencia relativa.
Kraiselburd por historia y trayectoria ideológica, sería incapaz de producir rupturas abruptas o pronunciamientos explícitos contra sus colegas. Pero Clarín tendrá una firma menos, la de Adira, para sus solicitadas en defensa de "la libertad de empresa".
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jueves, 10 de junio de 2010
Luche y vuelve Novaresio*
Por Daniel Freidemberg“Pluralidad dirigida”
El concepto lo acuñó un integrante del equipo de Mariano Grondona, tratando de replicar la afirmación de que con la Ley de Medios va a ser posible que haya alguna pluralidad en las comunicaciones en la Argentina, que Esther Goris lanzó ante el sorprendido elenco estable del programa: “¿pero no va a ser una pluralidad dirigida?. En el apuro para salir del paso, se deschavó el hombre y emergió la verdad, su verdad, lo que se sabe y habitualmente se calla. Pluralidad dirigida es lo que siempre hizo y hace Grondona cuando se muestra “plural”, y qué pluralidad sino una escrupulosamente dirigida es la que practican los medios cuyos propietarios, voceros y empleados estelares viven alarmándose ante la amenaza de la Ley. “La sencilla verdad es que un pluralismo que no sea dirigido no existe, ni podría existir”, habría que responderles, si se entiende que ningún medio, pertenezca a quien pertenezca, y aun en los mejores casos, está exento de intereses ni admite neutralidad que no sea relativa. De lo que se trata es de establecer condiciones objetivas –legales, materiales– que permitan atenuar, contrarrestar y relativizar el efecto de las acciones tendientes a manejar la pluralidad o “dirigirla”: eso es lo que se viene, si al fin se consigue su vigencia, cuando la nueva ley empiece a aplicarse.
*Acá el video Esther Goris vs. Grondona
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martes, 18 de mayo de 2010
Víctor Hugo Morales: “Me había quedado en la centroderecha”
"La ley de medios fue un regalo de la vida: es una vieja predica personal en soledad tanto lo del fútbol como el tema medios. Si esta ley no termina con los monopolios, no sirve para nada. Vos tenes que ordenar los jugadores para que exista la diversidad.Cuando el gobierno asume este inmenso riesgo una buena parte de mis críticas al gobierno se derrumbó (mantengo algunas) porque para hacer eso el gobierno tenía que tener un coraje históricamente impensable hacia atrás e históricamente imposible para adelante.
Así que éste es el momento: la ley de medios tiene que salir ahora o no sale nunca más. Y ese coraje de pelear contra el stablishment, contra un poder inmensamente más fuerte que el del gobierno, a mí me ganó mucho una cierta voluntad. Lo que la ley de medios significó en mi vida fue muy fuerte: es una culminación de una lucha personal casi absurda que nadie iba a escuchar. También es interesante como bisagra en la historia de la Argentina. Hay un antes y un después.
Cuando lo del campo estuve y estaría todavía… porque fíjate que el manotón que el gobierno le quería pegar al campo era muy fuerte, estaría otra vez en la vereda de enfrente, si se presentase el tema. Cuando termina lo del campo, viene lo de las AFJP y yo estuve muy a favor del gobierno. Creo que es lo más importante que este gobierno ha hecho. Esto no me provocó problemas…no tuve ese prurito cuando escuchas que te dicen “éste se dio vuelta”. Eso no me mortificó.
En cambio llega la ley de medios que eternamente será importante.
Cuando terminó lo del campo yo me quedé del lado de la centro-derecha. Fue un año de ver mal al gobierno, fui severísimamente crítico.
Mi pertenencia es la clase media regularmente “altita”… Esa gente estaba contenta con mi predica."
(De un diálogo de Víctor Hugo Morales con Felipe Pigna http://www.youtube.com/watch?v=_9TbnLWaKRQ&feature=player_embedded)
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