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lunes, 8 de noviembre de 2010

Lloré un montón por los tíos Néstor y Cristina

¿Qué clase de respiro podía tomarse la Presidenta con un tipo como Cobos respirándole en el respaldo del sillón?


INVITAMOS A ALMORZAR A LA CENSISTA/NO CONOCÍ EL MIEDO DE DESAPARECER/EN LA PIZZERIA PEDÍAN QUE SUBIERAN EL VOLUMEN DE 678

Foto de Jesica Baez



Por Nadia Lihuel

El 27 de octubre trabajé en el censo. La verdad es que fantaseaba hacía tiempo con la idea de participar en algo así, en realidad mi plan era ser presidenta de mesa el año que viene, así que cuando salió la posibilidad del censo acepté sin dudarlo. La noche anterior no había podido dormir de la ansiedad. Era raro, no me pasaba algo así desde que empecé la secundaria: sabía que el día siguiente iba a ser muy importante.

Pero no me imaginaba cuánto.

Cerca de las 8 llegué a la escuela de Villa Urquiza donde me tocaba y como la más aplicada de las alumnas de un cuarto grado prestado ordené mis papeles y recibí instrucciones para mi trabajo del día.

Alrededor de las 9 salimos cada cual hacia su segmento identificados como censistas. Debo confesar que sentí mucha satisfacción. Sabía que me iban a estar esperando, de eso se trataba. Como jugar a las visitas.

Recordaba haber vivido mi primer censo, el del '91, con nueve años, esperando con ansiedad a la censista. La habíamos invitados a almorzar con la familia y contesté orgullosa las preguntas sobre la escuela y el inodoro de mi casa.

Tenía muchas ganas de regalarle ese recuerdo a alguien. Ser la visita esperada pero desconocida.


Toda una tarea

Me invitaron a pasar a casi todas las casa y me trataron muy bien: una nena me regaló un dibujo y hasta consolé el dolor de una abuelita que había perdido a su hijo hacía poco tomándola de la mano un rato; escuchándola nomás (¿qué otra cosa hubiese podido hacer?).

Sin embargo, algo había pasado.

En la tercera casa a la que censé, Ester, la jefa del hogar preguntó:

- ¿Supiste la noticia?

- Sí - contesté - Le robaron a una censista en Chacarita, me contó el señor de al lado.

- No - dijo Ester, y vi la amargura asentársele en la cara - La otra noticia....

- No, ¿qué pasó? - Ester no encontraba las palabras, parecía no creer lo que estaba por decir.

- Murió Kirchner.

Se hizo una pausa infinita. Yo no entendía nada. Lo primero que pensé fue que si había muerto después de las doce de la noche del 26, para el censo iba a figurar vivo. ¡Qué tontería! Y pensar que en la capacitación me había parecido una pregunta idiota.

Ester prendió la tele.

Yo seguía sin entender nada.

- Parece que van a suspender el censo - dijo.

Llamé a mi jefe de radio. No sabía nada el pobre tipo, encerrado en el papelerío de los quince censistas que tenía a cargo.

- Dejame averiguar y te llamo.

Al rato supe que debía seguir con mi tarea. Y por algún motivo sentía que era mi deber. Que estaba formando parte de la Historia. Sí, con mayúsculas. Igual que el 25 de Mayo de 2003, cuando me encontré entre la masa de gente que iba a saludar a ese presidente que no había votado, pero que era la opción más razonable si la rata inmunda no se bajaba del ballotage.


La plaza me llamaba

Mis primeras elecciones presidenciales y esa sensación de casi victoria al ver como presidente a un tipo que no conocía pero que hubiese votado con convicción si el del apellido palíndromo me hubiese dado la chance. Pero no; el muy sorete me quitó esa oportunidad también. Como si no le hubiese alcanzado con diez años de tirarnos tierra encima.

Sin embargo me sentí parte de algo cuando el tipo, como comandante en jefe de las fuerzas armadas, ordenó bajar los cuadros de los dictadores.

Yo no conocí ese miedo, el de desaparecer. Pero conozco a quienes lo tuvieron, a quienes crecieron en él. Esos tipos me educaron, esas tipas me dieron la teta cuando en el 82 asomé la cabeza. Y sabía que sacar la foto y bajar del púlpito a los asesinos no era sólo un símbolo: era también un signo. Un signo de cambio, una luz de giro.

Después vinieron la derogación del punto final y de la obediencia debida. Y los milicos encerrados. ¡Qué lindo! ¡Qué buen comienzo!

Podría seguir con la enumeración, pero no hace falta. Ese tipo estaba muerto.

¿Y ahora? ¿Y Cristina?

Por experiencia sabía que un duelo no es fácil de elaborar. Que las responsabilidades, cuando una está triste, suelen pasar a un segundo plano. ¿Qué clase de respiro podía tomarse la Presidenta con un tipo como Cobos respirándole en el respaldo del sillón?

La plaza me llamaba. Una vez más.

Pero antes el censo: "¿trabajó al menos una hora durante la semana pasada?", una ridiculez que clavé como un punzón en la dignidad del único desocupado al que censé. "¿Cuántos hijos nacidos vivos tuvo?" le pregunté a cada una de las casi treinta mujeres que me crucé y no pude evitar pensar que, en promedio, mis planillas obviaban impunemente casi sesenta abortos.

Por suerte mi cuestionario era largo, pero mi segmento pequeño. Así que a las tres de la tarde terminé el recorrido y para las cinco estaba en el colectivo camino a mi casa.

Y otra vez la pregunta en mi cabeza: ¿Y Cristina?

Una ducha rápida y el encuentro con una amiga para ir juntas en subte para el centro. El primer contacto con la sensación de dolor lo había tenido en el bondi. Pero cuando subí en Malabia había otra cosa.

El vagón era un enorme living sobre ruedas donde todos mirábamos alrededor buscando en otras miradas la señal que pudiera desmentir la fatalidad.

Pero no hubo caso.

Ahí estaba, gris como siempre, la muerte. Lo irremediable.

En cada gesto, cada ademán. Y en el medio los turistas... desentonando. Cuando salimos a la calle en Uruguay me recorrió la espalda la misma sensación que otro 25 de mayo, el del Bicentenario. La certeza de estar siendo parte, una vez más, de la Historia.

Podría contar cómo fue que me quedé en la plaza repleta y por primera vez sin bombos, por horas y horas, saludando gente con esos abrazos fuertes que una le da a un amigo que perdió a un familiar cercano. Para mi hermana, la presidenta es la "tía Cris", así que supongo que por propiedad transitiva todos habíamos perdido al "tío Néstor", y nos abrazábamos como si así fuera.

Podría contar cómo después, cuando fuimos a comer a una pizzería del obelisco, las personas pedían subir el volumen de 678. O aplaudían a rabiar con las imágenes de 2003. O cómo quienes caminaban por corrientes entraban al boliche para sumarse a los que cantábamos en las mesas ante la mirada incrédula de los mozos que esperaban una jornada intrascendente después del casi feriado del censo.

Pero no puedo dar más detalles sobre eso... recuerdo apenas pinceladas. Escenas incompletas, borrosas de llorar. Sí, lloré un montón.

A mí no me lo contaron.

Al día siguiente volví. Logré entrar a la casa rosada a las tres y media de la mañana después de muchas horas de cola, después de cánticos y llantos compartidos en esas intimidades multitudinarias que construyen la Historia. Con frío, con cansancio. Pero con la alegría de estar, después de tanto bienestar ganado en siete años, de vuelta en esa plaza.

La plaza que llama, que pide una vez más la presencia de los hijos pródigos. Nosotros, nosotras, que crecimos con la democracia y que queremos que ella siga creciendo de nuestra mano.

martes, 22 de junio de 2010

De chico me decían: “no dudes en irte a vivir a Europa”


El reencuentro de lo propio

Por Alejo Lemiña

Durante el fin de semana largo se repitió la proyección del espectáculo en 3D - video mapping sobre la fachada del Cabildo, realizada por primera vez el 25 de mayo pasado, que narraba los momentos más destacados de los últimos 200 años de historia argentina. Esto me incentiva a recordar algo que faltó resaltar allí.

Mirándonos en retrospectiva, veo en nuestro pasado una dimensión social de “Entes Ficticios”. Éramos seres despojados de lo que nos hacía peculiares, desligados de nuestra personalidad propia y única, desconformes con el contexto histórico del país y, en consecuencia, muchos fingíamos ser alguien que no éramos.

Doscientos años de historia nos preceden avalando y confirmando aquella insistente tendencia a imitar lo ajeno, a querer ser europeos o seguir las reglas de consensos de los que no participamos, despreciando lo que en realidad éramos.

Nacimos como una colonia española y nos formamos inicialmente a su imagen. Logramos nuestra libertad de actuar pero nos mantuvimos esclavos de sus formas de vida, aniquilando pueblos originarios para expandir la esencia europea, buscando luego asemejarnos a Inglaterra, Francia, y en los últimos tiempos a Estados Unidos.

Durante mi infancia, más de una vez me recomendaron que si en el futuro tenía la posibilidad de irme a vivir a Europa no lo dudara.

Estos últimos años algo fue cambiando. Quizás incentivado por el desplome económico mundial que se articuló con una política de estado que atraviesa nuestras vidas en diferentes niveles que no esperábamos.

Sin duda la fiesta del Bicentenario nos dejó algo que no era una mera celebración de la historia, sino algo social que excede los partidos políticos y las clases sociales. Hasta el diputado nacional Francisco De Narváez, opuesto a la línea del gobierno, admitió “vi muchas familias muy felices, festejando, con ganas de vivir en ese contexto de armonía. Se habló de la patria, se habló de la nación. Veía cuando se cantó el himno, había gente lagrimeando, muy emocionante”.

Ricardo Forster, profesor de filosofía, lo definió como “un pueblo que se moviliza y que recupera símbolos”, y el periodista Luciano Galende explicó que, desde su perspectiva, “hay un montón de gente que quiere que la cosa funcione, que quiere estar bien”.

Es una etapa de cambio de mentalidad, de nuestras perspectivas, que nos lleva a reencontrarnos con ese sentimiento de “querer ser argentinos” al que cada vez más gente se anima a aferrarse y valorarlo.

Lo más interesante es la definición del presidente de Ecuador, Rafael Correa, en el programa televisivo Presidentes de Latinoamérica, sobre el cambio de época que está aconteciendo: “Es el despertar de los países sudamericanos. Es hacerle el juego a la estructura. Siempre se ha dicho ‘soñemos con que Ecuador sea la Suiza de los Andes’, y ahora queremos que algún día los suizos sueñen con ser el Ecuador de los Alpes.”

En consonancia con ese pensamiento, vale rescatar una porción de una canción de Ignacio Copani que dice “Protégela, mañana cuídala, al mundo enséñala, no te dejes quitar la identidad”. Ahora depende de todos y cada uno de nosotros que este cambio perdure y se profundice.

lunes, 31 de mayo de 2010

Una fiesta inovidable


Por Liliana Mizrahi

¡Qué fiesta de cumpleaños, hermosa patria mía!

Fuimos millones y millones de argentinos. Éramos tantos que me perdí, y no tenía celular. No me preocupé.

Estuve varias horas, caminando y sonriendo entre la gente que también caminaba y sonreía, ofrecía un mate, o se acercaba para hablar.

Lo que más me gusta y me importa siempre: es la gente.

No tenía miedo, ni una gota de angustia, confianza. ¿confianza? Sí! Algo raro, muy raro. Porque no es la confianza, el sentimiento que más frecuentamos los argentinos, entre nosotros. Esta vez fue distinto.

Compartimos un sentimiento de asombro ante la magnitud aluvional que somos nosotros mismos.

Éramos otros. Nunca nos vimos así, salvo en una gesta deportiva: la selección, los pumas, las leonas.

Éramos los mismos argentinos de siempre, pero otros. Había gratitud, gratificación, conciencia histórica y social de lo que estábamos viviendo, y de lo que habíamos sobrevivido. Conciencia del protagonismo que asumíamos. Queríamos y necesitábamos celebrarnos, recuperar nuestros símbolos, mirarnos en el espejo de nuestros héroes más queridos. Aprender y descubrir otros.

Nos organizaron una fiesta inolvidable y la disfrutamos, la supimos valorar, no faltamos. Nos vimos y nos re-conocimos. Recuperamos libertad. Pertenencia. Emoción ciudadana. Memoria histórica. Identidad.

Mientras caminaba entre esa masa de argentinos tomando mate y sonriendo, con sus bebés en cochecitos y sus hijitos a cuestas, agitando banderitas, por mi cabeza pasaban algunas imágenes de diciembre-enero del 2001-2002, esa noche del 19 de diciembre yendo angustiados a Plaza de Mayo. Ese fue para mí, otro 25 de mayo.

Perdida y re encontrada, con hermosísimos sentimientos de amor a la patria, sentía: lo mío es esto, qué suerte haber resistido tantas crisis y estar acá. ¿cómo llegamos a esto? Llegamos a esta fiesta, habiendo conocido el dolor, la decepción, la rabia, la estafa. Las pérdidas más dolorosas, la incertidumbre, el miedo siempre presente, pero hoy no.

Y después, Soledad embarazada en el escenario: Una Argentina grávida de promesas de vida, una Argentina fértil, que revolea el poncho sobre su panza habitada. Una argentina que nos dice: ¡tenemos que aprender a ser felices!

Y después, otra argentina, afianzada en seguros arneses, levanta vuelo y baila en el aire, con mucho donaire…

Una Argentina con vuelo. Una Argentina, que siguió los pasos de las Madres, de cabezas iluminadas, después de vivir con la Constitución quemada. Argentina a la intemperie. Una Argentina de guerra y cruces y chicos muertos. Una Argentina expropiada.

Y para el final, una Argentina murguera que celebra bailando y cantando, mientras confía en sus esperanzas.

Para muchos millones de argentinos, esto fue y será, una fiesta inolvidable.

lmizrahi@pachami.com

jueves, 27 de mayo de 2010

Bicentenario: llegaron las "soldadas de la yegua"

Por Teodoro Boot

Como Serra, lo vi por televisión porque llegué a Buenos Aires hace nomás un rato. Hablé sí con algunos amigos que estuvieron en la 9 de julio cada uno en distintos momentos que los otros, y todos coincidieron en el asombro y la emoción. Ninguno, ni el que ya el sábado especuló con que este festejo era un punto de inflexión entre el gobierno y al menos la gente de la ciudad de Buenos Aires, le adjudicó al hecho connotaciones estrictamente políticas. Pero las tiene y en mi opinión es un triunfo rotundísimo del gobierno... pero ¿contra quién?

Y acá me parece que está el punto, en el patetismo de los dirigentes políticos no oficialistas (porque eso de "oposición" es una creación mediática), incapaces de pensar y actuar por sí mismos: todos se dejaron llevar (una vez más y van...) por Clarín y quedaron culo al norte: desde el primer momento todos apostaron al fracaso de los festejos, y es tanta la influencia de los medios que varios de los que estuvieron en la cocina, en la auténtica organización de los festejos, en los días previos acudieron a los dirigentes gremiales pidiendo que movilizaran, lo que desconcertó a más de un gremialista: serán "burócratas" pero están bastante a tono con el sentir de los trabajadores de sus gremios y varios de ellos estaban seguros que al menos los trabajadores de sus gremios irían a los festejos de motu propio, capaz que por esa convicción tan propia de la clase obrera argentina de que las fechas patrias son de todos y no de nadie en particular. Y que, como el 1º de mayo, el 25 se festeja con un asado en familia o si andamos con ganas de complicarnos, con un buen locro. Pero siempre se festeja y con los que uno quiere.

¿Quién dejó alguna vez de festejar (no digo conmemorar, ni celebrar ni honrar: digo festejar) un 25 de mayo? ¿O un primero de mayo?

Los partidos políticos no oficialistas fueron una vez más detrás de Clarín y se jugaron al absoluto fracaso de esto que dejó turulato hasta a los más optimistas de los organizadores. Al segundo día de que más de un palo de tipos boludeara por el centro de Buenos Aires visitando puestos, escuchando recitales y todo eso, los del grupo Clarín se apiolaron de que no podían seguir haciéndose los boludos, dieron un triple salto mortal y particularmente en sus versiones televisivas se sumaron al festejo como si hubieran sido de la primera hora. Y los dirigentes políticos quedaron todos bien en orsai y sin saber en dónde mierda meterse, excepto los que detentan funciones ejecutivas y son gobernantes de algo. Macri, por ejemplo, que se metió en el Colón y en la catedral con Bergoglio. O Rodríguez Saá que organizó su propia fiesta en San Luis y lo bien que hizo...

En ese sentido, una vez más el gobierno triunfó contra nadie, porque en realidad no hay nadie ahí, y eso es algo de lo que cada vez más tipos empiezan a darse cuenta. Y también triunfó contra sí mismo, contra las dos tentaciones propias de cualquier gobierno y muy típicas del kirchnerismo.

Primero: no sobreactuó. Las apariciones de Cristina fueron las indispensables, mínimas y estratégicas. Segundo: no entregaron nada, y eso se vio en los contenidos de todo lo que hicieron, desde la galería de patriotas latinoamericanos (donde lamento nomás la ausencia de Velasco Alvarado) hasta los contenidos del desfile de Fuerza bruta y de la asombrosa proyección en 3D sobre el Cabildo. Y la presencia de Zelaya en el palco y en los lugares de honor es otro ejemplo de lo que quiero decir. Por no mencionar lo que, capaz medio paranoicamente se puede interpretar como distribución de roles: miraba por televisión, en panorámica, y veía a Kirchner junto a Lula, a Cristina junto a Chávez y Correa y a Aníbal con Binner y ahí estaba en acto la estrategia gubernamental.

Me contaba hace minutos un amigo que ayer se cruzó con un grupo de pibitas de 16, 17 años. Iban con una suerte de escudo que decía: "Somos las soldadas de la yegua". Le gustó, se los dijo y les preguntó a las chicas si tenían algún escudo para darle. No, dijeron las pibas, lo pintamos hace un rato en la casa de ella, y señalaron a una de las pibitas.

Hay un proceso nuevo, raro, que atraviesa distintas identidades políticas ideológicas, aunque, sí, tiende a identificarse con el peronismo, así como algunos se identifican como estas chicas, otros como La mierda oficialista u otros como Los negros de mierda, unos cosos que se juntan cada mes a verse y bailantear, algo que se me hace muy parecido a un club de solos y solas kirchneristas. Y todo huele a que no hay posibilidades de marcha atrás, ni por avance opositor ni por eventual agachada kirchnerista, la que no creo para nada posible. Lo que quiero decir es que si como ayer arregló con el duhaldismo, hoy no le sería posible al kirchnerismo arreglar con Clarín: le pasan por encima los kirchneristas.

Es extraordinario lo que empieza a pasar. Y lo que pasó estos días.

martes, 25 de mayo de 2010

Bicentenario: Sin banderas en los balcones



“…tanto en Córdoba como en Buenos Aires cuesta encontrar banderas colgadas en los balcones de las casas particulares. Los contestadores telefónicos de las radios, las conversaciones de ocasión en supermercados y una módica cadena de mails fogonearon el estado de ánimo de bronca de mucha gente e incitaron a manifestar su descontento con los Kirchner dejando desnudos los frentes de sus domicilios…”

Fragmento de una nota de Alfredo Leuco. Texto completo en : http://www.perfil.com/contenidos/2010/05/21/noticia_0035.html

Gobierno de criollos

Por Pablo Chami

Buenos Ayres, Viernes 25 de mayo de 1810.

A la reunión de anoche en casa de Rodríguez Peña concurrieron todos los que estaban por el partido de la independencia: Moreno, Saavedra, Belgrano, Castelli, Larrea, French, Beruti y muchos más. Se sentía la indignación en el ambiente por la traición del Cabildo. Había designado a Cisneros como presidente de la Junta. El desconcierto era grande y muchos no sabían qué hacer. Entrada la noche, Antonio Luis Beruti pidió al dueño de casa papel, tintero y una pluma. Rápidamente escribió unos nombres para que se formara una junta integrada por criollos.

Los nombres eran: Presidente, Cornelio de Saavedra, para vocales a los señores doctor Juan José Castelli, licenciado don Manuel Belgrano, don Miguel de Azcuénaga, doctor don Manuel Alberti, don Domingo Matheu, y don Juan de Larrea, y para secretarios, a los doctores don Juan José Paso, y don Mariano Moreno. La lista circuló entre los presentes y quedó aprobada. Inmediatamente se realizaron copias y circuló toda la noche entre las familias patriotas y los cuarteles, donde se encontraban los patricios a la expectativa de los acontecimientos. Una comisión se dirigió a casa del síndico doctor Leiva a las doce de la noche para pedir “otro llamamiento al pueblo para destruir lo que pocas horas antes se había sancionado.” Ante la vehemencia del pedido accedió a llamar al pueblo nuevamente.

Hoy por la mañana se reunió nuevamente el pueblo en la plaza. Había gran expectativa. Los patriotas deliberaban en el interior del Cabildo con los jefes realistas que pretendía continuar con la junta elegida el día anterior, con Cisneros como presidente. Los patriotas insistían con la lista que había escrito Beruti la noche anterior. La muchedumbre golpeaba las puertas y gritaba:

—“El pueblo quiere saber de qué se trata”.

El comandante Martín Rodríguez tuvo que salir a aquietarlos. Aseguró que demandarían la renuncia del virrey.

El pueblo pedía a voces en la plaza la renuncia del virrey Cisneros y la aprobación de la nueva junta. Una delegación del Cabildo se dirigió al fuerte donde se encontraba Cisneros a pedirle su renuncia, a la cual accedió.

Salió al balcón el escribano del Cabildo, Justo José Núñez, quien leyó el petitorio de Beruti presentado con las firmas del pueblo y “si era aquella su voluntad.” Una aclamación partió de la gente manifestando que esa era su voluntad.

Inmediatamente el Cabildo llamó a los nuevos integrantes de la junta para prestar juramento. Comparecieron los vocales Cornelio Saavedra, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matéu, Juan Larrea, y los secretarios Juan José Paso y Mariano Moreno. Estaban presentes los miembros de la junta del 24 de mayo, los miembros del Cabildo y nutrida asistencia de público: “prelados, jefes comandantes, y personas de distinción”. La Junta prestó juramento y, finalizada la ceremonia, Cornelio Saavedra pronunció unas palabras ante el público congregado en la plaza desde el balcón del Cabildo. El presidente y los demás miembros de la Primera Junta se dirigieron al fuerte, que era la sede del gobierno, ante numeroso público que llenaba la plaza mientras sonaban las campanas de las iglesias y se oían salvas de artillería. Un gobierno formado por criollos se había constituido en Buenos Aires. En ese momento sobrevino la lluvia.

lunes, 24 de mayo de 2010

Bicentenario: ¿Qué tendrán en la cabeza un millón de personas?

Por Gerardo Yomal

¿Qué significa un millón de personas en la calle? ¿Qué tendrían en la cabeza, que pensamientos, qué lugar les ocupaba el bicentenario?

¿En qué medida había en una parte de esas personas algún compromiso ideológico para participar de esta conmemoración?

¿O sólo se iba por una cuestión de divertimento, de ver stands, como ir a una exposición, a un museo, a un paseo dominguero?

¿En qué medida estos encuentros disparan el pensamiento de las personas?

¿La interpretación de la historia generará en algunos, a partir del llamado “Festejo del Bicentenario”, el cuestionamiento del presente y la posibilidad de construir otro futuro?

“Buenos Aires, una fiesta” dicen algunos títulos periodísticos, pero ¿qué estamos festejando?

Sarmiento, Mitre, San Martín, Belgrano, Irigoyen, Perón, Evita, Jauretche, el Che Guevara, las madres de Plaza Mayo, Alfonsín son algunos de los íconos que tienen vidriera en este bicentenario. ¿Se piensan intereses, proyectos de país, ganadores y perdedores detrás de todos estos nombres o están congelados como próceres de bronce, puros, para el manual escolar supuestamente “objetivo”?

Seguramente con otro gobierno no estarían en los stands Evita, Jauretche, las Madres…

Claro que lo que falta es debatir y pensar de qué manera se construye un país diferente al de aquel del granero del mundo, del monocultivo de soja, de la producción primaria a otro que incluya a buena parte de la población, con industria, con distribución del ingreso, con más democracia económica y política.

Una discusión que tiene doscientos años: “vender cuero y comprar zapatos equivale a marchar descalzos…”

En el actual contexto político, tanto nacional como latinoamericano, este debate es más posible. Y no es poco.

Se hablaba de revolución


Por Pablo Chami

Jueves 24 de mayo de 1810

Ayer por la tarde el Cabildo decidió no continuar con el Cabildo Abierto que había comenzado el 22 de mayo y comunicar el resultado del escrutinio de los votos al Virrey Cisneros. La mayoría fueron para la moción de que el Virrey debía dejar el mando y que el Cabildo tenía facultades para nombrar una junta de gobierno.

Los patriotas sospechaban que esta suspensión del congreso presagiaba una burla. Tenían razón: en la tarde de hoy, poco antes de cerrar esta nota, el Cabildo nombró una Junta de gobierno con dos miembros españoles europeos y dos criollos. Ellos fueron el doctor don Juan Nepomuceno Solá, don José Santos Inchaurregui, ambos españoles y el doctor don Juan José Castelli y don Cornelio Saavedra, criollos, pero quien presidiría esa nueva junta era el mismo Cisneros.

Entrevisté a algunos patriotas que estaban indignados, era una traición de los españoles europeos y del Cabildo. La votación había sido clara. El virrey debía cesar en su mando. Se convocó a una reunión urgente en la casa de Nicolás Rodríguez Peña. Se hablaba de revolución. El 25 será un día decisivo.

sábado, 22 de mayo de 2010

En nombre de la religión



Por Pablo Chami

Buenos Ayres, miércoles 23 de mayo de 1810

Hubo un acalorado debate en el Cabildo Abierto del día de ayer, 22 de mayo. Se plantearon dos puntos de vista: los realistas defendían al Virrey y la continuidad de la dependencia de España. Basaban su postura en nombre de la religión, del Rey, y de las antiguas leyes de España. Fueron adalides de esta posición el fiscal Villota, el obispo Lué, Juan Nepomuceno de Sola, entre otros. Lué confirmó en el recinto lo que dijo al cronista antes de ingresar al Cabildo: “Que aun cuando no quedase parte alguna de la España que no estuviese subyugada, los españoles que se encontrasen en la América debían tomar y reasumir el mando en ellas y que éste sólo podría venir a manos de los hijos del país cuando ya no hubiese un español en él”.

Contra esta posición se manifestaron los patriotas. Estaban Manuel Belgrano, Hipólito Vieytes, Juan José Viamonte, Nicolás Rodríguez Peña, Juan Ramón Balcarce, Cornelio Saavedra, Manuel Luzuriaga y muchos otros. Juan José Castelli fue la voz que defendió los derechos de los americanos. Propuso la caducidad de la autoridad del Virrey Cisneros y la elección de una junta elegida por el pueblo. Otros propusieron que la autoridad la asumiera el Cabildo y que procediera a elegir una Junta de Gobierno. Las discusiones fueron acaloradas y terminaron a media noche. Se propuso continuar con el Cabildo Abierto hoy a las tres de la tarde y hacer el recuento de los votos por la mañana.

Hoy temprano se realizó el recuento de votos. Por amplia mayoría el Cabildo Abierto decidió la caducidad de la autoridad del Virrey y la delegación del mando en el Cabildo de Buenos Aires hasta constituir una nueva Junta de Gobierno y el llamado al resto de las provincias del Virreinato del Río de la Plata para determinar la forma de gobierno. El Cabildo, investido de autoridad del gobierno suspendió la reunión acordada para esta tarde y nombró a una delegación para informar al Virrey de la resolución adoptada por el Cabildo. En momentos en que cerramos esta edición la delegación se encamina al fuerte, sede del gobierno, mientras llueve en Buenos Aires.

viernes, 21 de mayo de 2010

Mientras quede un solo español…

Por Pablo Chami

Buenos Ayres, martes 22 de mayo de 1810

Ayer, luego de la gran manifestación de pueblo en la Plaza Mayor reclamando Cabildo Abierto, el virrey Cisneros accedió a la convocatoria. Cornelio Saavedra, desde el balcón del Cabildo se dirigió a la muchedumbre diciendo que se estaba tratando los asuntos que convenían a la felicidad del país y que el día siguiente se celebraría un Cabildo Abierto. Esto tranquilizó al pueblo que se retiró de la plaza.

Por la tarde se confeccionaron las invitaciones para concurrir al Cabildo Abierto que se celebrará en el día de hoy. Se convocó a “la principal y más sana parte del vecindario”.

Hoy amaneció lloviendo. No hay pueblo en la plaza porque se apostaron centinelas en todas las entradas y sólo pueden pasar los portadores de las invitaciones.

Entrevistamos al obispo Lué antes de entrar al Cabildo. Nos dijo que propondrá la permanencia de Cisneros al frente del virreinato y que, mientras quede un solo español en América, ese español será el que gobierne.

Juan José Castelli nos informó que votaría por la deposición del virrey y por la creación de una junta de gobierno integrada por criollos. Que muchos patriotas pensaban igual, pero que la votación sería pareja.

Vemos al pueblo dividido en dos partidos: los españoles europeos son realistas, quieren que el virrey Cisneros siga al mando y que el Virreinato del Río de la Plata dependa del gobierno de la península. Por otro lado, los criollos quieren un gobierno independiente y liberarse del yugo de España.

Hay mucha expectativa en el pueblo por el resultado de la votación. Dado que la lista de oradores es muy extensa, creemos que el resultado se conocerá a la media noche.

Cabildo Abierto

Por Pablo Chami

Buenos Ayres, Lunes 21 de mayo de 1810

De la reunión de ayer se delegó en Castelli y Martín Rodríguez para que se dirigiesen al fuerte para exigir la renuncia del Virrey. Cisneros no contestó pero llamó a los comandantes de las tropas para preguntar si lo sostendrían en el mando como lo habían hecho con Liniers un año antes. La respuesta de Saavedra fue negativa.

También en el día de ayer, domingo, síndico del Cabildo, Julián Leiva se apersonó al Virrey diciendo que el pueblo estaba en gran agitación y que era conveniente reunir a un Cabildo Abierto para oír al pueblo. Cisneros se encolerizó al escuchar esto pero, ante la negativa de apoyo de las tropas, accedió a que se convocase un Cabildo Abierto.

Hoy lunes, en momentos en que este cronista escribe estas líneas, ve pasar por la puerta de la redacción columnas de patriotas que se dirigen a la Plaza Mayor con cintas blancas en sus chaquetas o sombreros.

Encontré a Antonio Luis Beruti, comandante de las tropas, a la entrada de la plaza repartiendo cintas blancas, le pregunté qué pasaba que se había reunido tanta gente. Beruti me dijo que las cintas eran para distinguir a los patriotas. También, algunos portaban una cinta roja en el sombrero como señal de sangre y un ramo de olivo que significaba la paz. Exigían a los miembros del Cabildo la convocatoria de un Cabildo Abierto que ya había acordado el virrey en la reunión del domingo.

Al cierre de esta edición hay gran expectativa entre el pueblo que está reunido en la plaza. El pueblo exige la renuncia del virrey Cisneros.

jueves, 20 de mayo de 2010

Los patricios más destacados

Por Pablo Chami

Buenos Ayres, domingo 20 de mayo de 1810

La reunión de anoche en casa de Rodríguez Peña fue secreta. Sin embargo, este cronista pudo saber que concurrieron los más destacados patricios. La reunión fue multitudinaria y tumultuosa. Estaba Cornelio Saavedra, que fue llamado de urgencia porque se encontraba en las afueras de la ciudad, Manuel Belgrano, Juan José paso, Hipólito Vieytes, Juan José Viamonte, Juan Ramón Balcarce, Miguel de Azcuénaga, Juan José Castelli, Bernardino Rivadavia, Mariano Moreno, Vicente López, Juan Francisco Seguí, Antonio Luis Beruti, Domingo French, y muchos otros.

Le preguntaron a Saavedra si pensaba que todavía no era tiempo, porque un año antes había opinado que “Las brevas no están maduras”, que todavía no era tiempo de hacer la revolución.

A esto contestó Saavedra que: “Señores, ahora digo que no sólo es tiempo, sino que no se debe perder una sola hora”. Muchos presentes opinaban que con esta afirmación del jefe del Regimiento de Patricios, se pondría en marcha el camino hacia la Independencia.

Se decidió que al día siguiente, una delegación concurriría al fuerte, que era la sede del gobierno, para pedir la renuncia del Virrey Cisneros.

martes, 18 de mayo de 2010

Buenos Ayres, viernes 18 de mayo de 1810

Por Pablo Chami

Cayó España

Rumores circulan por la ciudad. Tomamos los informes de marinos ingleses que desembarcaron en nuestro puerto trayendo la noticia de la caída de España en manos de Napoleón. La ciudad de Sevilla, sede de la Junta Central, que gobierna en nombre del rey prisionero, Fernando VII, huyó de la ciudad y se dirige a Cádiz escapando de los franceses. El ejército del Rey fue totalmente derrotado. Toda la península está en manos de Francia.

En Buenos Aires, el pueblo se reúne en el Café de Marco y en las pulperías, para comentar las nuevas. Los rumores se esparcen por la ciudad. Se convocó a Manuel Belgrano, que se encontraba en su chacra, para que concurra a ciertas reuniones, al parecer, secretas.

Pediremos al Virrey Cisneros que confirme o desmienta esta noticia, porque los rumores no cesan y la agitación del pueblo, aumenta.

viernes, 7 de mayo de 2010

Porque les gusta: las villas miserias


“Ese campamento de desocupados, cual si fuera de gitanos, por su rareza y novedad movía la curiosidad de la gente. En carácter de paseo (…) se les iba a ver y observar (…) sin entrar a analizar el terrible fondo de ese cuadro de miseria humana (…) ni apreciar las consecuencias que de ello derivaban”. Esto lo escribió el comisario Juan Ré en 1930, de modo que no es verdad que fue Perón quien inventó las villas miseria, como no es verdad que solo comenzaran habitándolas migrantes internos (Ré informa que la villa de Retiro comenzó con polacos e italianos). Tampoco es verdad que sus habitantes tienen propiedades en otros barrios, que viven en la villa para no pagar impuestos y que son una clientela política fácil: esos estigmas prendieron en el sentido común impulsados deliberadamente por la dictadura militar de ´76, la que, como parte de su política terrorista, expulsó masivamente a la población de las villas. En 1980 la Municipalidad de Buenos Aires hablaba de “propulsar a las familias hacia el encuentro de una solución definitiva, liberándolas del estado de marginalidad en que se encontraban, para insertarlas en la comunidad de plena capacidad de realización”. El recurso para implementar el plan: la topadora.

(Del libro “El otro bicentenario. 200 hechos que no hicieron patria” de Gustavo NG, Néstor Restivo, Camilo Sánches. Agilar)