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martes, 5 de julio de 2011

Cristina reivindicó a Sarmiento


“LUCHÓ POR EL PROGRESO Y LA EDUCACIÓN DE LA ARGENTINA”

“…Para mí, ustedes lo saben porque lo he repetido muchas veces, él, Belgrano es mi favorito. Pero la Bandera, y por eso he adoptado una decisión, de que esa enseña nacional sea enarbolada los 365 días del año en todos los edificios públicos de la Nación. Sé que las provincias y los municipios también adherirán. No es una originalidad, la verdad debo decirlo, porque además está la verdad histórica, no es una originalidad de esta Presidenta.
En realidad no hago más que retomar un decreto, un viejo decreto del año 1869 firmado por Domingo Faustino Sarmiento, presidente de todos los argentinos, que más allá de las diferencias políticas también debemos considerarlo como un hombre que luchó por el progreso y la educación de la Argentina, algo que comenzamos, yo creo en este Bicentenario…”
Fuente: http://www.presidencia.gov.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=25187:acto-en-conmemoracion-del-dia-de-la-bandera-en-la-ciudad-de-rosarios-palabras-de-la-presidenta-de-la-nacion&catid=125:discursos&Itemid=56

miércoles, 16 de febrero de 2011

Él ya no está, y ella nos necesita para profundizar los cambios

REQUISITOS DE LOS MOSQUETEROS: ESTAR A FAVOR DEL ESTADO Y CONTRA LOS ALZADOS "CAMPESTRES". Y CON EL CORRER DEL TIEMPO A FAVOR DE LA LEY DE MEDIOS AUDIOVISUALES Y CONTRA LA APROPIADORA, SUS TROMPETAS Y CLARINES

Por Juan Salinas


Es curioso. Gentes que hasta hace una semana no podían mal pronunciar su apellido sin torcer la boca, se han entregado en masa al deporte de pronunciar con edulcorada voz meliflua un "Néstor" seguido de zalamerías, y un cineasta paquete que ayer nomás tachaba al ex presidente nada menos que de traidor a la patria, terminó por encontrarle, una vez difunto, cualidades de estadista.

Ahora que él no está, constituyen legión sus empeñosos, acérrimos detractores que descubren consternados que su partida dejó un vacio imposible de llenar. Más allá del pánfilo citadino que bromeó con sus allegados acerca de que había perdido a su "jefe de campaña" (en vano esfuerzo por minimizar el hecho de que, privado de descargar sobre el occiso las culpas por su manifiesta incapacidad, no tiene nada que decir) la mayoría de quienes salpican con sus lágrimas de yacaré como diáconos con agua bendita, utilizan sus loas a él para desmerecer a su viuda.

Se trata de limar, esmerilar, desgastar la investidura presidencial, deporte al que los corifeos del establishment se han dedicado desde el preciso momento en que se dieron cuenta de que él estaba decidido a utilizar todas las atribuciones que la Constitución le confiere a quienes han sido elegidos para presidir el país, a fin de restaurar el Estado nacional y la sociedad argentina, incluyendo a los marginados y reparando paulatinamente las enormes heridas infligidas por el vendaval neoliberal.

Y, por cierto, la Constitución otorga poderes de reyes (aunque constitucional, es decir, esclavo de las leyes, pero de nada ni nadie más)  a los presidentes, bien que por un espacio de tiempo acotado. El gran escándalo que supuso la carambolesca llegada de él a la Presidencia fue su absoluta decisión de no resignar ese poder en beneficio de las corporaciones. Las mismas que doblegaron a Raúl Alfonsín, que tuvieron un socio en Carlos Menem, y que fueron objeto de la obsecuencia de Fernando De la Rúa, que la primera ley que envió al Parlamento para su aprobación fue, a modo de guiño, netamente antiobrera. Una ley que jamás hubiera podido aprobarse si no se hubieran sobornado legisladores. Una ley inicua que, por cierto, durante la pasada legislatura el Congreso derogó.

Hay quienes, como el ministro más reputado de la Corte Suprema, Raúl Eugenio Zaffaroni, proponen reformar la Constitución para reemplazar el régimen presidencialista por otro, parlamentario, que a su juicio podría atemperar las crisis políticas a través de un primer ministro que -al depender su continuidad del apoyo del Congreso- serviría como fusible, preservando la figura de un presidente-jefe de Estado con atribuciones meramente formales, tal como sucede en muchos países europeos. Sin embargo, dentro del llamado "campo nacional y popular" parece haber consenso, o al menos un neto predominio de la opinión de que es imprescindible preservar la concentración de poderes que la Constitución otorga al Presidente por ser esa concentración la única posibilidad de que el Poder Ejecutivo pueda equilibrar el enorme poder acumulado por las corporaciones durante la larga década neoliberal.

José de San Martín y Manuel Belgrano se iniciaron en la política bajo el influjo de las ideas republicanas que alumbró la Revolución Francesa, pero a mediados de 1816, en víspera de la declaración de independencia de las Provincias Unidas coincidían en postular la instauración de un Inca como monarca constitucional para así avanzar hacia una unidad suramericana, epopeya que recién se ha retomado ahora, casi dos siglos después. Ellos no veían contradicción en ser liberales y republicanos en Europa, y monárquicos en América, siempre que la existencia de un rey sirviese a la unidad continental, a la que subordinaban regímenes y formas de gobierno.

Tampoco veo hoy obstáculo en ser en Europa partidarios de la desconcentración del poder acumulado por estados centralistas durante más de cinco siglos (como es el caso de España) y aquí, en la joven Argentina, de preservar contra viento y marea la autoridad y potestades presidenciales, que durante los últimos siete años han servido para salir del infierno de la disolución nacional y avanzar a grandes zancadas por el camino de la reconstrucción nacional y la emancipación suramericana.

Desde que en marzo de 2008 estalló el conflicto con “el campo”, ante el riesgo cierto de terminar a los golpes con algunos pocos amigos de origen nac & pop que insólitamente se sumaron a las protestas destituyentes o morir del ofuscamiento, participo todos los jueves por la noche de unas "cenas antisoja". El único   requisito para asistir a ellas fue, en un comienzo, estar a favor del Estado y contra los alzados "campestres". Y con el correr del tiempo a favor de la Ley de Medios Audiovisuales y contra La Apropiadora, sus trompetas y clarines.

Dichas comidas, que se materializan en un discreto restorán gallego de San Telmo, son convocadas por una proteica “Cofradía de Mosqueteros de la Reina”. Es, claro, una humorada, pues no hemos dejado de ser republicanos y a dichos ágapes asisten también féminas. Pero todos sabemos a qué se refieren.

 Ella es corajuda y decidida y los cófrades nos hemos conjurado para estar a la altura de las circunstancias. Él ya no está, y ella nos necesita para profundizar los cambios. Uno para todos y todos para una, todos unidos triunfaremos.

sábado, 22 de mayo de 2010

En nombre de la religión



Por Pablo Chami

Buenos Ayres, miércoles 23 de mayo de 1810

Hubo un acalorado debate en el Cabildo Abierto del día de ayer, 22 de mayo. Se plantearon dos puntos de vista: los realistas defendían al Virrey y la continuidad de la dependencia de España. Basaban su postura en nombre de la religión, del Rey, y de las antiguas leyes de España. Fueron adalides de esta posición el fiscal Villota, el obispo Lué, Juan Nepomuceno de Sola, entre otros. Lué confirmó en el recinto lo que dijo al cronista antes de ingresar al Cabildo: “Que aun cuando no quedase parte alguna de la España que no estuviese subyugada, los españoles que se encontrasen en la América debían tomar y reasumir el mando en ellas y que éste sólo podría venir a manos de los hijos del país cuando ya no hubiese un español en él”.

Contra esta posición se manifestaron los patriotas. Estaban Manuel Belgrano, Hipólito Vieytes, Juan José Viamonte, Nicolás Rodríguez Peña, Juan Ramón Balcarce, Cornelio Saavedra, Manuel Luzuriaga y muchos otros. Juan José Castelli fue la voz que defendió los derechos de los americanos. Propuso la caducidad de la autoridad del Virrey Cisneros y la elección de una junta elegida por el pueblo. Otros propusieron que la autoridad la asumiera el Cabildo y que procediera a elegir una Junta de Gobierno. Las discusiones fueron acaloradas y terminaron a media noche. Se propuso continuar con el Cabildo Abierto hoy a las tres de la tarde y hacer el recuento de los votos por la mañana.

Hoy temprano se realizó el recuento de votos. Por amplia mayoría el Cabildo Abierto decidió la caducidad de la autoridad del Virrey y la delegación del mando en el Cabildo de Buenos Aires hasta constituir una nueva Junta de Gobierno y el llamado al resto de las provincias del Virreinato del Río de la Plata para determinar la forma de gobierno. El Cabildo, investido de autoridad del gobierno suspendió la reunión acordada para esta tarde y nombró a una delegación para informar al Virrey de la resolución adoptada por el Cabildo. En momentos en que cerramos esta edición la delegación se encamina al fuerte, sede del gobierno, mientras llueve en Buenos Aires.

jueves, 20 de mayo de 2010

Los patricios más destacados

Por Pablo Chami

Buenos Ayres, domingo 20 de mayo de 1810

La reunión de anoche en casa de Rodríguez Peña fue secreta. Sin embargo, este cronista pudo saber que concurrieron los más destacados patricios. La reunión fue multitudinaria y tumultuosa. Estaba Cornelio Saavedra, que fue llamado de urgencia porque se encontraba en las afueras de la ciudad, Manuel Belgrano, Juan José paso, Hipólito Vieytes, Juan José Viamonte, Juan Ramón Balcarce, Miguel de Azcuénaga, Juan José Castelli, Bernardino Rivadavia, Mariano Moreno, Vicente López, Juan Francisco Seguí, Antonio Luis Beruti, Domingo French, y muchos otros.

Le preguntaron a Saavedra si pensaba que todavía no era tiempo, porque un año antes había opinado que “Las brevas no están maduras”, que todavía no era tiempo de hacer la revolución.

A esto contestó Saavedra que: “Señores, ahora digo que no sólo es tiempo, sino que no se debe perder una sola hora”. Muchos presentes opinaban que con esta afirmación del jefe del Regimiento de Patricios, se pondría en marcha el camino hacia la Independencia.

Se decidió que al día siguiente, una delegación concurriría al fuerte, que era la sede del gobierno, para pedir la renuncia del Virrey Cisneros.

martes, 18 de mayo de 2010

Buenos Ayres, viernes 18 de mayo de 1810

Por Pablo Chami

Cayó España

Rumores circulan por la ciudad. Tomamos los informes de marinos ingleses que desembarcaron en nuestro puerto trayendo la noticia de la caída de España en manos de Napoleón. La ciudad de Sevilla, sede de la Junta Central, que gobierna en nombre del rey prisionero, Fernando VII, huyó de la ciudad y se dirige a Cádiz escapando de los franceses. El ejército del Rey fue totalmente derrotado. Toda la península está en manos de Francia.

En Buenos Aires, el pueblo se reúne en el Café de Marco y en las pulperías, para comentar las nuevas. Los rumores se esparcen por la ciudad. Se convocó a Manuel Belgrano, que se encontraba en su chacra, para que concurra a ciertas reuniones, al parecer, secretas.

Pediremos al Virrey Cisneros que confirme o desmienta esta noticia, porque los rumores no cesan y la agitación del pueblo, aumenta.