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miércoles, 19 de octubre de 2011

JULIO GRONDONA Y DANIEL VILA, ENTRE GUATEMALA Y GUATEPEOR


¿Y si convocamos a Rigoberta Menchú para dirigir la AFA?: con Cristina se entenderían bien
Guatemala, vice de Fifalandia, 36 años en el  “letrinatrono” de la AFA versus  Guatepeor, socio de  “Moneda” y del exministro frutal alguna vez nos amenazó con presentarse como gobernador.

Pamela David, Daniel Vila y Carlos Avila

Por Julio Rudman desde Mendoza

"Yo los conozco" (León Gieco)

                                                        A Fabián Galdi, maestro
No se trata del país. Los mayas, los que sobrevivieron a los genocidios, dejaron una cultura riquísima que los turistas se llevan en forma de vasijas y telares para adornar sus hogares y cubrir sus anatomías. Pero dejémoslos tranquilos y regresemos a nuestras canchas (término que, de paso, también tiene origen indígena de estas comarcas).
Uno se ha entronizado desde tiempos dictatoriales y va a gobernar las pelotas, los penales, los pases (ambos, las transferencias y los de jugador a jugador), las selecciones, las elecciones, las hinchadas, las entradas y las salidas, los premios y los castigos, los campeonatos y los descensos. Todo, bajo el sacrosanto mantel del negocio. Tuvo socios con los que curró y después se enojó. Como a tantas cosas en nuestra Matria, lo salvó este gobierno porque puso el ojo y el oído en las mayorías y transó con el señor que tenía en sus manos el llavero de todas las puertas del edificio. Don Guatemala no se hizo mejor tipo por el Fútbol para Todos. Todos nos hicimos más y mejores ciudadanos pero, por eso mismo, no nos olvidamos del Mundial 78, ni de los años de connivencia con la otra mafia. La que nos obligaba a pagar para ver porque "es más democrático" o tratar de descubrir algún amigo o familiar entre las hinchadas televisadas (una vez descubrí a Martín Caparrós entre la hinchada de Boca, obvio. Sus bigotazos subían o bajaban según Román jugara para adelante o para atrás. Esa tarde, al menos, lo vi triste. O habrá sido mi alegría, no sé).
Como buen pragmático y rosquero, el vicepresidente de Fifalandia, se aferró a las polleras de la Morocha y ahora mi cuñado, que es fana de Atlanta y yo, que soy gallina, podemos igualar derechos. Pero no es una concesión graciosa de don Guatemala. Es un gesto más de inclusión de un modelo, molesto para poderosos y generoso para mayorías. Así de simple y complejo a la vez.
Guatepeor es dueño de mi provincia. Tiene el gas, el petróleo, la electricidad, se supone que le afanó terrenos a la UNCuyo, hasta hace poco era el dueño del agua, hasta que secó a la empresa y se la devolvió al Estado, el tonto de la película. Saca y pone ministros, candidatos y funcionarios menores. Ahora le dio por adueñarse de un club popularísimo para usarlo como escalera al éxito político. Alguna vez nos amenazó con postularse para gobernador. Como no se le movió la aguja de las encuestas, ataca por el lado de las negociaciones espúreas que lo acerquen al poder en serio. Siempre es más fácil transar con pocos que convencer a un pueblo en marcha. Sus medios son enteros aunque no valen ni medio (no confundir valor y precio, dice Serrat). Se asoció con el Señor Moneda, como le llama mi amigo Villalba, y con el ex ministro frutal, Verbitsky dixit. Es, acá se sabe, un emblema de la escoria.
Salir de uno para entrar en otro es como darle un misil a Unabomber. El fútbol debe buscar parecerse a lo que viene, no a lo que fue. Pero tampoco vamos a dejarlos sin laburo. Seamos generosos, una vez más.
Para don Guatemala sugiero un destino pacífico y amable, después de haber cumplido 80 años y 9 nueve períodos en la letrinatrono de la AFA. Debería ser nombrado cónsul en Fukushima, con un buen sueldo, equipado con barbijos metálicos y un sueldo acorde con sus necesidades. O sea, cargo honorario.
A don Guatepeor podríamos enviarlo a Groenlandia a fundar el IFC (Iglú Football Club, así, en inglés es más pituco) y que, ya que estamos, se lleve en la mochilita a varios relatores y comentaristas locales. No sólo de fútbol.
Y, por último y por ahora, que de la verdadera Guatemala nos presten a Rigoberta Menchú para que dirija la entidad madre de este deporte bello y apasionante, como una mujer bella y apasionada. Después de todo, se entenderían mejor, de mujer a mujer.

¿ADIOS A LOS “PADRINOS” EN LA AFA?


Julio Grondona: con la dictadura, el menemismo champán, los buitres del 2001 y con el modelo nacional y popular

Por Pablo Caruso

Todo muy confuso, todo muy turbio y embarullado el proceso electoral, por llamarlo de alguna manera, que le otorga a Julio Grondona uno de sus últimos caprichos: 9 mandatos, 36 años, al frente de la AFA.

La historia de un día, esta de la cámara oculta, refleja perfectamente lo que ha sido el recorrido histórico de un dirigente que negoció siempre de forma eficaz con la dictadura, el menemismo champán, los buitres del 2001 y con el modelo nacional y popular.

En estas horas, todo tomó un olor rancio, por la decisión de un empresario tan ligado al negocio como a Grondona en su momento, de portarse una camarita y salir a entrampar viejos socios. Clarín, que no le perdona la traición a Don Julio, lo mata en cada frase que publica sobre el tema, y los Daniel Vila Boys, con el despistado de Fantino a la cabeza, van buscando no otra cosa que una herencia forzada: no anhelan el socialismo para los clubes chicos del pobre interior… buscan el poder, como lo han hecho en cada oportunidad frente a sus propios negocios.

Hasta Araujo está consternado, editorializando con lealtades y traiciones cada transmisión, de las últimas que le quedan, desnudándose como otro actor que alguna vez fue parte y reparte.

La lógica de los que se han quedado afuera, hoy prende el ventilador. Pero para que todo sea edificante se necesitan saber ciertas verdades que una vez pasado el tiempo de elecciones permanecerán debajo de la alfombra, bien custodiadas por los mismos perdedores de una joda en la que al final todos le terminan levantando la mano al que gana. Por eso no importan las formas, por eso el “qué” va primero y a varios campeonatos por delante del “cómo”. Una vez coronado el rey, una vez colocado el anillo, todo pasa. Y nada santo queda.

Sumarse a la opereta berreta de hoy no nos ubica como paladines de lo justo. Para honrar trabajo y compromiso habría que nombrar a conocidos y anónimos que durante décadas, y de forma constante, han venido denunciando un régimen que excede por completo el pasto, la pelota y los arcos. Estamos hablando de poder, de negocios y de política. Digo, por si alguno cree que todavía se trata de fútbol. Por eso debiera haber importado antes y también durante. Hoy parece cosa juzgada, circo de malandrines que pretenden conmover a la opinión pública para hacer el guiso, del que nunca podrá ni oler el plato.

Julio es Don Julio hace tiempo. Hoy en decadencia personal y física, pero con igual impunidad. Sabe mucho, conoce a muchos, y ha estado en muchas. De todas maneras, no sería justo que se le cumplan los últimos caprichos. En algún momento la decencia debiera decirle “basta mi amigo, hasta acá llegó”. Pero para ello se requiere de hombres o mujeres, y decisiones con cierto arrojo. Quien esté libre de pecado podría arrojar la primera piedra… pero tal cosa no aparece.

9 mandatos, 36 años al frente de un negocio tan poderoso como el fútbol, que todo lo puede y todo lo mezcla. En sus palcos se codean príncipes y mendigos, y se cuecen los más prósperos negocios.

Julio Grondona, uno de los mayores absurdos de nuestra historia reciente.
Su fracaso, de haber sido posible, sería hoy apenas un comentario en las páginas de un país más justo.

martes, 19 de abril de 2011

Julio Grondona: 32 años de fútbol corrupto, violento y monárquico.


 LAS TRANSMISIONES DE FÚTBOL PARA TODOS DONDE REINA LA INCOMPETENTE ELITE QUE COMANDA MARCELO ARAUJO/DICTADURA DE LA A.F.A / OPERATIVO “NO TOQUEMOS A GRONDONA” / EN ELECCIONES LIBRES CUALQUIER CANDIDATO LE GANA/ EL SILENCIO DE LOS MEDIOS

LA ANTIDEMOCRACIA EN EL FÚTBOL
¿Y el voto popular?
 Por Pablo Llonto
En estos tiempos de urnas, encuestas, internas y candidatos. En estas horas de oleadas liberadoras en el norte de África y en el mundo árabe. Hoy entonces, cuando tanto es el repudio a las camarillas que se adueñaron del poder en tantos lados y sólo se habla de la desvergüenza de los tiranos como Mubarak, la Argentina puede exhibir, siempre a contramano, al maravilloso ejemplar de Julio Grondona y sus 32 años de fútbol corrupto, violento, monárquico.
Se habla poco de todo ello en los medios. Y uno se pregunta qué sucede en cada uno de los lugares donde brillan abundantes denuncias contra la carencia de libertades y de espíritus democráticos.
 ¿A nadie le interesa la democracia en el fútbol?
 ¿O será que todo esto tiene que ver con la falta de democracia en los medios?
 Si en las redacciones deportivas imperase el espíritu colectivo de trabajo, si todos los periodistas fuesen escuchados, seguramente más de una investigación giraría alrededor de una dictadura llamada AFA. Pero salvo las excepciones de siempre, radio Continental, revista Un Caño, algunas notas de Tiempo Argentino o Miradas al Sur y varios programas de FM alternativas, el operativo “no toquemos a Grondona” sigue su curso.
 Ni las transmisiones de Fútbol para Todos donde reina la incompetente elite que comanda Marcelo Araujo, ni la bonita retórica de Clarín, ni la rigurosa tradición ejemplificadora de los editorialistas de La Nación, ni el recepcionista de personajes Fontevecchia, ni la mayoría de las secciones Deportes de los medios nacionales y provinciales se ocupa con dureza del tema "dictadura en la AFA".
 Bah, digamos que no se ocupan de unas cuantas cuestiones y aquí, tal vez, el disenso con nuestra compañera hipercrítica Adriana Amado (“De noticias y helado de avellanas”). Nosotros sí creemos en la conspiración del silencio. Mucho más en los temas del fútbol, porque sabemos que es muy cómodo quedar bien con la AFA y con Grondona. Que hay temas expresamente silenciados, por supuesto que los hay. Aproximadamente un millón de ellos.
 Por ejemplo, es llamativo el silenzio stampa (¿tendremos de una vez por todas que acuñar la expresión silencio-prensa?) de buena parte del periodismo con el reclamo gremial de los trabajadores de Perfil que están pidiendo sueldos dignos y eligieron como método de protesta retirar las firmas de los periodistas de las publicaciones. Frente a ello la democrática empresa decidió mentirles a sus lectores colocando, en algunos casos, falsos nombres de falsos periodistas como autores de las notas.
 Volvamos a la AFA. Nadie duda de que en elecciones libres y bajo la consigna un socio un voto, cualquier candidato más o menos serio y honesto le sacaría una enorme ventaja a Grondona o a cualquiera de sus secuaces.
 Los problemas del fútbol se multiplican año tras año y uno se imagina que el efecto dominó algún día llegará a estas tierras para llevarse a toda esa gerontocracia que se ha beneficiado de la pelota y de las multinacionales. ¿Será la generación Twitter la que terminará con Grondona?
 Mientras tanto, bienvenidos al mundo AFA, el único lugar del planeta donde la llama de las rebeliones se apaga con los soplidos de cierta prensa.

miércoles, 16 de junio de 2010

¿QUÉ HACE CANAL 7?

No seamos mensos

Por Pablo Llonto.

Uno puede recurrir a las conjeturas del absurdo de mil maneras. Que lo colocó Julio Grondona, que se trata de un favor a cambio de otro, que los viejos enemigos de Clarín son los amigos del gobierno, que formó parte de las conversaciones con el Pepe Mujica, que se trata de un error “del mercado”, que alguien no se dio cuenta. Lo cierto es que un abundante empresario de los medios de comunicación es el comentarista de la TV pública argentina para el Mundial de Fútbol. Para otras mayorías, el hombre es conocido como el Enzo. El Enzo Francescoli.

Dueño de la empresa Tenfield, socio del comerciante uruguayo Paco Casal, comprometido con adquisiciones cuestionadas de los derechos de TV del fútbol de Uruguay, de eliminatorias de Mundial y de las mil maneras de sembrar monopolios, el Enzo fue contratado, con dineros estatales, para trabajar durante el Mundial en el canal emblema de la estatización de los derechos del fútbol. Es decir, del Fútbol para todos, es decir, del Fútbol Gratis, es decir del pueblo recuperando derechos.

A quien sea que se le haya ocurrido el nombre de Francescoli, el asunto es grave.

Grave porque desconoce una historia de luchas antimonopólicas en la Argentina. Grave porque demuestra que todo se sigue manejando a la ligera, o a la valijera, a la hora de mantener coherencias en el discurso y en los hechos. Ya ocurrió con la elección de Marcelo Araujo como relator de nuestros campeonatos. Ya se repitió con la privatización de la producción periodística. Toda esta costumbre de manchar los micrófonos requiere que alguien con sesos se haga cargo de las decisiones sobre periodismo deportivo en “el canal de todos”.

La categoría de ídolo riverplatense de Francescoli no aliviana su turbia relación de los últimos años con los negocios de la TV. Basta leer a unos cuantos periodistas uruguayos para enterarnos de los arreglos, los contratos privilegiados, los llamativos beneficios impositivos, las apretadas, los mensajes mafiosos del grupo Tenfield que Francescoli integra junto a Casal y al ex River Nelson Gutiérrez. Ni Lanata se salvó del largo brazo de Tenfield cuando en su aventura uruguaya intentó investigar el negocio del Paco.


Del Paco Casal.

Y así fue que llegamos a mayo de 2010, y así fue que el comentarista Francescoli ahora despunta sus vicios un rato para el diario Clarín y otros para Canal Siete. ¿Qué extraño, no?

Lo peor es que lo debemos escuchar (poco, casi nada), desabrigando limitaciones, diciendo desde Sudáfrica nada más que “sí, sí, sí” a los acertados análisis de un ex jugador que, en cambio, se ha preparado para brindarle a los espectadores conceptos, novedades y licencias técnicas que ayuden a “ver mejor” los partidos. Nos referimos a Diego Latorre, quizás la revelación de los últimos años en materia de “periodismo por especialistas”.

Superior, muy superior, a un Francescoli que podría ser el comentarista ideal...para TyC o para TN. Allí, donde se bendicen los monopolios y los negociados.

viernes, 4 de junio de 2010

Barras, Don Julio y una prisión domiciliaria con vista al campo

Por Franco Spinetta

La violencia en el fútbol no es un tema nuevo. Que algunos medios se sorprendan por la presencia de barras en Sudáfrica es de una hipocresía infinita. Parece que al encontrar una pequeña (o gran) conexión con algunos sectores del gobierno, los habilita para denunciar "la impunidad" que gozan ciertos personajes nefastos.

Según decían en estos medios que farandulizaron el fútbol, se habla de los barras porque no se habla de fútbol (hasta el momento en que la Selección no abría las puertas del entrenamiento ni otorgaba conferencias). Pero cuando empezaron a atender a los periodistas, las preguntas eran dignas de humillación para el gremio periodístico.

Sólo Mariano Almada (TyC Sports), durante la primera conferencia de prensa que dio Maradona junto a Javier Mascherano, se animó a preguntar por la presencia de los barras en el avión de la selección. Obviamente, como es de costumbre, tanto Maradona como Mascherano negaron relación alguna con los barrabravas.

¿Qué esperaban que dijeran? Ellos no son el eslabón principal. El negocio de la violencia beneficia a muchos. Es una cadena de responsabilidades, desde el público que en las canchas reciben con aplausos el ingreso de los violentos, hasta los dirigentes, periodistas y punteros políticos que los utilizan como resorte mafioso de protección.

Años callando, años en los que este poder se enquistó. Hoy viajan a un mundial con total impunidad, en el mismo avión que la Selección. ¡Y los medios se sorprenden!

La AFA podrá esgrimir muchas explicaciones, seguramente algunas razonables. Pero lo cierto es que esta historia no termina sin una firme decisión que, al parecer, no va a existir. Porque el negocio es en conjunto y porque si caen los de abajo (los barras) arrastran a los de arriba (dirigentes). Están todos manchados.

Hasta dicen que Don Julio ya tiene su domicilio en el campo. Más de ochenta años y una prisión domiciliaria con vista agreste, por si algún día saltan los tapones.