Por Rubén Levenberg
EL KIRCHNERISMO NO JUGÓ / CABANDIÉ ES FLOJITO / NO SE MILITÓ CASA POR CASA
A veces, cuando se intenta analizar cuestiones complejas, nada mejor que recurrir al pensamiento de otros. Uno de ellos es el politólogo Luis Tonelli, quien primero en el programa el Tren de Radio Cooperativa y luego en su columna matutina en Radio del Plata arriesgó que el domingo pasado se votó la segunda vuelta en la Capital Federal, pero que no todos lo entendieron así. Que Macri haya arañado el 50 % y Filmus el 30 % no debería sorprender.
Agregaremos un granito de arena: Cuando se polariza la elección, los que podrían votar a alguna alternativa se inclinan por uno de los candidatos que marchan a la cabeza de las encuestas. Casi una verdad de Perogrullo, pero los guarismos pobres de los frentes trotskistas que se comían el mundo y salieron debajo del ex árbitro Castrilli y hasta del Frente del Sur, que llegó a imaginarse en el podio del ballotage sirven de testimonio.
Ahora hagamos un poco de historia: La ciudad de Buenos Aires es un distrito de clase media predominante numéricamente pero no hegemónica. Es heterogénea por definición. Se vuelve mayoritaria cuando entra en alianza con otro sector, pero no impone su discurso, adopta el de la minoría que circunstancialmente es hegemónica. Puede llevar al triunfo al FREPASO en las constituyentes y luego a Fernando de la Rúa.
Pero no hay que caer en la “gran Solanas”. Muchos se enojaron y con razón cuando el cineasta fue despectivo con los votantes catamarqueños porque habían votado al oficialismo. No se puede decir ahora que los porteños son –o somos- fascistas, derechistas, oportunistas o que votamos con la TV en la cabeza.
Ahora agreguemos a otros pensadores, pero futboleros. Russo, Gareca y el ahora recuperado Tocalli suelen recordar que “el otro equipo también juega”. Los sectores de la alta burguesía porteña, que tienen un 30 % del electorado, conocen la realidad política de la ciudad y operaron con inteligencia. No necesitaban discutir, porque cualquier discusión podía interpelar su discurso vacío y provocar dudas entre las clases medias. Buenos Aires capital es un distrito de predominio radical. La pérdida de protagonismo de la UCR y los coqueteos de Ricardo Alfonsín con Mauricio Macri fueron también un mensaje para el electorado. Algo así como una liberación de conciencias.
Los que conocen poco al hijo de don Raúl o los que hablan por terceras versiones no saben que el ahora candidato presidencial del radicalismo dio un giro de 180 grados respecto del pensamiento que expresaba hasta hace un año. Algo cambió en él, ya no es el jefe político que salió a defender al Gobierno nacional contra un enviado estadounidense, mientras los que ahora son sus aliados, Macri, Carrió, De Narváez, Morales Solá, pedían una cruz de madera para colgar a Cristina. Saltó de Hipólito Irigoyen a Marcelo T. de Alvear sin escalas. Nadie sabe cómo.
Pero si el adversario también juega, hay que pensar por qué el equipo propio perdió. Tal vez porque no jugó. Con el diario del lunes, o del martes, digamos que hubo una no campaña. Los sectores que desplazaron a los candidatos que proponían Filmus y Tomada sacaron una cantidad mínima de votos. ¿Qué hubiera pasado si en lugar de Cabandié, el encargado de plantear los problemas de la ciudad hubiera sido cualquiera de los buenos candidatos que les borraron a Filmus y Tomada o un líder barrial? ¿Cuántos votos se hubieran recuperado si en lugar de fiestas de 50 personas hubiese habido un movimiento militante casa por casa, como el que hizo –con o sin renta- el macrismo tan temido?
De un lado, hubo un oficialismo porteño con la mirada clara de que había que dividir aguas entre la ciudad y la Nación –como si los dineros que fluyen por las calles de Buenos Aires no fueran efecto de la política del Gobierno Nacional- y que había que estimular al máximo el sentido común y su extraña combinación con antiperonismo de las clases medias porteñas para completar el casi 50 por ciento que le hacía falta para ganar esta primera-segunda vuelta. Del otro, hubo una oposición que confió en la figura de Cristina y en la fiesta 2.0 de los chicos Twitter. Parafraseando al General, las redes sociales son buenas, pero si se las vigila de cerca, son mejores”. Habrá que aprender para otra vuelta.




