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lunes, 30 de julio de 2012

Inseguridad: por qué defiendo al gobierno

Por Pablo A. Chami. 


La encontrás en www.puedecolaborar.com.ar

jueves, 29 de marzo de 2012

“Anoche me robaron y no pido balas para esos pibes”

No van a lograr que me sume al coro de los iluminados por la furia.


Por Julio Rudman, desde Mendoza

Tuvimos suerte. Siempre viene bien una dosis apropiada. Ya no se trata de pedirle un premio de quiniela o de sorteo de fin de año. A veces con que nos ayude a salvar la piel, alcanza.
Anoche nos asaltaron. Somos de poco deambular nocturno, pero nuestra hija inauguraba una muestra de sus obras y, además, Celia inauguraba sus sesenta y tres bien puestos y vividos. Después del careteo en la Bolsa de Comercio (allí está expuesta la maravilla creativa de Laura) nos fuimos a tomar algo. Cerca de casa y con amigos. Miércoles, día insólito para tragos, helados y confituras. Éramos pocos, apenas ocho, contando a dos de mis nietos. A las veintitrés pagamos y nos íbamos. Minga que nos íbamos.
Se apersonó un joven, pistola en mano, y nos pidió tranquilidad. Y también nos pidió todo. Ante la sorpresa y el susto general (había más parroquianos disfrutando de una noche típica de otoño cuyano), la joven sexagenaria de mis amores tomó su cartera informe (es así, no tiene forma) y dijo, con voz tenue, pero firme: "Yo tengo que salir de aquí". Lo dijo más para sí misma que para que la escuchen. ¡Y salió! Le jugaron a favor la inexperiencia de los Butch Cassidys zanjoneros y la sorpresa. 
En mi carterita había una considerable suma en efectivo (acababa de cobrar la jubilación y me gusta sentir que la inclusión de estos tiempos me resulta útil a mí también), pero sobre todo mi amada agenda en la que guardo fotos de mis seres queridos y datos casi irrecuperables si se pierden. Me di vuelta y la oculté con mi cuerpo. El Negro, que se había deglutido una copa helada monumental, asegura que el pibe que nos sorprendió empuñaba una 9 milímetros. Mi cultura al respecto es nula. Si hubiese entrado con una pistola de jabón, como Woody Allen en "Robó, huyó y lo pescaron", para mí era lo mismo. No distingo una escopeta de una bayoneta ni que me las describa José Saramago y lo traduzca Pilar del Río.
Los muchachos hicieron su trabajo, cosecharon carteras y celulares y se esfumaron tan rápido como habían aparecido. Y allí andan parroquianos y parroquianas gestionando un poquito de burocracia para recuperar papeles y plásticos perdidos. La denuncia policial hay que hacerla porque es paso obligado para mover el elefante de los trámites y no porque abriguemos esperanza alguna en los sabuesos de uniforme azul. La cana llegó cuando los chorros andarían por Villavicencio. Tarde, como es habitual.
Es cierto, no nos pegaron, no nos dispararon, no nos hicieron tirar al piso ni nos mataron. Ni siquiera manotearon la caja del negocio. Apurados, fueron un relámpago en una noche estrellada. Y aunque no podemos comparar el episodio con tragedias cotidianas de sangre y muerte, me sirve para ratificar que mis sueños están intactos, que no quiero balas para esos pibes, que ninguna molestia y pérdida de tiempo ameritan la tortura a quienes son, sin duda, también víctimas de nuestra historia reciente.
Si la edad de los tres atacantes de anoche oscilaba entre los dieciocho y los treinta años, ahora, ya pasado el susto, cabe preguntarnos qué mierda hicimos como sociedad para que tres compatriotas anden un miércoles a la noche manoteando guita ajena. No van a lograr que me sume al coro de los iluminados por la furia.
Sigo al servicio de la vida, pese a los momentos tanáticos en medio de un festejo merecido.

viernes, 24 de junio de 2011

¿Cuándo arranca Filmus?


POR QUÉ LOS NAC & POP NO HABLAN DE SEGURIDAD: QUEDAN DOS SEMANAS…

 
“…Cuando solo restan dos semanas de campaña, muchos kirchneristas porteños viven entre la sensación de que la fórmula Filmus-Tomada no termina de crecer.
Mucho se ha puteado a Macri en estos 3 años y medio desde los sectores nac & pop y desde la izquierda. Esa prédica no parece permear en el treintaipico por ciento que vota por derecha desde hace una década.
Hoy pareciera que hace falta un discurso que no le saque el culo a la jeringa de la seguridad, y capitalice política y electoralmente una movida fuerte y arriesgada como la de Nilda Garré interviniendo la Federal y metiendo gendarmes y prefectos en varias comisarías desde el Ministerio de Seguridad nacional.
La violencia se padece mucho más en los sectores marginados y las respuestas suelen ser mucho más directas y menos políticamente correctas que las que parlotea la progresía. A la democracia le falta una bocha para que en Soldati se aprendan de memoria el teléfono del INADI.
Si la fragmentada sociedad capitalina no reacciona frente a un kirchnerismo de amplio espectro, quedan menos de dos semanas para empezar a aplicar las dosis que cada sector está necesitando…”

jueves, 17 de febrero de 2011

“La mafia que se viste de azul”

LA INSEGURIDAD DE LAS FUERZAS DE SEGURIDAD

Por Gerardo Yomal

Las pantallas televisas estallaban: en pocas horas, allá por noviembre de 2009, asesinaron a la arquitecta y catequista Renata Toscano (43), en Quilmes; la docente Sandra Almirón (37), en Derqui; y la bioquímica Ana María Castro (54), en Lanús Oeste. La crónica de los diarios relataba que las tres víctimas fueron asesinadas por delincuentes jóvenes que las asaltaron cuando estaban a bordo de sus autos y les dispararon a quemarropa.
Carlos Stornelli era el ministro de Seguridad de Scioli en aquel momento. Frente a esos hechos hizo una denuncia explosiva que implicaba a la propia policia: pidió investigar un "reclutamiento a menores y mayores de edad en asentamientos de emergencia de la Provincia de Buenos Aires, que habrían o estarían llevando a cabo presuntamente policías de la Provincia de Buenos Aires, retirados o exonerados, quienes asegurando una mentida protección a los mismos y otros beneficios, entre ellos dinerarios, les encomendarían tareas delictivas, bajo patrones criminales comunes".
Stornelli aseguraba que "casi como pergeñado, todas las víctimas fueron mujeres, con una exposición social importante -maestras o profesionales con múltiples contactos sociales- que automáticamente motorizaban, a sus núcleos de pertenencia social y barrial, multitudinarias marchas con claras infiltraciones que aún los propios protestantes eran quejosos de la presencia de miembros de políticas opositoras".
El ministro adjudicaba el asesinato de las mujeres a una especie de vendetta policial porque  “había dispuesto relevamientos en la división Sustracción de Automotores”.
La denuncia era muy fuerte; sin embargo quedó en aguas de borrajas.
En el día de ayer otra seguidilla de hechos de “inseguridad” conmocionaba a una parte de nuestra sociedad. Otra vez la crónica periodística: “los muertos fueron un operario de una empresa de cable, un taxista y un camionero. A los tres intentaron robarles sus vehículos, se resistieron y fueron baleados a quemarropa. En todos los casos, los asaltantes escaparon sin llevarse nada”.
Aunque no hay pruebas al respecto, sí es lícito pensar que en determinados momentos donde el termómetro de la inseguridad sube a límites que los medios y “la opinión pública” consideran insoportables no es habitual mirar al factor inseguridad que puede provenir de las mismas fuerzas de seguridad.
Cada comisaría de la policía bonaerense o, "La Bonaerense", como se le denomina en la jerga, tuvo (y tiene) como misión recaudar unos 15 mil dólares por mes. Así lo afirma Ricardo Ragendorfer, periodista que junto con Carlos Dutil escribió el libro "La Bonaerense: historia de la policía de la provincia de Buenos Aires
Según el periodista especializado en Policiales, la mitad de esos 15 mil dólares "se repartía entre el comisario, el subcomisario y el servicio de calle, en tanto que la otra mitad subía hacia las departamentales, donde tenía lugar un reparto idéntico: la mitad quedaba en el lugar y el resto sube a Jefatura".
Al hablar de "la Bonaerense" señalándola con dureza como "el Cartel de Buenos Aires", Ragendorfer sostiene que "las más activas en los quehaceres ilícitos suelen ser las que operan en las grande urbes, por su densidad de habitantes y la creciente desigualdad social".
La forma de operar de la "mafia que se viste de azul", tal como la califica, se centra en, concretamente: "arreglos, extorsiones, impuestos, peajes y tarifas o, lisa y llanamente, la complicidad directa de los uniformados en un diversificado mercado de asuntos, desde los más lucrativos -tráfico de drogas, desarmaderos, piratería del asfalto- hasta establecer ´zonas liberadas´para cometer asaltos y secuestros extorsivos".
"Las tasas de inseguridad pública son directamente proporcionales al nivel de corrupción existente en las filas policiales".
¿Cuándo será el día que la dirigencia política se decida a manejar en serio a la Policía y no a pactar con ella? ¿Por qué le dan posibilidad de regular los delitos? ¿Hasta cuándo tendrá independencia política del poder civil? ¿Cuándo se pondrán en caja a la Federal y a la Bonaerense?