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miércoles, 8 de junio de 2011

CRISTINA FERNÁNDEZ COMO MARIANO MORENO


El Plan de Operaciones como texto kirchnerista
Por Eduardo Nocera*
Podría decirse que Moreno y Kirchner vieron que el mundo permitiría una instancia propicia para situar un nuevo escenario: la emancipación.
En 1810 había una patria americana en peligro; hoy en 2010 también la hay pese a que la presidenta Cristina Fernández pareciera haber elaborado un Plan en marcha en relación con el “de Moreno” a diferencia de muchos proclamados “morenistas”. Basta con ver la actual ingerencia pública de los capitales reconcentrados, la manipulación de la información y los intentos de desestabilización económica y golpes de estado en la región. Esto significa que en idéntico caso al de dos siglos atrás, hay otra vez una patria a constituir, y para ello se necesita del concurso de patriotas, como es el caso de Moreno o Cristina. De ahí que el Plan tenga una vigencia simbólica en cuanto a programa de coyuntura, registro de aquello que no resulta posible diferir aun cuando crezca la difusión y severidad de las críticas, ya que siempre ha de redoblar la apuesta porque es un proyecto perseverante de sus propios fantasmas antes que un concepto que vaya a generar políticas consensuadas pensando a corto plazo en beneficios transitorios, sino que, más bien, debe construir nociones de conflicto desde donde ejecutar con autoridad y liderazgo un nuevo paradigma de soluciones duraderas.
Digamos que existe una filiación espiritual que nos permitiría encontrar al Plan en determinadas instancias muy simbólicas. Moreno piensa el Estado revolucionario de 1810 con medidas de corte populista que en 2011 darían respuesta a las preguntas de cómo se funda una patria o de cómo se constituye una identidad. Esto se hace evidente en un Moreno situado en Néstor Kirchner diciendo “todo vale en defensa de un modelo que ha sido retrocedido” cuando la 125 o la votación del “no positivo”. ¿De qué hablaba Kirchner? De que hay que recuperar las ideas para fundar una patria a partir de una política que lo atraviesa todo, lo que condujo en 1810 a Moreno y en 2008/9/10 a Kirchner hacia una confrontación durísima con la conciencia de que si se perdía habría un regreso a lo abominable de la situación anterior, es decir a 1809 o a 2001. Hoy diríamos que el Plan plantea lo que son grandes sectores del electorado acompañando en las encuestas al Gobierno pero exigiéndole a Cristina Fernández variables que profundicen el modelo. El miedo de Moreno es el regreso a lo colonial, así como el miedo de Cristina es el regreso al neoliberalismo en sus formas más explícitas. En el Plan la patria se está constituyendo sobre la marcha revolucionaria, al igual que el kirchnerismo deja de ser una creación matrimonial para hacerse carne en lo social al reaccionar con decisiones sorpresivas ante los embates conservadores en la búsqueda de esas bases que constituirían la apoyatura del Estado –es decir su intervención– para la causa emancipadora que ha quedado inconclusa. Desde esta perspectiva, el Plan bien podría pensarse como un texto kirchnerista dado que todo proyecto independentista debiera contener su Plan de Operaciones como un primer horizonte, camino por el que el Gobierno transita. Por supuesto, la aplicación de progresivos gestos federales hacia la conquista de la justicia social con todos los factores sociales integrados –incluidos los pueblos originarios y las comunidades de afrodescendientes-, el acceso a la tierra, la defensa de los recursos naturales y el medioambiente y la revisión de parte de la deuda externa y las concesiones a los grandes grupos económicos de la minería, el petróleo y el gas formará parte de una segunda etapa emancipatoria a donde el Plan no alcanza a llegar y a donde, a decir verdad, el kirchnerismo tendrá que ir.
*periodista, autor de El Plan de Operaciones en marcha. Más allá de Mariano Moreno (2010, Del Nuevo Extremo) 

martes, 7 de junio de 2011

PERIODISMO EN LA PICOTA


¿Independiente? ¿Puro? ¿Objetivo?
El oficio de Mariano Moreno
Rubén Furman
El primer periodista de la Patria no buscaba primicias sino que soñaba con revoluciones. Tampoco creía en un periodismo "independiente" sino en una prensa que ayudara a lograr la Independencia.
Mariano Moreno no fue un “militante” imparcial de esas causas y dos semanas después de la ruptura de los lazos coloniales creó el primer medio de prensa patrio, cuyo aniversario celebramos en la Argentina cada 7 de junio como Día del Periodista.
En "La Gazeta de Buenos Ayres", órgano oficial del gobierno revolucionario que se sustentó con dineros públicos, Moreno postuló las ventajas de informar sobre el “nuevo sistema” de gobierno, las medidas para “solidar la unión” de las provincias emancipadas y las “noticias prósperas o adversas” que llegaran de España.
Pero también se manifestó por dar “absoluta franquicia y libertad para hablar de todo asunto que no se oponga en modo alguno a las verdades santas de nuestra augusta religión y a las determinaciones del gobierno".
Por esa “augusta religión” de ideas jacobinas e intolerancia con los enemigos, primero fue marginado de la Junta por su ala conservadora y menos un año después fue asesinado -y su cuerpo arrojado al mar- en el barco que lo llevaba a un exilio diplomático a Gran Bretaña.
Los delegados al Primer Congreso Nacional de Periodistas, realizado en Córdoba en 1938 rescataron esa trayectoria abnegada como un modelo de libertad y autonomía. Encendieron una señal en la oscuridad de la Década Infame e instauraron la fecha de aparición de aquel órgano de prensa patrio como día de celebración a su tarea.
Cada época tiene su prensa y sus periodistas, pero aquellos delegados al congreso ya no eran sólo políticos o ideólogos que fungían de periodistas, como Moreno, Sarmiento, Mitre, Alberdi y Hernández, sino artesanos de un oficio con normas propias para un trabajo cotidiano.
Producto de la inacabable renovación tecnológica y económica, esos profesionales constituyeron el modelo de hombre de prensa que en 1946 instauró en el país el Estatuto del Periodista Profesional aun vigente: el del trabajador con derechos sociales.
Ese modelo no debería considerarse totalizador pero su virtud más evidente fue dejar establecido que existe una tensión entre el empleado de una empresa de prensa, cuya línea editorial no determina aunque la construya día a día, y aquellos que compran su trabajo y buscan cooptarlo a su mundo de ideas.
Ni las mejores ilusiones de las muevas camadas de periodistas con formación terciaria y universitaria que sueñan con contar la realidad sin limitaciones, ni el falso rol de jueces que les asignaron a los periodistas las expectativas sociales de justicia, lograron modificar esa realidad.
Menos aun la moda de aquellos que reemplazaron fuentes por auspiciantes, asegurando eso era fuente de independencia.
En tiempos en que la noticia ya no se diferencia bien del entretenimiento y la abundancia informativa termina convertida en barullo, el derecho a la información -que las Naciones Unidas reconocieron como esencial- debe lidiar además con la concentración de recursos que “silencia y manipula la información, deforma los hechos, abre sus páginas a las mentiras y calumnias que puedan dañar al adversario”.
Hoy como siempre, lo que mejor define la actividad del periodista sigue siendo su compromiso con la verdad y la honestidad en el ejercicio. Según la expresión inalterable de Rodolfo Walsh, ese que supo enhebrar en un solo haz el interés del militante con el rigor del profesional, se trata de "dar testimonio en tiempos difíciles.

sábado, 30 de octubre de 2010

La muerte de K dejó desnudos a periodistas y políticos opositores

¿Proyecto revolucionario?

Foto de Jesica Baez



Debate

Por Pablo A. Chami

Los diarios y los medios de comunicación hegemónicos no pudieron tapar el sol con las manos. Las imágenes de la congoja del pueblo ante la desaparición de un líder inundaron las pantallas, ocuparon las tapas de los diarios y saturaron los blogs. Esas imágenes, esas muestras de dolor, esas decenas de miles de personas que desfilaron delante del féretro de Néstor Kirchner, ese apoyo de los presidentes de América del Sur que vinieron a dar su pésame a la Presidenta Cristina Fernández y finalmente esa juventud maravillosa que lloraba en la Plaza de Mayo y que se proponía militar en política, -esa política tan desprestigiada- dejaron girando en el vacío a periodistas y políticos opositores.

Me parece que el proyecto de Kirchner es revolucionario. Revolucionario en el sentido de dar vuelta ciento ochenta grados la idiosincrasia neoliberal. Estamos en el bicentenario de la Revolución de Mayo. La Historia nos enseña lecciones que debemos tener en cuenta. Liliana, mi esposa, comparó la muerte de Kirchner con la de Mariano Moreno, y tiene razón: El líder ideológico e impulsor de la Revolución de Mayo fue Moreno. Pero ese líder murió –o lo asesinaron- en alta mar antes de cumplirse un año de la revolución. Pero la Revolución siguió su marcha. Nadie la pudo detener. Llegó San Martín y tomó la posta militar. Llegó Monteagudo y continuó difundiendo la ideología revolucionaria.

Creo que esta Revolución va a continuar. A pesar de la oposición mediática y política. Los jóvenes tomarán la posta que la muerte de Kirchner dejó vacante. Lo vimos estos días en la misma Plaza de la Revolución de Mayo.