Diferentes sectores políticos que miran más el vaso lleno que el vacío, en relación al kirchnerismo, han denunciado el déficit gubernamental en cuanto a una política ferroviaria. Nos referimos a Martín Sabatella, Carlos Raimundi, Hugo Yasky, Milciades Peña, Luis D´Elía, entre tantos otros. En este terreno el diputado Pino Solanas realiza críticas justas al gobierno que merecerían debatirse públicamente. Uno de los méritos del kirchnerismo en todos estos años fue el poner sobre la mesa la vuelta de la política como un eje central en el país. ¿Tomará nota Cristina Fernández de estas necesidades populares y actuará en consecuencia, además de generar un debate nacional? Puedecolaborar reproduce declaraciones del líder de Proyecto Sur.
Pino: “La compra de trenes es una locura”
El precandidato presidencial de Proyecto Sur, el diputado nacional Fernando “Pino” Solanas, sostuvo ayer que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner atentó contra la industria nacional al promover la importación de trenes y calificó de “estafa y negociado” esas adquisiciones.“Cuando la Presidenta va a China y dice ‘voy a comprar diez mil millones de dólares de material ferroviario’ es una verdadera locura, un atentado contra la Argentina”, sostuvo Solanas.
“Con la mitad de esos 10 mil millones de dólares se reconstruye todo el circuito ferroviario, se pone en funcionamiento a todos los grandes talleres-fábrica y se hacen nacer cientos de fábricas subsidiarias y, con la otra mitad, se reconstruye la flota marítima y fluvial, la industria petrolera y la fábrica de aviones”.
Respecto de los negocios ferroviarios con España, gestionados por el Gobierno nacional a través de un convenio marco con ese país y manejados por el ex secretario de Transporte Ricardo Jaime y su multifacético asesor Manuel Vázquez, Solanas aseguró que se trató de una “estafa” y un “negociado” que deberán dirimirse en las causas penales correspondientes.
Pero el precandidato presidencial de Proyecto Sur sostuvo además que la compra de material ferroviario en el extranjero se trató también de un “desprecio al trabajo argentino”, porque, enfatizó, “nosotros teníamos 37 fábricas ferroviarias”.
