NO HAY EN EL DISCURSO DE CRISTINA UNA VOCACIÓN GENUINAMENTE DISTRIBUCIONISTA NI UNA RETÓRICA QUE LA PUEDA ASOCIAR AL ESPECTRO DEL POPULISMO.
Este fragmento pertenece a un texto que el interesante ensayista, militante de Carta Abierta, escribió el 10 de diciembre de 2007 en Página 12. Sin dudas hoy Ricardo Forster no piensa lo mismo pero lo esbozado en estas líneas tenía que ver con la idea de distintos analistas en relación al rol político que jugaría Cristina Fernández. Puedecolaborar lo publica para seguir interpelando el pasado y poder comprender los tiempos que corren.
“…Pero también destacaba que nos preparábamos para despedirnos de la larga primavera camporista que, en muchos aspectos, caracterizó el tiempo de Kirchner; es probable que lo que vendrá se asemejará más a un gobierno a lo Bachelet, con mayores dosis de prolijidad institucional y mejores vínculos con el insaciable mundo empresarial. Hay, y eso se percibe más allá del resultado electoral, una atmósfera por la que circulan mejor los aires de la derecha, esos mecanismos de producción de sentido tan astutamente desplegados por los medios de comunicación que, insisto con esta idea, constituyen hoy el espacio más decisivo y poderoso de la derecha. No hay en el discurso de Cristina una vocación genuinamente distribucionista ni una retórica que la pueda asociar al espectro del populismo. Ella sabe, de todos modos, que su triunfo provino de los sectores populares y de las clases medias empobrecidas que han visto una luz de esperanza sobre la que seguirán insistiendo acrecentando su presencia política a través de las protestas sociales en medio de una Argentina que ya no se encuentra en caída libre ni en medio de una catástrofe que paralizaba las acciones. Los tiempos que se abren serán, entonces, complejos e interesantes, cargados de contradicciones entre proyectos de sociedad muy distintos que seguirán dirimiendo su hegemonía. Cristina tendrá que optar, los años del “infierno”, como los llamaba su esposo, ya han terminado y, ahora, se abren los de un país que, de distintos modos, no ha hecho más que boicotear sus oportunidades. Allí están las posibilidades: o dejarse fascinar por el glamour del poder hegemónico desviando la tímida incursión desarrollada por Kirchner hacia cierta condición anómala para regresar al redil del mercado o, por el contrario, profundizando en algunas líneas que les devolvieron cierta expectativa a los sectores más sumergidos de la población, apuntalar una política que recuerde que entre la reivindicación del conflicto como disparador de movilidad social y política y la distribución se juega la posibilidad de un intento de construir una sociedad más justa…”

