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martes, 13 de julio de 2010

Yo me quiero casar, y ¿usted?




Matrimonio homosexual: un reclamo simple y justo

Por Damián Hoffman


Que una institución haya sido siempre de una manera, no quiere decir que deba permanecer intacta en el futuro. Hasta que el voto femenino no fue aprobado, no se imaginaba a las mujeres sufragando. Hasta que en Sudáfrica no finalizó el Apartheid, no era pensable en ese país una convivencia pacífica y corriente entre negros y blancos.


Muchos otros de los argumentos que se levantan terminan ayudando a la causa. Se han escuchado ponentes que han dicho, literalmente, barbaridades como estas: “el estómago humano no está apto para permitir la entrada de semen”, “el día en que el hombre pueda amamantar, legalizaremos esta ley”, “los homosexuales son 30 veces más violentos y drogadictos” y “culpa de estos proyectos, suceden catástrofes como las de Haití o Chile”. O, pero aún, que un hombre podrá casarse con un animal; una comparación denigrante y sin sentido: ¿alguna vez un perro podría dar consentimiento explícito en la ceremonia?

En parte, la culpa de estos comentarios retrógrados no es de esas personas, sino de las construcciones sociales de las que estuvieron rodeados diariamente. Por ejemplo, las religiones, que condenan en gran parte a esta actitud sexual diferente a la mayoritaria, influyen fuertemente en esas mentalidades, con la facilidad presentada en Argentina, un país laico sólo en teoría. Justamente el matrimonio civil es civil, porque no tiene nada que ver con lo espiritual. Lamentablemente, comparte el mismo nombre con el sacramento. Y en el caso puntual de la Iglesia Católica, recicla los mismos fundamentos usado contra el divorcio, los casamientos interraciales y civiles. “La familia se va a terminar”, fue su predicción cíclica, nunca cumplida.

Quizás el costado más vulnerable del debate sea el de la adopción. Los militantes a favor tienen numerosos informes de los institutos psicológicos y psiquiátricos más representativos que respaldan su postura, mientras que los opositores poseen otros artículos, comúnmente de asociaciones evangélicas o católicas, que demuestran lo contrario. Más allá de quién tiene razón sobre el bienestar de un niño criado por dos mamás o dos papás, lo concreto es que hay una realidad: las familias homoparentales existen, y son varias. Muchas lesbianas acuden a la inseminación artificial y a la donación de esperma y se convierten en madres. Y los hombres gays adoptan como solteros. Pero solamente la mujer que dio a luz y uno de los padres adoptivos tienen la tutela del chico. El otro no tiene ningún derecho sobre el infante, ni este tiene protección legal. Esto afecta desde la obra social hasta problemas burocráticos en la escuela.


La unión civil es una alternativa que reflotó durante estas últimas semanas. Provee la mayoría de los derechos del matrimonio, salvo cuestiones hereditarias y la patria potestad de los hijos. El error de esta opción es que es una suerte de discriminación. Los derechos son más importantes que los nombres, pero sin los mismos nombres no hay igualdad de derecho. En todo caso, ¿acaso la diversidad no enriquece? El lema de la campaña a favor es “El mismo amor, los mismos derechos, con los mismos nombres”. Las relaciones, más allá del género de la pareja, son iguales. ¿Por qué separarlas entonces?

Muchas situaciones que uno no entiende se solucionan al ponerse en el lugar de otro. Con respecto al plebiscito, que consultaría a millones sobre los derechos de una minoría, por lo que basta imaginarse a uno mismo tocando las puertas de cada hogar de cada provincia, de cada departamento, de cada ciudad, de cada pueblo, preguntando si se puede casar con María, con Julia, con Romina. No es justo.

Por más arriesgada que sea esta conclusión, la cuestión de fondo es, entonces, la homofobia. O la cínica doble moral. El problema central no es si los gays deben o no casarse, o si deben o no adoptar. El problema central es si los que ellos consideran “desviados” deben ser igual que uno ante la ley, si “desviados” deben o no adoptar niños, de los que temen que salgan también “desviados”, contra todos los informes hechos. No hay pilar argumentativo que respalde su posición.

El debate en el Senado se vaticina complicado. En veinte años será imposible entender cómo dos personas del mismo sexo no podían casarse, por lo que oponerse no sirve como estrategia política, más aún teniendo en cuenta que las encuestas dicen que cerca del 60% del país está a favor. Y Argentina agregaría prestigio a su reciente política de derechos humanos, convirtiéndose en el décimo país en legalizar estas uniones y el primero en hacerlo en América Latina.

Si no sale la ley este miércoles, la Corte Suprema de Justicia fallará próximamente, como anticipó Tiempo Argentino, a favor de dos recursos de amparos, lo que presentará una jurisprudencia inmensa. Entonces, toda pareja homosexual que se presente ante un juez, podrá a la larga casarse. Siempre que pueda pagar un abogado y soportar el tedioso y humillante proceso. Por lo tanto, y como siempre sucede, los más damnificados serán nuevamente los pobres.

Recomiendo leer este artículo de Bruno Bimbi.

domingo, 13 de junio de 2010

"El Mural" de Siqueiros según Olivera


Por Damian Hoffman

El famoso “Mural de Siqueiros” es uno de las creaciones artísticas más exóticas y extravagantes que ha conocido nuestro país. Encargado por el director del polémico diario “Crítica”, Natalio Botana, el pintor mexicano, de nombre David, comenzó a pintar algo que, según él, iba en contra a su lucha socialista: hacer arte en el sótano de una mansión solamente para regocijo de sus huéspedes. El tiempo pasó, los familiares fallecieron, pero esas paredes quedaron solas y descuidadas, hasta que por orden presidencial se retiraron por separado los moldes del depósito donde se encontraban, fueron restaurados y hoy son exhibidos en el Museo de la Aduana Taylor en Capital Federal.

La última película de Héctor Olivera intenta contar qué sucedió en la gigante chacra del empresario mientras se llevaba a cabo la obra en los pisos de abajo. Y cuando se habla de los sucesos, no solamente se refiere a las relaciones entre las personas, sino tópicos como el convulsionado clima prefascista, crisis de identidades o el poder de los medios.

Como lo demostró en La Patagonia Rebelde, El Caso María Soledad y Ay Juancito, el cineasta sabe cómo mezclar la pasión o los conflictos entre personas y ciertos momentos históricos. En el trabajo más reciente, se centra mucho en las infidelidades, traiciones y deseos de los personajes principales. Desde Siqueiros con su mujer, hasta esta última con el mismo Botana y Pablo Neruda. Fiel al estilo del director, incluye numerosas escenas sexuales, algunas reiterativas y otras originalmente filmadas.

En el elenco, se destaca Bruno Bichir como Siqueiros, el personaje más creíble de la película. Su espíritu bohemio y su entusiasta comportamiento conviven perfectamente en esta encarnación. Luis Machín parece perdido en su rol, como si estuviese haciendo de él mismo viviendo las vivencias de otro. Sin dudas, es un actor notable, que se destacó mucho más este año en su papel de La Mosca en la Ceniza, pero en esta ocasión parece desaprovechado y lejos de parecerse al personaje de la vida real, tanto física como dialécticamente. Ana Celentano, una actriz de cine que empieza a ganarse notoriedad en el público, vuelve a cautivar con un personaje con problemas psicológicos. Acompaña correctamente al elenco Carla Peterson, en una osada labor.

La ambientación de época, quizás un poco acartonada por la rígida dirección de extras, logra trasladar al espectador a los años treinta mediante el diseño de vestuario y de escenografía.

Hay que criticar lo densa que se vuelve la narración por momentos. A la película, a pesar de durar poco menos de dos horas, le sobra una decena de minutos. Es que, sumado a esa lentitud, la historia pronto pierde su foco y se torna redundante. Enfoca casi exclusivamente las relaciones amorosas como espectáculo principal, dejando de lado la influencia que tenía el matutino en esa época, la avasallante personalidad e inteligencia del director del diario, y las negociaciones que se efectuaban con el poder político, como la distracción producida por la muerte de Carlos Gardel. Aspectos que al principio de la película amagan con ser profundizados, pero luego son desarrollados a medias.

Por lo tanto, la belleza, tanto corporal como plástica, está omnipresente en todos los fotogramas, convirtiéndose, de esta manera, en el tema protagonista de la cinta, recomendable para los seguidores de Olivera o aquellos que quieran saber más sobre unos de los hechos artísticos en Argentina más importantes del siglo pasado.