domingo, 8 de enero de 2012

Cuando dos reporteros gráficos no hicieron obediencia debida


LUIS ALBERTO SPINETTA, MEDIOS Y ETICA         


Por Patricia Grinberg      


Saludable el debate abierto a raíz del “escrache” de la revista Caras al músico y poeta Spineta, en momentos en que se recupera de una enfermedad.  Imperdible la carta que Pergolini publicó en su site sobre el tema.


Vamos a debatir y seguir debatiendo: ¿cuál es el límite de la “obediencia debida” de un reportero grafico o periodista a sus editores sedientos de sangre, sudor y lagrimas? ¿Hasta dónde llegar para preservar el trabajo, no entrar en las “lista negras” interempresarias, o ser congelado,  mandado  a la Siberia, como decimos en el gremio?


Dos ex reporteros gráficos de la revista Noticias, de la Editorial Perfil, que también edita Caras, respondieron, años atrás,  con hechos y no con palabras, a esa pregunta.


Esteban Mac Allister estaba presente el día que el líder democristiano Carlos Auyero murió mientras era entrevistado en un programa televisivo.  Mac Allister optó por no fotografiar la agonía y la muerte, actos privados hasta el paradigma, y por eso fue despedido de su trabajo.  Nunca se arrepintió de su decisión y continúa hasta hoy como free lance y editor de su propio banco de imágenes.


Toni Ormundo, el segundo reportero de nuestra historia, brasileño que en esa época vivía y trabajaba en Buenos Aires, fue a cubrir la conferencia de prensa que Menem dio en Olivos, a las 48 hs del asesinato de nuestro colega José Luis Cabezas, de la misma revista Noticias.


Quien esto escribe también estaba presente en la Sala de Periodistas de Olivos, el 27 de enero de 1997.  La convocatoria a la conferencia de prensa había sido sorpresiva. La mayoria de los periodistas estábamos como knockeados ese día, esperábamos que el entonces presidente saliera a solidarizarse, a repudiar el crimen .... pero Menem apareció sonriente en la Sala para anunciar la candidatura de Scioli a diputado y tal vez no hubiera mencionado a Cabezas si nosotros no reaccionábamos.


Fue entonces cuando comenzamos a preguntar sobre cómo se investigaría el asesinato de Cabezas (“hasta las ultimas consecuencias”, claro) y pedimos un minuto de silencio en homenaje a nuestro compañero.  


Cuando  el reportero Ormundo retornó a la redacción, lo primero que le pidieron fue la foto del minuto de silencio de los periodistas en Olivos.  “No hice la foto, hice el minuto de silencio junto a todos los compañeros”, fue la respuesta en portuñol de Ormundo y su pasaporte a la Siberia.


Podría, si este espacio me lo permitiera, relatar otros ejemplos de derogación en los hechos de la “obediencia debida” a las leyes corporativas del lucro y el poder, porque de eso se trata, consciente o inconscientemente, pero nunca en forma inocente.  Vivimos una era, desde hace muchos años (que lo diga Orson Wells) de lobotomizacion colectiva a través de los medios de comunicación de masas.  Pero en nuestro país, esa intervención quirúrgica sin bisturí (y sin anestesia) está hoy felizmente obstaculizada por la ley de medios audiovisuales,  el avance superlativo en el campo de los Derechos Humanos y la recuperación de la memoria colectiva y el debate profundo, permanente y autocritico de muchos periodistas que encienden una lumbre ante el oscurantismo, la censura corporativa y la autocensura de la obediencia debida.


Sepa el lector que esas condiciones no se dan en muchos países del mundo contemporáneo  y eso nos hace sentir, junto con otro par de razones, orgullosos de esta Argentina y de los soldados que, como los reporteros gráficos de nuestra crónica,  dicen que NO a una orden que choca con los más elementales principios de la ética humana.  En la Siberia hace frio, pero se duerme en paz.

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