MARCELO ARAUJO DENIGRABA A LOS BOLIVIANOS EN SUS RELATOS/LOS CANTITOS DE LA CANCHA SE HICIERON REALIDAD/LOS PREJUICIOS TERMINAN EN BARBARIE
Sigan jodiendo: entre fiestas y tragedias.
Mientras Estudiantes de La Plata disfruta los goles de Hernán López (uruguayo) que permitieron la consagración, Vélez se enorgullece de tener medalla de subcampeonato y al goleador del torneo, Santiago Silva (uruguayo), los socios de San Lorenzo eligen presidente a Carlos Abdo (nacido en Paraguay) y los fanáticos del turf se admiran del ganador del Pellegrini, el jockey brasilero Antonio Correia Da Silva, el país observa cómo retumban los latidos de miles de bestias xenófobas que se quejan e insultan y persiguen a los inmigrantes.
No era para tomarse en broma el desgraciado placer de buena parte de nuestra clase media que se atormenta con su imbécil creencia de adjudicar las culpas a bolivianos, paraguayos y peruanos. Muchos de estos aristócratas de mente y cuchillo, refugiados en las populares y plateas de nuestro fútbol, insultaron ayer e insultan hoy a negros brasileros, cobrizos latinoamericanos y morochos de nuestro Norte.
Ya se vio, semanas atrás, en las nada graciosas ocurrencias de miles de hinchas rojas que arrojaban paraguitas y bolitas de fraile en Independiente-Boca.
Como bien reflexionaba el único acierto que los pensantes publicitarios de TyC tuvieron en la vida (un aviso que rezaba “no cantes que los vamos a matar, porque ellos van y los matan”) la acumulación de hostilidades y prejuicios siempre termina en barbarie y en tragedia.
El potencial destructor de centenares de hinchas de fútbol (no es otro que el potencial destructor de miles de argentinos) ha sido uno de los tubos de ensayo para que germine el racismo. La retórica del nacionalismo, del aguante y de la intolerancia al rival dio una cosecha muy eficiente: ejércitos de barrabravas de clubes dispersos en la política, el sindicalismo, los barrios, los trabajos...
Las armas fascistas que portaban los barras de Huracán (en Soldati) y Defensa y Justicia (crimen de Mariano Ferreyra) forman parte de un desenlace que se alimentó desde la dirigencia futbolera y desde los medios de comunicación.
La subestimación del fenómeno de las barras bravas culminó en una decadencia tal que cualquier prédica de humanización hoy parece inútil.
Los recortes, los videos, los ensayos, los youtubes se acumulan. Poco a poco vamos conociendo persona por persona a los barras del país y también los calibres que usa cada uno y, luego de unos días, todo pasa a segundo plano porque pronto, muy pronto, la fiesta del fútbol y sus campeones ayudará a tapar todo.
Por eso no queríamos sumarnos a la merecida algarabía platense sin dejar estas reflexiones acerca de de estos miles de matones que balean militantes y pobres, inmigrantes y villeros.
Vienen de un fútbol enfermo, manejado por dirigentes surgidos de huevos de serpiente, en una sociedad enferma que aún les pone el voto a paranoicos señores de espíritu 1976.
