Mostrando entradas con la etiqueta matrimonio gay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta matrimonio gay. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de julio de 2010

Matrimo gay: no es un tema de putos y lesbianas

“Ama y haz lo que quieras”. San Agustín

Por Liliana Mizrahi.

La última vez que estuve en Jerusalén, la recorrí guiada por el padre García, un sacerdote franciscano encargado, (junto con otros), de cuidar Tierra Santa.

En un momento, le pregunté:

padre ¿para usted, quién mató a Jesús?

-¡Hija, lo matamos entre todos, todos los días!

Los que se oponen al matrimonio igualitario.
Los que juntan firmas para reforzar su rechazo.

Los indiferentes, que creen que es un tema de putos y lesbianas.

Los ajenos, que creen que el matrimonio igualitario es un tema que no les concierne porque ellos son bien heterosexuales, como debe ser.

Los que creen que no está bien que sean iguales ante la ley, porque en la realidad son diferentes.

Los discapacitados, que también son diferentes, ¿son iguales ante la ley?

Los senadores, que negocian su poder político, votan en contra del matrimonio igualitario, o los que cambian sus votos a último momento y traicionan, negocian con lo humano.

Los que hablan desde una iglesia que debería avergonzarse de sí misma y llamarse a penitencia y oración, porque la pedofilia no es un juego que haga felices a los niños.


“Raza de serpientes, hipócritas, sepulcros blanqueados con una fachada de limpieza por fuera y por dentro la podredumbre”, les dice Jesús a los fariseos.


Los fariseos cuidan las apariencias, las fachadas, blanquean los sepulcros para dar una imagen de limpieza y que no se vea su propia podredumbre interna. El odio y la indiferencia se codean y hacen muecas.
Los fariseos, viven pegados a la observancia de leyes que promueven la división. Separan para controlar y crear antagonismo entre nosotros, todos.

Ellos son los que destruyen lo sagrado: el amor, la unión, el respeto de la diferencia y la igualdad frente a la ley.


El orden familiar no se funda en la diferencia sexual y en la estereotipia de los roles.

El orden familiar se funda en el bienestar común que da el amor y el reconocimiento mutuo que crea unión, el cuidado y el aprendizaje constante.


La santa hermandad inquisidora cree que los hijos de parejas homosexuales van a salir mal, confundidos y traumatizados.

Parecen no saber nada de los hijos sobrevivientes de parejas heterosexuales, de los hijos de familias disfuncionales y violentas, de hijos sobrevivientes de malos divorcios, de hijos apropiados, hijos de desaparecidos. No saben nada.

Los hijos de homosexuales tendrán una realidad más o menos difícil, de acuerdo a como los integre la sociedad a sus padres y por lo tanto a ellos.


“Los padres y madres homosexuales son tan comunes y corrientes como los otros, es decir, se parecen a las familias de antes, familias horizontales de fines de siglo, recompuestas sin cesar.” Elizabeth Roudinesco

Estos fariseos, arios puros, y “heterosexuales hasta la muerte”, no reconocen la verdadera y real decadencia de los valores tradicionales de la familia, el fracaso de la heterosexualidad obligatoria y el quiebre de la familia tipo.

La moral cerrada de la obligación, y la ciega obediencia a dogmas, se enfrenta a la interesante realidad de “las familias venideras”.


“El abanico humano de culturas es amplio y permite una variación indefinida en la organización familiar.” Levi-Strauss


Los nazis estigmatizaban a los judíos obligándolos a usar una estrella amarilla y marcaban con un triángulo rosa, a los homosexuales, humillándolos también, porque ni unos pertenecían a la raza aria, ni los otros la perpetuaban.

Aunque a simple vista no se ve, los que se oponen al matrimonio igualitario, tienen en la frente, el triangulo rosa de los nazis, y contribuyen al despojo clerical con la falta de legitimación de la igualdad.


En la realidad, el matrimonio igualitario expresa una fuerte voluntad de integración social, de homosexuales y heterosexuales. Integración que es también reconciliación y reparación. Encuentro y re-encuentro.

Tener tantos prejuicios, creencias ancestrales, en definitiva dogmas, y querer imponerlas socialmente, es como tener la cabeza llena de tumores malignos que crecen y crecen y pueden enfermar a otros.


Estas personas: senadores que se oponen, juntadores de firmas y otros inquisidores, son gente peligrosa. Son peligrosos porque son inhumanos, no les interesa realmente el otro, humillan el pensamiento democrático. Defienden al nonato y después se desinteresan, vulneran y abusan del nato.

Ellos frecuentan el poder infinito de la crueldad humana: No aman lo humano y su permanente cambio. Aman la rigidez del poder, la fijeza del dogma y la hipocresía de las fachadas.


Se trata, entre otras cosas, del terror que tienen los que se oponen, a asistir al final del patriarcado, ver el naufragio de la propia autoridad, además del miedo al poderío ilimitado de lo femenino, y lo materno. ¡Qué susto, eh?!


El deseo, la necesidad de legitimidad e igualdad ante la ley, desordena lo convencional, social, y aterroriza a los que adoran el statu quo.

Insisto ¿La iglesia no debería revisar su propia conducta, en tanto cómplices, encubridores de pedófilos, violadores y abusadores?


El 14 de julio es el aniversario de la Revolución Francesa, se proclama la libertad, la igualdad, y la fraternidad.

Yo quiero eso mismo para la Argentina siglo XXI, que seamos iguales frente a la ley.

“Ama y haz lo que quieras”, dice San Agustín.

lmizrahi@pachami.com

miércoles, 23 de junio de 2010

“Sufrí vergüenza por la homosexualidad de mi hermano”

Por Roberto Ben

Apoyo la legalización del matrimonio gay

El 14 de julio se votará en el senado el proyecto de ley de matrimonio para todos y todas y, particularmente, se decidirá si gays y lesbianas gozan de los mismos derechos que heterosexuales. Quiero invitarlas e invitarlos a la marcha en apoyo a la ley que se realizará el mismo día, a las 18hs en el congreso.

Esta ley no será promulgada sino hacemos suficiente presión toda la sociedad. En particular quiero invitar a los/as heteros a sumarse a esta lucha, porque sin nuestro apoyo será mucho más difícil conseguir la igualdad de derecho ante la ley. Porque todavía hoy la homosexualidad es algo que mucha gente elige ocultar por miedo a la pérdida de su trabajo, a la mirada prejuiciosa de sus pares, a los chistes estúpidos de tanto enfermo de homofobia (con derecho a casarse y adoptar hijos, por cierto), en pocas palabras, por miedo a ser discriminada.

Ellos y ellas, que hoy son inferiores ante la ley, en muchos casos son nuestros hermanos, cuñadas, tíos, amigas, compañeros de trabajo, de estudio, etc. Hoy a los heteros nos toca tenderles una mano para que ante la ley gocen de nuestros derechos así como son iguales ante las obligaciones, para que el día de mañana no haya más closets con personas adentro.

Los argumentos del conservadurismo de hoy en oposición a esta ley son, además de anacrónicos, fascistas. Principalmente les repugna la idea de que parejas homosexuales puedan adoptar niños. Dice una editorial del diario La Nación del 19 de junio (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1276544), apoyándose sesgadamente en estudios de una de las universidades más conservadoras de EEUU, que "los menores que viven y son criados por parejas homosexuales han padecido fuertes emociones, como miedo, inseguridad, ansiedad, aprehensión, vergüenza y enojo al tratar de esconder o negar la homosexualidad de los padres, molestarse por recibir sobrenombres dolorosos y alteración de sus amistades".

Más allá de que estos sentimientos también los hemos tenido casi todos los que fuimos criados en hogares heterosexuales, lo que no dice dicha editorial es que esos sentimientos no son producto de la orientación sexual de los padres, sino de la sociedad homofóbica que opina como el que escribe la editorial. Yo mismo he sufrido de vergüenza, aprehensión, enojo, etc. en mi infancia y temprana adolescencia al tratar de esconder o negar la homosexualidad de mi hermano mayor.

Pero también he vivido sentimientos muy positivos, como seguramente los deben sentir muchos niños que viven en hogares homosexuales. El de amar a una persona por lo que yo reconozco que es y no por lo que una gran cantidad de prejuiciosos me dicen que tengo que pensar que es. El de aprender a enfrentar con valor y críticamente posturas mayoritarias. El de confiar en mi pensamiento y mis sentimientos y no dejarme humillar por la burla o el chiste fácil y estúpido de un interlocutor al que se le acabaron los argumentos. El de ser tolerante, comprender y aceptar que otras personas reflexivas, comprensivas y con buenos sentimientos tengan dificultad para cambiar su postura y necesiten más discusión, más introspección y un tiempo propio para reacomodarse, tal como lo he necesitado yo.

Apoyo la ley de matrimonio porque quiero para mi hermano y para el resto de los homosexuales, travestis, transexuales y bisexuales, el derecho a casarse. El derecho a adoptar hijos, brindarles amor y vivir la hermosa experiencia que es ser padre o madre. El derecho a compartir la obra social con su pareja e hijos. El derecho a una pensión por fallecimiento para él o su pareja. El derecho a amar a quién deseen y ser como cualquier otro/a ciudadano/a ante la ley.

Apoyo la adopción por parte de parejas homosexuales porque quiero que los niños que hoy están en la calle tengan derecho a un hogar, a una familia y a recibir amor. A crecer y educarse en la diversidad de ideas y sentimientos. Y creo que esto se los puede brindar cualquier pareja dispuesta a dar amor y contención, independientemente de su orientación sexual.