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jueves, 6 de mayo de 2010

Por qué adhiero a Pino Solanas

Debates: A tiempo

Por Julio Fernández

A pesar de la negación de Néstor Kirchner, la Transversalidad sigue vigente en la sociedad política argentina.

No hay solo el Grupo A y el Grupo B, como pretenden los viejos partidarios del pensamiento único, responsables del vaciamiento nacional y popular de las últimas décadas.

Una tercera opción es posible.

Así quedó demostrado, una vez más, en diputados, durante la sesión de la ley de matrimonio diverso, en la madrugada del miércoles.

Es una falacia, una trampa de las clases dominantes, suponer que solo ellos pueden conducir.

Y es una simplificación absurda, creer en "una derecha opositora" y en "un oficialismo progresista".

Nada más errado.

Por el contrario, cada día que pasa se hace más evidente la necesidad de volver a aglutinar a todo el campo nacional y popular en una nueva e independiente alternativa política, equidistante de las viejas composiciones del PJ y la UCR, que exprese y vaya por todas las transformaciones emancipatorias que han dejado pendientes esos sectores, llevados de las narices por los Cavallo, los Alsogaray y los Sourruille.

El año del bicentenario, es un buen momento para ello. La caída del Muro de Wall Street, una inmejorable oportunidad. La derecha está con sus paradigmas por el suelo. Quebrada en mil pedazos.

Si hasta Piñera, pareciera tenerse que mimetizar con la nueva realidad ejemplarizadora de la UNASUR, contradiciendo su propio fundamentalismo.

Es que la región, a pesar de los traspiés y las "timideces" de algunos, sigue estando a tiempo para los grandes cambios.

Y, nuestro país, con toda la lucha heroica de su pueblo, no está llamado a ser la excepción: solo hay que animársele a las nuevas herramientas y enarbolar las propuestas de las nuevas épocas.

En eso estamos con Pino y el Movimiento Proyecto Sur.

martes, 20 de abril de 2010

Grupo A: Yo crispo, tu crispas, él crispa…


Ilustración de "El viejo vizcacha"

Por Franco Spinetta

Elogio a la crispación

El denominado grupo A, radicales, peronistas disidentes, lilitos, socialistas y ¿pinistas?, Los “Opositores”, han desnudado su estrategia: empujar al Gobierno al campo de la confrontación y la pelea cuerpo a cuerpo.

Esto quedó evidenciado la semana pasada, en la polémica votación por el Impuesto al Cheque. Los “Opositores”, que se rasgaban las vestiduras por su supuesta constitucionalidad, gambetearon la ley y llevaron la discusión a un plano donde es necesario hilar muy fino: ¿quién puede explicar concretamente, sin caer en tecnicismos, la diferencia entre derogar y modificar?

Pero el motivo de esta nota, no es comentar la votación del Senado, sino rever la intencionalidad política del arco opositor.

La auténtica contradicción de esta democracia es que la oposición, en tanto tal, se opone, socava y horada el poder de turno para convertirse en Gobierno. Eso, tratándose de una oposición irresponsable, por supuesto.

Esta oposición no propone, no se convierte en alternativa. Es sólo anti K, con lo cual cabe la pregunta de quién aplica la lógica amigo-enemigo. ¿Hay algo menos identitario que ser anti? El anti es un conglomerado de falsas posturas. Federico Pinedo, diputado Pro, reconoció que Kirchner hizo algo bueno: los unió a todos en su contra. ¿Es seria esta mirada de la realidad?

Hoy, Los Opositores, quieren empujar al Gobierno a tomar decisiones que no caerían bien en la opinión pública. Que no dan quórum, que no quieren tratar las leyes, que atacan a Julio Cobos, que la Presidente va a vetar las leyes que no le gustan por pura maldad, que no escuchan, que no debaten. Esta es su única estrategia, desprestigiar y anular la discusión.