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martes, 15 de junio de 2010

Raperos bolivianos contra contenidos mediáticos

El pueblo está cansado de las mentiras.

Señor periodista, no insista con su mentira.

No queremos más distorsión informativa.

Estoy harto de este canal.

No queremos más medios mentirosos, para el pueblo son enemigos peligrosos.

martes, 4 de mayo de 2010

Halperín, Cox y Escudé bajo la censura.



Por Gerardo Yomal

Cuando le levantaron el programa en radio Mitre a Jorge Halperín y Carlos Barragán, la “gran prensa” no dijo nada. Y el periodista en cuestión había sído muy claro: lo sacaron “por razones ideológicas”.

Cuando Nelson Castro tuvo un cortocircuito con los nuevos dueños de Radio del Plata fue un escándalo nacional e internacional. ADEPA y la SIP pusieron el grito en el cielo. La cancelación del contrato del periodista le venía como anillo al dedo al stablishment político-mediático para fustigar al gobierno nacional.

Era un tiempo donde por ejemplo algunas editoriales tenían bien claro que lo que vendía en ese momento eran ensayos periodísticos que denunciaran al gobierno. “Si tenés algo contra el kirchnerismo hacémelo saber…” decían claramente varios editores cuando había periodistas que ofrecían libros.

El negocio era pegarle al oficialismo. Y además tenía que ver con que muchos ya le habían decretado la muerte política definitiva.

En ese contexto la salida de Nelson Castro fue un acto de censura de “empresarios ligados al gobierno” mientras que la de Jorge Halperín era un avatar más entre un empleado y una empresa “independiente”.

Y a proposito de diferentes varas con que se miden a los periodistas hace unos meses dialogué con el periodista británico Robert Cox, que dirigió el diario en inglés Buenos Aires Herald durante la dictadura militar. Hombre de prosapia liberal, tenía diálogo con los militares en el ‘76 y apoyaba a Martínez de Hoz. Sin embargo, en lo que respecta a los derechos humanos, les abrió el juego en forma valiente a las Madres de Plaza de Mayo y demás familiares de desaparecidos cuando la mayoría de los medios les cerraba las puertas. Paradójicamente o no tanto, Cox me confesó que en la actualidad el diario La Nación que acusa al kirchnerismo de ser una dictadura “hoy me tiene censurado”. Seguramente tendrá que ver con este tipo de declaraciones: “yo necesito leer Página/12, porque La Nación describe un país y una ciudad que yo no puedo ver ni reconocer. Y en eso, La Nación actúa como bajo la dictadura. En aquel momento, ignoraba lo que pasaba y ahora también.”

También el pintoresco Carlos Escudé que en su momento adhirió a “las relaciones carnales” de Menem y Di Tella hoy se ha vuelto mala palabra en el Diario de los Mitre. La cuestión es que para la línea del diario, Escudé giró “a la izquierda” y tiene posturas de apoyo al actual gobierno. Por eso sus columnas en dicho diario no aparecen o cada vez son más espaciadas.

Si la mayoría de las empresas periodísticas no dijo nada sobre la “censura” a Halperín, quién se va a fijar en Cox o en Escudé. Nadie.

miércoles, 14 de abril de 2010

1821-2009: Nos mean y dicen que llueve






Pifies de nuestra prensa gráfica

La Gaceta de Buenos Aires, medio oficial, anunció la muerte del general Belgrano en 1821, recién un año después de que ocurriera. Cuando se llevaron preso a Perón en octubre de 1945, el diario de Botana tituló: “Perón ya no constituye un peligro para el país”.

Durante la dictadura de 1976-83, los represores de la ESMA usaban a revistas de la Editorial de la familia Vigil para filtrar notas con “pescado podrido” (noticias falsas) o desinformar. Cuando en 2002 una patrulla de la policía comandada por Alfredo Franchioti (luego condenado por asesinato) mató a los piqueteros Maximiliano Kosteky y Darío Santillán, para el diario de mayor tiraje fue “la crisis” la que “se cobró otras dos víctimas”. En 2009 murió la directora del diario Nueva Provincia, siempre coherente en su recalcitrante rol promilitar, Diana Julio de Massot, y el diario mitrista escribió en su necrológica titulada “Defensora infatigable de la prensa libre” que su diario colega de Bahía Blanca había sido de lectura insoslayable “durante los años de fuerte influencia militar en las decisiones políticas argentinas" (¡sic!).

Las empresas periodísticas, ¿tendrán algo que ver con nuestras tragedias?

(Del libro "El Otro Bicentenario, 200 hechos que no hicieron patria" de Gustavo NG, Néstor Restivo y Camilo Sanchez, que acaba de publicar la editorial Aguilar con motivo del Bicentenario )

miércoles, 7 de abril de 2010

Cómo hacer un medio periodístico "kósher"


Ingredientes: dinerillos oscuros, "lavados", jueces, countries y aprietes...

Por Rubén Levenberg*


Los despidos y don Dinero
Navegaba por Internet con el objetivo de entender un poco mejor quiénes son los dueños del Grupo Uno -que en Rosario despide trabajadores de prensa y se rie de las conciliaciones obligatorias- cuando me encontré con una vieja nota de Mariano Obarrio, el periodista de La Nación. Se me ocurrió que valía la pena reproducirla y para eso está el vínculo que agregué.

Para quienes hacíamos periodismo allá por los años 80, más precisamente en el 82, época en la cual los centros de estudiantes se preparaban para el retorno a la democracia, un militante mendocino vestido con un traje pensado para alguien más flaco, con menos traste y mejor plantado que él, mezclado entre los cánticos estudiantiles trataba de hacerse de amigos periodistas. El mundo de la política estaba por parir una estrella y el mendocino respondía a todos los requerimientos básicos para cubrir uno de los puestos vacantes: Mucha simpatía y pocos escrúpulos. Entre sus compañeros peronistas, el jóven José Luis Manzano era uno más de los influyentes que se acercaba a la renovación para enganchar algún sueldo oficial. Era un producto de la clase media mendocina, pero no la que levanta la nariz como un ganso sino la que se esfuerza por manterner cierto statu-quo trabajando. La familia, no el retoño.

No creo que haga falta contar cómo llegó de militante a ministro de Carlos Saúl el Riojano. Diremos, simplemente, que siguió un derrotero parecido al de otros dos adalides de lo que luego sería la "cafieradora", organización liderada por Antonio Cafiero que tenía el objetivo de renovar al peronismo. O al menos era lo que decían Carlos Grosso; futuro intendente de la Ciudad de Buenos Aires; José de la Sota, futuro gobernador cordobés y el propio Manzano, quienes fueron las caras visibles del patriarca de la familia Cafiero. Tras la derrota, en 1989, y mientras su adversario comenzaba a festejar el triunfo en la interna, De la Sota, Grosso y Manzano comenzaban a jugar con el líder triunfante. Fue un salto mortal que el mejor trapecista del mejor de los circos hubiera envidiado.

De allí en más, justamente el cubano exiliado Más Canosa -fallecido hace tiempo- sirvió de contacto para que algunos dinerillos de origen poco claro terminaran invertidos en medios de comunicación y otros negocios, en asociación con la familia Vila, dueña del diario Uno, que luego pasó a ser el Grupo Uno. Abundan las historias que circulan acerca de cómo se construyó el grupo, pero no nos interesan los chismes.

A cambio, invito a los lectores a un ejercicio de imaginación que bien podría aplicarse a una docena de casos más o menos importantes en la Argentina y en el mundo. No al de Vila-Manzano-Mas Canosa, claro, que la lengua se nos haga a un lado: El señor A le ofrece dinero al señor B para que le venda sus acciones en un diario o en un canal de TV. El señor B dice que si, porque el precio es tentador. Se firma la operación y el señor A se hace cargo del diario. Luego viola el contrato y no paga un centavo a B. El señor B intenta protestar ante la justicia, pero justamente a través del diario o el canal adquirido se inicia una campaña en su contra. Fotos trucadas, campañas con información falsa, seguimientos, etc. El resultado, el antiguo dueño del diario o el canal se tiene que resignar a perder todo, antes que perderse a si mismo y a su familia. Algo parecido podría ocurrir si el dueño de un canal de TV no quiere vender.

Jueces que tienen casa en un country que pertenece al monstruo mediático, policías bravas que se llevan mejor con los jueces que con la Justicia, campañas contra adversarios económicos, lazos con personajes non-sanctos del exilio cubano (por no decir narcos, que suena feo) y aprietes varios son ya muy conocidos.

En dichas manos queda ahora parte del poder mediático, que comparten con el grupo Clarín. Porque a pesar de que se sigue utilizando el término "monopolio" para describir la concentración de poder mediático que estos empresarios o pinches devenidos en tales fueron juntando en pocos años, el término correcto es "oligopolio". Sea cual sea el nombre, queda claro que hay una furia notable entre quienes están acostumbrados a ganar sus peleas mediante recursos mafiosos. Contra todo un gobierno no es tan fácil, aunque una jueza alojada en un country del grupo y una cámara que simpatiza con el grupo por sus ideas nostálgicas acerca de la última dictadura militar hayan logrado suspender la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales.

A veces vale la pena agudizar un poco la memoria. Bastaría con leer la nota de Mariano Obarrio para descomponerse un poco. Como seguramente se habrán descompuesto los señores "B" que sucumbieron ante uno de los oligopolios. ¿Se hará justicia alguna vez?

Postdata: Para evitar los malos usos de la terminología económica, aquí van dos definiciones necesarias para el momento. De nada.

Monopolio: Situación de mercado en que la oferta de un producto se reduce a un solo vendedor.

Oligopolio: Concentración de la oferta de un sector industrial o comercial en un reducido número de empresas.