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miércoles, 9 de mayo de 2012

Una interpretación del kirchnerismo

Jorge Fernández Díaz: “…Semana tras semana intento escribir de otra cosa y no lo consigo: el kirchnerismo me interpela, me sorprende, me ofende, me repugna y me provoca admiración. Me tiene, como una gran película, al borde de la silla, comiéndome las uñas…”

viernes, 12 de agosto de 2011

A la oposición la asesora Capusotto

SEGÚN JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ, PERIODISTA DE “LA NACIÓN”


“…el ciclo kirchnerista no ha terminado…”

“…Basta hablar un rato con los encuestadores más serios para entender que Scioli le lleva 30 puntos a su perseguidor, y que hoy Cristina podría ganar en primera vuelta…”

lunes, 2 de mayo de 2011

Kirchner: “Si no destruyo a Duhalde, Duhalde me destruye a mí”


DEBATE A RAÍZ DE “EL FLACO”, EL ÚLTIMO LIBRO DE FEINMANN. LA ÉTICA EN ESTADO PURO Y LA POLÍTICA EN CONCRETO. LA OPINIÓN DE FERNÁNDEZ DÍAZ
Debates
Por Franco Spinetta
Hace dos domingos, el excelente periodista Jorge Fernández Díaz le dedicó un artículo en la página dos del diario La Nación al último libro de José Pablo Feinmann, El Flaco. La crítica serpentea entre el elogio, la envidia y la intención de mostrar que -en realidad- el filósofo fue víctima de su inconsciente: “Feinmann escribe El Flaco para exaltar a Kirchner sin entender que en verdad lo está criticando. El inconsciente de los grandes escritores suele actuar de manera ingobernable: labra bajo la superficie un segundo libro inesperado y más verdadero”.
 Luego describe dos anécdotas que seguramente irritaron al lector medio del diario más conservador de la Argentina. En una, Kirchner está junto a Alberto Fernández organizando el armado territorial hasta que llegan a un distrito donde no tienen a ningún dirigente. Dice Fernández Díaz: “Néstor ya ha pronunciado su credo: la política es no hacerle asco a nada. Pone un dedo en una localidad y pregunta qué candidato tienen. El jefe de Gabinete le dice "nadie". Luego le menciona cuatro o cinco nombres de otros partidos. Ninguno es decente. Se preguntan entonces quién es el más barato. Resulta ser un dirigente de Luis Patti, a quien apoyarán. "Esto es política -señala al final el ex Presidente -. ¿Cómo se lo explico a los progres?".
 En la otra, se despacha: “Todo empieza cuando el jefe del Estado lo llama por teléfono para anunciarle que al día siguiente hablará ante las Naciones Unidas: "Y voy a estar muy duro". Parece que se viene un anuncio que hará temblar a los imperios, pero resulta que sólo se trata de decir que "somos hijos de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo". Aunque a los imperios no les mueve un pelo, a Feinmann lo impresiona vivamente: "Me quedé frío. Como si, en efecto, me hubiera muerto ese día". Después se encuentra con otros pensadores: todos parecen extasiados con la "osadía" de Kirchner. Le adjudican una importancia política gigantesca a su anuncio y revelan así, sin querer, la tremenda orfandad que tenían los intelectuales de izquierda hasta la llegada del kirchnerismo”.
 Al finalizar el texto, Fernández Díaz dice que Feinamann “logra que los kirchneristas lo lean como una obra de reafirmación doctrinaria y los antikirchneristas, como un manual de lo que no se debe. Logra, en definitiva, una obra imperdible de estos tiempos”.
 Acabo de terminar de leer “El Flaco”. No sé si el periodista del diario La Nación leyó todo el libro o si leyó sólo los adelantos o algún amigo del diario le contó lo que “dicen que dice Feinmann en ese libro”. Con magistral gambeta, Díaz hizo una crítica para quedar bien con Dios y el Diablo, con Escribano y con Kirchner (o viceversa). Cualquiera que lea el excelente e imperdible texto de José Pablo Feinmann verá que allí no hay inconsciente, más bien hay dolor y alegría a flor de piel y sobre todo una crítica feroz al aparato peronista (y también a los Montoneros y la izquierda, pero esa es otra cuestión). La tensión del libro, justamente, reside en los intentos de Feinmann por convencer a Kirchner de que no coopte el aparato, que se dice duhaldista. “Si copás el aparato, el aparato sos vos, dejás de ser Kirchner y pasás a ser Duhalde”, le dice. “Si no destruyo a Duhalde, Duhalde me destruye a mí”, contesta Néstor.

sábado, 23 de octubre de 2010

El asesinato de Mariano Ferreyra: Cristina culpable

Jorge Fernández Díaz, autor de Mamá y de La Hermandad del Honor, entre otros textos recomendables, fija su postura política sobre el reciente asesinato del militante del PO y de la misma manera que determinados medios y periodistas le carga la romana del crimen al gobierno nacional.



Perspectiva

Instrucciones para armar un polvorín

Jorge Fernández Díaz

LA NACION

1) Pronuncie discursos violentos contra distintos actores sociales. Muestre que la retórica del enfrentamiento constante es necesaria y patriótica. Convierta, todo el tiempo, a los simples adversarios en imperdonables enemigos.

2) Aliente la toma de colegios y puentes, salude las presiones sindicales, celebre las ocurrencias piqueteras. Haga la vista gorda o directamente festeje irregularidades callejeras, como el copamiento de una comisaría, boicots y bloqueos contra empresas o cortes permanentes de rutas.
3) Ocúpese de exaltar a los jóvenes revolucionarios de los 70. Borre los salvajismos humanos, políticos y militares que perpetraron y conviértalos en héroes. Proteja a terroristas extranjeros acusados de asesinar, en democracia, a políticos de su país. Asóciese con un sector de las Madres de Plaza de Mayo que reivindica expresamente la lucha armada, el atentado del 11 de Septiembre y a ETA.
4) Monte un dispositivo mediático que burle, desacredite e injurie a las personas que se atrevan a criticar a su gobierno. Caliente la pava. Y use la AFIP y la SIDE para perseguir disidentes.
5) Convierta al ortodoxo líder de la CGT en un Frankenstein todopoderoso que cultive la cultura de la prepotencia y el apriete. Deje que amenace, en nombre de la patria sindical, con hacerle la vida imposible a cualquier eventual alternancia política de la democracia.
6) Promueva, como lo sugieren los teóricos populistas, una política transversal de la división y fogonee el odio de unos contra otros.
7) Practique la alta inflación, que trae miseria, produce nervios y aviva la puja gremial hasta niveles supremos.
Si usted cumple con estos siete puntos despreocúpese: su país será un polvorín. Lo único que debe hacer ahora es echarles la culpa a otros y gobernar sobre las cenizas.