DEBATE A RAÍZ DE “EL FLACO”, EL ÚLTIMO LIBRO DE FEINMANN. LA ÉTICA EN ESTADO PURO Y LA POLÍTICA EN CONCRETO. LA OPINIÓN DE FERNÁNDEZ DÍAZ
Debates
Por Franco Spinetta
Hace dos domingos, el excelente periodista Jorge Fernández Díaz le dedicó un artículo en la página dos del diario La Nación al último libro de José Pablo Feinmann, El Flaco. La crítica serpentea entre el elogio, la envidia y la intención de mostrar que -en realidad- el filósofo fue víctima de su inconsciente: “Feinmann escribe El Flaco para exaltar a Kirchner sin entender que en verdad lo está criticando. El inconsciente de los grandes escritores suele actuar de manera ingobernable: labra bajo la superficie un segundo libro inesperado y más verdadero”.
Luego describe dos anécdotas que seguramente irritaron al lector medio del diario más conservador de la Argentina. En una, Kirchner está junto a Alberto Fernández organizando el armado territorial hasta que llegan a un distrito donde no tienen a ningún dirigente. Dice Fernández Díaz: “Néstor ya ha pronunciado su credo: la política es no hacerle asco a nada. Pone un dedo en una localidad y pregunta qué candidato tienen. El jefe de Gabinete le dice "nadie". Luego le menciona cuatro o cinco nombres de otros partidos. Ninguno es decente. Se preguntan entonces quién es el más barato. Resulta ser un dirigente de Luis Patti, a quien apoyarán. "Esto es política -señala al final el ex Presidente -. ¿Cómo se lo explico a los progres?".
En la otra, se despacha: “Todo empieza cuando el jefe del Estado lo llama por teléfono para anunciarle que al día siguiente hablará ante las Naciones Unidas: "Y voy a estar muy duro". Parece que se viene un anuncio que hará temblar a los imperios, pero resulta que sólo se trata de decir que "somos hijos de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo". Aunque a los imperios no les mueve un pelo, a Feinmann lo impresiona vivamente: "Me quedé frío. Como si, en efecto, me hubiera muerto ese día". Después se encuentra con otros pensadores: todos parecen extasiados con la "osadía" de Kirchner. Le adjudican una importancia política gigantesca a su anuncio y revelan así, sin querer, la tremenda orfandad que tenían los intelectuales de izquierda hasta la llegada del kirchnerismo”.
Al finalizar el texto, Fernández Díaz dice que Feinamann “logra que los kirchneristas lo lean como una obra de reafirmación doctrinaria y los antikirchneristas, como un manual de lo que no se debe. Logra, en definitiva, una obra imperdible de estos tiempos”.
Acabo de terminar de leer “El Flaco”. No sé si el periodista del diario La Nación leyó todo el libro o si leyó sólo los adelantos o algún amigo del diario le contó lo que “dicen que dice Feinmann en ese libro”. Con magistral gambeta, Díaz hizo una crítica para quedar bien con Dios y el Diablo, con Escribano y con Kirchner (o viceversa). Cualquiera que lea el excelente e imperdible texto de José Pablo Feinmann verá que allí no hay inconsciente, más bien hay dolor y alegría a flor de piel y sobre todo una crítica feroz al aparato peronista (y también a los Montoneros y la izquierda, pero esa es otra cuestión). La tensión del libro, justamente, reside en los intentos de Feinmann por convencer a Kirchner de que no coopte el aparato, que se dice duhaldista. “Si copás el aparato, el aparato sos vos, dejás de ser Kirchner y pasás a ser Duhalde”, le dice. “Si no destruyo a Duhalde, Duhalde me destruye a mí”, contesta Néstor.