¿Hay que lapidar a la puta? / Luis D`Elía le pidió a Tinelli que la despida
Por Gabriel Fernández
“…Pero la objeción desatada en derredor de las opciones íntimas de Graciela Alfano constituye todo un problema del cual hay que hacerse cargo. Discutirlo en serio, sin dejar de lado el humor, para conocer las inevitables secuelas conservadoras y moralizantes de la misma. Vamos con un primer interrogante sucio: ¿Los varones que condenan a Alfano, si tuvieran la oportunidad, no se acostarían con ella? ¿Con la innoble amante de Massera? Pero esto es sólo el comienzo, para desgarrar arbitrariamente algunas hipocresías de fácil desenmascaramiento. Vamos más a fondo: ¿las relaciones humanas carecen de interés material ligado al dinero y al poder? Como en realidad suelo creer en el amor y en los valores hondos de muchas personas, voy a desplegar una respuesta tolerante, pero que aún así obtura ciertas voces recientemente escuchadas con altavoz. En este marco, porque todo en la vida guarda relación con un panorama, la quizás intensa sexualidad de Graciela Alfano y su aprovechamiento en tanto cortesana para un puñado de logros materiales con rasgos patéticos ¿la coloca por debajo -éticamente- de Marcelo Tinelli, como para que el querido Luis D’elía considere pertinente pedirle a él su despido? El lugar elegido por Alfano para participar en nuestra historia ¿es tan grave, en comparación con los otros, como para recibir la inconmensurable condena pública que se escucha por estas horas? Las esposas legítimas de los miembros de la Junta Militar y de los responsables económicos de la dictadura ¿no merecen, en todo caso, un leve reproche, o el problema se asienta en "la puta"?
Pero: ¿Lapidar a la cortesana?
Eso no es para uno. Me quedo con aquél poema de Osvaldo Ardizzone, "A solas con uno mismo". Para sentir, y tratar de saber, que cierto tipo de exigencias deben ser planteadas hacia dentro, no hacia los demás.
Acusemos a Massera, por todos sus crímenes. Cuestionemos a sus seguidores, que desean hoy retrotraernos a semejante dislate. Y dejemos, sin alzar garcamente las narices, que las gomerías y las pantallas del país se nutran con la cola esbelta de la piba que apenas pudo soñar este destino, y lo logró…”
Eso no es para uno. Me quedo con aquél poema de Osvaldo Ardizzone, "A solas con uno mismo". Para sentir, y tratar de saber, que cierto tipo de exigencias deben ser planteadas hacia dentro, no hacia los demás.
Acusemos a Massera, por todos sus crímenes. Cuestionemos a sus seguidores, que desean hoy retrotraernos a semejante dislate. Y dejemos, sin alzar garcamente las narices, que las gomerías y las pantallas del país se nutran con la cola esbelta de la piba que apenas pudo soñar este destino, y lo logró…”

