Macri no deja sus convicciones en la puerta de la Jefatura de Gobierno.
“LA SEÑORA DE ENFRENTE NO ME DEJA HACER”/DUHALDE: “ESTAR ALERTA EN DICIEMBRE” / META BALA Y REPRESIÓN/ LOS DURANES BARBA
Por Ingrid Oxenghendler
La autora de esta nota tiene 23 años, es militante de La Campora y propone un balance político del macrismo en relación a los hechos sucedidos en el Parque Indoamericano.
El período de gracia tras la muerte de Néstor Kirchner duró poco más de un mes. Lo venían anunciando. Duhalde fue el más directo, habló de estar “alertas en diciembre” y un día antes de la toma del Parque Indoamericano expresó que se estaba en presencia de un clima “preanárquico” y que él era el indicado para “reestablecer el orden”
Varios otros vienen buscando caos, mandatos interrumpidos, muertes. En esta cloaca de pensamientos desestabilizadores y profecías no cumplidas se llevan el premio la inefable Carrió y los tan modositos Morales Solá y Mariano Grondona. A pesar de denuncias absurdas formuladas en sus tribunas de doctrina y del show mediático montado en el Congreso, con cachetadas y acusaciones de corrupción por mensajitos de texto, no pudieron torcer la voluntad y la iniciativa política del gobierno.
Más allá de esta casualidad (¿o sería más preciso hablar de causalidad?) entre sus deseos y lo sucedido en las distintas tomas de terrenos en Capital Federal y Provincia de Buenos Aires, lo que se trató de crear fue un escenario de caos y doblegar una de las políticas más valiosas y firmes del kichnerismo, esto es, la no represión de las manifestaciones sociales, ya se trate de gauchócratas o de piquetes de “negros”.
Difícil desenmarañar lo acontecido en Villa Soldati. Todos los caminos remiten a las huestes de nuestro Freddy Mercury de cabotaje: el domingo 5 de diciembre el Gobierno de la Ciudad anunció la entrega de títulos de propiedad a los habitantes de los barrios marginales. A partir de ello, algunos punteros del PRO, como El Comandante Miguel Angel Rodríguez y Marcelo Chancalay -vinculados al diputado Cristian Ritondo- incentivaron a los habitantes de la Villa 20 a ocupar en forma masiva ese inmenso parque abandonado. Para desalojar el predio intervinieron la Policía Federal y la Metropolitana. Represión de por medio, logrado el objetivo con dos muertes, el parque volvió a ser ocupado por cientos de familias, lo que derivó en que barras y vecinos fogoneados por el gobierno de la ciudad atacaran con violencia a los ocupantes. Tras el ataque, se “contabilizó”. Esta vez hubo un muerto más sumado a un cuerpo que aún no aparece. Como se acostumbra, las vidas humanas desechables provienen de un solo lado, de los marginados y excluidos.
