Mostrando entradas con la etiqueta Ingrid Oxenghendler. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ingrid Oxenghendler. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de diciembre de 2010

Nuestro Freddy Mercury de cabotaje

Macri no deja sus convicciones en la puerta de la Jefatura de Gobierno.

 “LA SEÑORA DE ENFRENTE NO ME DEJA HACER”/DUHALDE: “ESTAR ALERTA EN DICIEMBRE” / META BALA Y REPRESIÓN/ LOS DURANES BARBA

 Por Ingrid Oxenghendler

La autora de esta nota tiene 23 años, es militante de La Campora y propone un balance político del macrismo en relación a los hechos sucedidos en el Parque Indoamericano.

El período de gracia tras la muerte de Néstor Kirchner duró poco más de un mes. Lo venían anunciando. Duhalde fue el más directo, habló de estar “alertas en diciembre” y un día antes de la toma del Parque Indoamericano expresó que se estaba en presencia de un clima “preanárquico” y que él era el indicado para “reestablecer el orden”
Varios otros vienen buscando caos, mandatos interrumpidos, muertes. En esta cloaca de pensamientos desestabilizadores y profecías no cumplidas se llevan el premio la inefable  Carrió  y los tan modositos Morales Solá y Mariano Grondona. A pesar de denuncias absurdas  formuladas en sus tribunas de doctrina y del show mediático montado en el Congreso, con cachetadas y acusaciones de corrupción por mensajitos de texto, no pudieron torcer la voluntad y la iniciativa política del gobierno.
Más allá de esta casualidad (¿o sería más preciso hablar de causalidad?) entre sus deseos y lo sucedido en las distintas tomas de terrenos en Capital Federal y Provincia de Buenos Aires, lo que se trató de crear fue un escenario de caos y doblegar una de las políticas más valiosas y firmes del kichnerismo, esto es, la no represión de las manifestaciones sociales, ya se trate de gauchócratas o de piquetes de “negros”.
Difícil desenmarañar lo acontecido en Villa Soldati. Todos los caminos remiten a las huestes de nuestro Freddy Mercury de cabotaje: el domingo 5 de diciembre el Gobierno de la Ciudad anunció la entrega de títulos de propiedad a los habitantes de los barrios marginales. A partir de ello, algunos punteros del PRO, como El Comandante Miguel Angel Rodríguez y Marcelo Chancalay -vinculados al diputado Cristian Ritondo- incentivaron a los habitantes de la Villa 20 a ocupar en forma masiva  ese inmenso parque abandonado. Para desalojar el predio intervinieron la Policía Federal y la Metropolitana. Represión de por medio, logrado el objetivo con dos muertes, el parque volvió a ser ocupado por cientos de familias, lo que derivó en que barras y vecinos fogoneados por el gobierno de la ciudad atacaran con violencia a los ocupantes. Tras el ataque, se “contabilizó”. Esta vez hubo un muerto más sumado a un cuerpo que aún no aparece. Como se acostumbra, las vidas humanas desechables provienen de un solo lado, de los marginados y excluidos.

lunes, 13 de diciembre de 2010

¿Quién es la civilización y quién la barbarie?

COMUNIDAD TOBA: NO SIRVE MIRAR PARA OTRO LADO

Exilio interior

Por Ingrid Oxenghendler

Los condenados de la tierra

Se los acusa de extranjeros invasores, pero son descendientes directos de los primeros pobladores de América. Se los desaloja con violencia como si fueran usurpadores, pero tienen mayor legitimidad sobre esas tierras que los que se autodenominan amos y señores de sus tierras. Los que se pretenden fundadores de esta patria, los patricios, creen que sus antepasados llegaron en barcos provenientes de una Europa en ruinas a “hacer la América”, aunque desconocen que el 60% porta sangre indígena. Cabal muestra de las paradojas que atraviesan nuestra historia.
Aprendimos a llamarlos de distintas formas: indios, indígenas, aborígenes, pueblos originarios; pero siempre esos nombres guardaban la connotación sarmientina de barbarie, de incultura y salvajismo. En cambio, los otros, los triunfadores, eran vistos como los civilizados, los que vinieron a educarlos y occidentalizarlos. Sin embargo, la cultura de los primeros pobladores, logró sobrevivir y forja identidades mucho más ricas que las de muchos que la denigran.
Sólo se da cuenta de ellos cuando hay hechos de violencia que los ponen en el centro de la escena: cuando la Tupac Amaru da muestras de “civilidad” ante un supuesto huevazo recibido por un senador con alto grado de coloniaje mental o cuando son reprimidos con violencia bárbara por defender sus pocas hectáreas. Interesan cuando hay insultos, sangre y tiros. Sino se los ve como sumisos, exóticos, como luchadores de una causa perdida y anacrónica. En fin, no dan rating ni interesan al ciudadano medio.
No llama la atención que así como los Blumberg, los García Belsunce, los Ferreyra, se instalaron en las páginas de la historia más reciente, hoy el nombre de Roberto López no redunde en el “caso Formosa”. Él fue víctima de la represión policial ocurrida el 26 de noviembre en la ruta 86, en donde la comunidad de los Toba Qom conocida como Primavera persiste hace varios meses defendiendo sus incuestionables derechos a la tierra y al respeto. Él no es visto como un argentino, es ajeno al ser nacional, como parte de una cultura en vías de extinción. Es toba, pobre y vive lejos de la Capital. Reúne todas las condiciones para ser invisibilizado en poco tiempo en medio del revuelo por los Clarinleaks.
En ese contexto mediático sensacionalista y deshumanizante, se ignora que, en realidad, la comunidad a la que pertenecía López se llama Potay sapukna (pata de oso) desde mucho antes que llegaran los “blancos” a la zona. No conformes con exterminarlos y hacerse de sus propiedades, los gringos también ejercieron su dominio en el lenguaje y la bautizaron como una “colonia”. Hoy, los hechos recientes muestran que el asesino de indios, Julio Roca, cuya imagen ilustra los billetes de mayor valor en Argentina, cuenta con obedientes herederos.
La Primavera no será para los hermanos originarios formoseños, humillados y excluidos. No se acostumbrarán a esa situación injusta y dolorosa. Como dijo el líder qom Félix Díaz: “Para nosotros, será una Primavera sin flores”. Pero su ejemplo de resistencia y las reivindicaciones simbólicas y materiales de este cambio de época en Argentina invitan a pensar que, como dijo el gran poeta Pablo Neruda: “Podrán cortar todas las flores, pero jamás la Primavera”.
Nadie es, si se prohíbe que otros sean.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Con él mi vida cobró sentido

Por Ingrid Oxenghendler (22 años)

UN NÉSTOR, DOS NÉSTOR, MILES DE NÉSTOR/ NI SIQUIERA UN FUNDAMENTALISTA DEL PINGÜINO HUBIERA SOÑADO CON ESA DESPEDIDA/ HALLÉ MI LUGAR DE PERTENENCIA./ “EL PADRE NUESTRO ES NÉSTOR, MAMÁ ES CRISTINA”.


Me preparé para vivir un día distinto: sería censista, con todas las responsabilidades que la tarea implica sumado al bombardeo mediático previo contra el censo y los peligros de abrir la puerta a los “terroristas k”. Pero si algo trastocó no sólo esa jornada, sino también mi vida y la de muchos, la del país y de Sudamérica toda, fue que Néstor nos había dejado. Se fue así como había llegado allá en el 2003, sin aviso previo, de forma imprevista.
La primera reacción fue de incredulidad, el no entender qué era esa frase “Néstor se murió” dicha por teléfono, escuchada en una calle desierta de Paternal. Un golpe en el estómago, de esos que te dejan sin aire. Después el miedo, el sentir el fin de un ciclo de lucha y esperanza, de logros y discusiones; la sensación de vacío y de estar a la intemperie. Me costaba caminar, me costaba hablar con esas personas que no conocía, que de tan indiferentes parecían inhumanas. .Luego la angustia lo invadió todo, respiré fuerte para no quebrarme. Inútil, las lágrimas comenzaron a brotar sin poder frenarlas; siguió el abrazo con una desconocida mientras preguntaba por el material de la cubierta externa del techo.
Enajenada, terminé sin darme cuenta el recorrido, por la fuerza interna que me empujaba a ir con los míos a la Plaza. Al llegar, me sentía rara, buscaba explicaciones a lo que había pasado, y nada. Todo eran caras de desconcierto, de pena.  Pero no había silencio de funeral. Se oían  los “Néstor nos alienta desde el cielo” y “Fuerza Cristina”; cada tanto insultos contra el vice okupa. Poco a poco, la Plaza se fue poblando de militantes, de trabajadores, de chicos, de viejos, de clasemedieros, hasta conformarse una marea humana infinita.
Quién iba a imaginar que ese flaco, con pinta de desgarbado, que hacía malabares con el cetro presidencial, proveniente del lejano sur patagónico, de apellido difícil, iba a hacer todo lo que hizo. Y más aún, ni siquiera un fundamentalista del pingüino hubiera soñado con esa despedida, atravesada por un inmenso dolor y a la vez por la alegría, resultado del cambio en las vidas de tantos a partir del 2003.
En un principio, se sospechaba de él, se creía que sería más de lo mismo. Pero sin respiro, a los tumbos, empezó a disputar poder con los enemigos históricos. ¿Quiénes eran? Los represores, los organismos financieros internacionales, la Iglesia, los jueces corruptos, los empresarios cipayos, Bush y su proyecto del ALCA, las AFJP, los grupos monopólicos de medios. Y no sólo eso: restituyó derechos desde un Estado activo, propició un marco de debate político, estimuló la participación social y fue uno de los artífices de la integración latinoamericana. Ahí ya era imposible no sentar postura y definirse en términos político-ideológicos. Así fue creando un verdadero movimiento, su base social. Es por ello que su ausencia no implica un final, sino que su proyecto lo transciende.
Justamente, a medida que cada persona iba llegando se reflejaba algún o algunos hitos de su gobierno. Allí estaban los hijos de sus compañeros desaparecidos, las Madres y Abuelas; los jubilados que empezaron a cobrar mejor o inclusive que empezaron a hacerlo por primera vez; los trabajadores dignificados tras la oscuridad neoliberal; los peronistas orgullosos por vivir esta época con un presidente que los reivindica como lo hizo Perón; personas que se reconocen como no kirchneristas, pero admiten que marcó una bisagra; militantes de la juventud que recién se inician en la política porque él les abrió la puerta de entrada de la mejor manera, contagiándoles mística, entrega y pasión militante. Yo soy una de ellos, con él mi vida cobró sentido, hallé mi lugar de pertenencia.
Todos ellos se sienten protagonistas de este tiempo. Eran tantos que sorprendía a propios y extraños, su presencia tiraba por la ventana el discurso mentiroso de odio furibundo al matrimonio presidencial y del fin del kirchnerismo. Allí, en esas calles, escenarios de tantos acontecimientos en la historia de este país tan intenso, había dolor. Pero también había amor: un genuino reconocimiento a ese luchador incansable y un compromiso incondicional dirigido a Cristina. Incontables carteles, escritos con el corazón, esparcidos en el suelo entre ofrendas y flores. “Usted cerró sus ojos para abrir los de millones” o “Ser bueno es fácil, lo difícil es ser justo, como lo fue Néstor. Te vamos a extrañar”.
Por primera vez en mucho tiempo, se tiene la sensación de estar haciendo Historia. Esa reunión en la Plaza, es un eslabón más en esa cadena iniciada un 25 de mayo hace siete años, cuando nos invitó no a soñar con lo imposible, sino a entender la política como conflicto para lograr mayor igualdad, justicia social y dignidad del pueblo. Por eso se escucha a un pibe -que hasta hace unos años revolvía la basura y no tenía más horizonte que la marginalidad y la estigmatización- decir con la voz quebrada que “el padre nuestro es Néstor, mamá es Cristina”. Él y muchos otros están ahí para decir que lo van a extrañar, y mucho.
Empecé en primera persona, contando mi vivencia. Pero, con el transcurso de esos días de vigilia para despedirlo, ese sentimiento individual, inevitablemente, se fue transformando en un algo colectivo, se fue disolviendo en ese compartir con los demás. Ya  me era imposible discernir lo que me pasaba a mí de lo que nos pasaba a todos.
Queda su imagen como la de un tipo normal, en sus palabras, un hombre común en un momento extraordinario En el transcurso de estos días, escuché muchas historias y anécdotas. Me viene a la memoria una en particular, un gesto generoso de él que no se dio a conocer, que los hay de a montones. Cuando recién asumía, Néstor citó a las víctimas de la represión del 19 y 20 de diciembre del 2001. Quería hablar con ellos cara a cara, no como Presidente, sino como un reconocimiento a su lucha y para preguntarles qué necesitaban. No querían subsidios, pidieron trabajo para parar la olla. Al día siguiente los llamó uno a uno para informarles cuándo empezarían. Sin embargo, esas actitudes tan poco naturales en un presidente, incluso en alguien sin ese cargo, hablan de alguien que no fue uno más, sino un imprescindible que vivió con intensidad y comprometido con el proyecto de gobierno, con su compañera y con su país.
Se reivindica más aún al recordar su discurso en el Congreso el día de su asunción, cuando planteó que sus convicciones no las iba a dejar en la puerta de la Casa Rosada. Nos deja un país mucho mejor que el que existía cuando asumió. Nos deja cargados de energía para seguir construyendo este proyecto nacional y popular.
Retomando las primeras sensaciones, me corrijo, Néstor no se fue, vive en nosotros, ese pueblo sublevado que emergió hace ya sesenta y cinco años.