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jueves, 9 de septiembre de 2010

“Inseguridad”: “El gobierno no se puede hacer el pelotudo”

POLEMICA
¿LOS “PROGRES”  TIENEN DISCURSO Y PROGRAMA EN ESTE TEMA?

Por Franco Spinetta

La inseguridad es un problema. Quizá la palabra moleste porque "inseguridad" es un latiguillo siempre a flor de labios de la derecha vernácula. Pero realmente es un problema y negándolo sólo se logra profundizarlo. Hay que debatir y no dejar el espacio para que los De Narváez y los Macri llenen ese hueco con simplismos y represión.
La inseguridad es un problema profundo y difícil de resolver. Lo que está claro -y siempre hay que remarcar- es que se trata del producto de las políticas neoliberales, es decir, las políticas que representan aquellos que dicen tener la solución. Estas semanas tuvieron un tufillo a Blumberg y es el momento propicio para que los cavernícolas que quieren combatir al canibalismo con más canibalismo se muestren sin tapujos.
Ahora, podemos debatir los orígenes de ese canibalismo y seguramente los lectores de PuedeColaborar estaremos más o menos de acuerdo en que la violencia simbólica ejercida hacia las capas más postergadas de la sociedad es el cimiento de esa propensión a disputar la propiedad -que unos tienen y otros muchos desean-.
Un amigo repite siempre un razonamiento crudo. Dice: "Acá tenés dos soluciones. O le damos a la derecha un cheque en blanco para que aniquile a los que considera lacras sociales o nos ponemos a laburar en serio para que en 30 años no te maten en la esquina de tu casa para sacarte la camioneta o, peor aún, un par de zapatillas".
Creo que es evidente de qué lado debe estar un gobierno Nacional y Popular, la izquierda, la progresía o como queramos nombrar a todos aquellos que nos sentimos en la misma vereda y que no compartimos el discurso de Hilda Chiche Duhalde.
"Se necesita mística, necesitamos ver al Gobierno yendo a los barrios y tratando de cambiar la realidad", me dijo un querido colega hace poco. Y es verdad. El Gobierno no se puede hacer el pelotudo. Bajo cualquier bandera que defendamos resulta inadmisible que haya pibes tan zafados, tan hundidos en la mierda como para balear a alguien a cambio de unos pocos pesos.
Vale la pena escuchar al padre Pepe. Vale la pena leer a Camilo Blajaquis (http://www.diarioz.com.ar/nota-camilo-blajaquis-si-no-fuera-por-la-literatura-ya-estaria-muerto.html). 
Vale la pena escuchar al Indio Solari, que con maestría describe el pensamiento de la clase media.

domingo, 15 de agosto de 2010

“Te inyectan para que te duermas tres días”

CAMILO BLAJAQUIS: DEL SECUESTRO EXTORSIVO A LA POESÍA

Por Franco Spinetta

César Gónzalez tiene 21 años. A los 16 lo condenaron a cinco años de prisión luego de que lo acusaran de haber participado en el secuestro extorsivo de un empresario brasileño. Ahora, ya en libertad, César es Camilo Blajaquis, el seudónimo con el que firma poemas y ensayos en la revista que él mismo edita bajo el título de “Todo Piola” y en su blog (www.camiloblajaquis.blogspot.com). Además, a principios de año, Blajaquis publicó un libro que recopila algunas de sus poesías, “La venganza del cordero atado”, ilustrado por Rocambole. Con el tiempo, y después de rotar por varios medios de comunicación, se ha convertido en una suerte de ejemplo viviente de transgresión a los límites de la cultura tumbera. Nacido en la Villa Carlos Gardel, en Morón, Camilo eligió quedarse en el barrio para contar la realidad que le toca palpar día tras día: “Hablé con mi vieja hoy temprano / la policía mató a otro guacho en el barrio / confirmación necesaria de que nada ha cambiado / que nada va a cambiar / que la sangre que corre todavía es poca”.

“Mi experiencia comienza cuando tenía apenas 16 años: me encerraron por el delito de secuestro extorsivo”, dice Blajaquis. La vida carcelaria continuó con lo que él denomina “tour”. Primero recayó en el instituto para menores San Martín y de ahí pasó por el Roca, Belgrano y Agote, todos en la ciudad de Buenos Aires. A los 19 años lo mandaron al penal de Ezeiza ya que todavía le faltaba cumplir un año de condena, que se hicieron efectivas en el penal 24 de Marcos Paz. “Después de casi 5 años recuperé mi libertad en términos de condicional y como premio a mi buena conducta”, recuerda.

¿Cómo fueron esos primeros años de encierro en los institutos porteños?

Lo que se percibe claramente es que son lugares sumamente viejos, lo que inevitablemente trae deterioro, humedad cruel y rejas oxidadas. Pero a quién le puede importar el estado de los institutos… pienso que la sociedad misma reclama que sean lugares inhumanos. Yo no creo en los mecanismos de encierro. El hecho de haber pasado varios años ahí me sirvió para comprobar que es simplemente un basurero social, con la única función de inyectarte en las venas resentimiento, bronca, impotencia y resignación hacia toda la ciudadanía. Lugar para sufrir por antonomasia, nunca podrá ser un lugar para mejorar a las personas, mucho menos si de menores se trata.

En el instituto San Martín, Camilo conoció a Patricio Montesano (Merok), un mago que empezó a dar un curso de magia en el correccional, pero con quien descubrió otra magia: la historia y la política. Montesano le pasó el libro “De Ernesto al Che” (Carlos “Calica” Ferrer), que cuenta el viaje realizado por el Che Guevara en su juventud y que significó un quiebre en su conciencia social. Luego, el mago le prestó “Operación Masacre” de Rodolfo Walsh. César empezó su transformación total hasta convertirse en Camilo Blajaquis, un poeta sensible y comprometido con su historia y su contexto. Mientras tanto, lidiaba con la realidad: el encierro y la violencia psicológica.

Hay denuncias sobre el maltrato que reciben los chicos en los hogares, ¿qué nos podés contar al respecto?


Al ser institutos de menores y al contar con legislaciones que prohíben el maltrato físico por parte de los guardias, si un pibe anda nervioso, se peleó u algo por el estilo, se lo inmoviliza y se lo inyecta para que duerma varios días o como dicen los profesionales que trabajan en los institutos “para que no moleste”. Los fármacos se usan como un método de represión. Es un método sumamente deshumano, pero cuenta siempre con el aval de los psiquiatras y de la Secretaría Nacional de Niñez y Adolescencia.

¿Hiciste amigos ahí? ¿Cómo llevabas el día a día?

Por supuesto que hice amigos estando encerrado. Es algo sumamente necesario porque es muy difícil sobrellevar el castigo del encierro sin una “segunda” al lado, sin alguien que te escuche desahogándote cuando hay penares judiciales, después de la visita de tu madre. Y siempre va ser el oído de un pibe mucho más acogedor que el de la psicóloga o el de la asistente social a cargo de tu “seguimiento tutelar”.