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miércoles, 15 de diciembre de 2010

¿Quién hizo la agachada? ¿El gobierno o el macrismo?

CERTEZAS SOBRE LA RESPONSABILIDAD DE LA FEDERAL EN LOS ASESINATOS DE SALGUEIRO Y CHURA PUÑA
Foto de Perfil.com

Por Pablo Caruso

Hace unas horas terminó una parte del conflicto de los sin nada de Soldati y Lugano. Hubo un acuerdo, que según qué diario se lea es una agachada del gobierno por negociar con Macri o del macrismo por negociar con el gobierno. A nuestro entender, tiene más pinta de lo segundo, porque la política de la ciudad de Buenos Aires era palo y a cobrar, y la del gobierno consenso vía diálogo. Sin dudas primó lo segundo, pero es cierto que el tono y las medidas criminalizan una vez más a las víctimas de un modelo que evidentemente no termina de morir.

A propósito de esas figuras de nacimiento y muerte, a esta altura nos va quedando claro que modelo que muere y modelo que nace no tienen espacio de convivencia. Lo que se logra en esos intersticios es la impronta del sálvese quien pueda del modelo que en teoría se despide, porque con la imagen benévola de lo que estaría viniendo se pierde fuerza para putear a voz en cuello lo que todavía subsiste.

Para ser claros, la etapa que se cierra del conflicto por las viviendas es la de visibilización del problema. Todos de vuelta a la no casa, bajo promesa de un peso de Ciudad y un peso de Nación para todas las viviendas que se harán. Pero la verdad es que la etapa de prometer viviendas parece ranciamente cumplida. ¿Cuántas promesas de vivienda llevan en la mochila los funcionarios porteños? ¿Y qué garantía de que si en tres años de gestión subejecutaron hasta la vergüenza los fondos previstos para esos planes, ahora sí, sin peros, se va a cumplir, no ya con lo prometido, sino con lo que correspondía por ley? Porque a no olvidar, el presupuesto es ley.

Acaso dirán que el garante en este caso es el gobierno nacional, que tiene mucha más legitimidad para prometer políticas sociales, pero no parece verosímil que ante el incumplimiento del macrismo, Nación haga honor a compromisos ajenos. Convengamos además que la foto y el tono de ayer, probablemente necesario para frenar el sospechoso efecto copia del Indoamericano, resulta por lo menos hostil para los expropiados de siempre. Sólo la pragmática de la política lo puede explicar.

Hace unos minutos nos tocó escuchar al ministro de justicia Julio Alak en un televisor de un bar público, explicando nada sobre las pericias balísticas por los asesinatos de Bernardo Salgueiro, Rosmarie Chura Puña y Juan Quispe. Detrás nuestro, comiendo unos sándwiches, había tres federales, policías ellos, que frenaron las carcajadas cuando nos acercamos a escuchar el informe. El videograph los puso en autos y se hizo silencio. Comunicadores nosotros, no se nos escapaba lo rico de la escena.

A pesar del por ahora respetuoso y prudente silencio oficial, cada vez hay más certezas sobre la responsabilidad de la Federal en los asesinatos de Salgueiro y Chura Puña. Y también sobre las bandas organizadas con punteros y barras que en vínculo político buscaban muertos en el conflicto para socavar apoyo a la gestión de Cristina. Seguramente lo encontraron a Juan Quispe en esa misión.

No podemos dejar invisibles ni el conflicto social de los sin casa, ni la búsqueda de justicia para los asesinados en las operaciones apadrinadas. No pueden perder escena detrás de esporádicas noticias de estación, como el estallido del calor, los piquetes según el caos de tránsito, el florecer de los culos en Mar del Plata, o las diatribas eclesiásticas sobre la existencia de Papá Noel.

Nuestra calidad humana nos exige sostener las dos tragedias a flor de piel, esquivando vecinos xenófobos y soluciones de pragmática política.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Bernardo Salgueiro, Rosemary Churapuña y Juan Quispe Castañares

¿Quién se acuerda de ellos en 15 días?

Por Pablo Caruso

LA EXPROPIACIÓN DE LA DIGNIDAD /JEFES DE GOBIERNO FASCISTAS DEMOCRÁTICAMENTE ELECTOS/ CAUDILLOS PROVINCIALES DISFRAZADOS DE PROGRES/MÉDICOS Y MAESTROS QUE HONRAN SU PROFESIÓN/MADRES Y PADRES

10 de diciembre, Día Internacional por los Derechos Humanos. Fecha trascendente si las hay en la historia reciente de las luchas latinoamericanas, con dispersos pero firmes juicios a los genocidas que resultan en nuevas y demoradas condenas. Pero es una fecha que en función de las tragedias actuales pide un nuevo sentido. Estamos pensando, para no ir tan lejos, en los familiares de Bernardo Salgueiro, Rosemary Churapuña y Juan Quispe Castañares, los tres asesinados en el marco de las tomas de tierras en Soldati. Lo mismo podríamos decir de los indígenas asesinados en Formosa o los campesinos apaleados en tantas provincias del país por el avance del negocio del modelo sojero. Y también de Mariano Ferreyra, y de los nietos que todavía siguen secuestrados.

Hace un rato nada más hubo un gesto verdaderamente honroso en esto de honrar la historia en el presente: el gobierno nacional decidió apelar un oficio judicial que llamaba pacificación a una nueva represión en el Parque Indoamericano, y fue determinante en recomendar la política como herramienta de solución pacífica ante la crisis.

Frente a la legitimación oficial de la violencia xenófoba por parte de la mayor autoridad política de la ciudad, violencia que empieza como verbal pero termina justificando los balazos de pobres contra pobres, aparece el mayor legado de la época: la política como transformadora y facilitadora de soluciones y vías de crecimiento.

A propósito, no hay recuerdo desde la última dictadura de una voz oficial que se obstine en criminalizar a un sector de la población, que lo construya como enemigo y que le apunte al abdomen con la fuerza represiva estatal.

Hay vastos sectores de nuestra sociedad que no están a la altura de una solución política y democrática de los problemas actuales más acuciantes.

Tenemos jefes de gobierno fascistas democráticamente electos; caudillos provinciales disfrazados de progres, pero sin vergüenza para mancharse las manos de muerte en sus pactos de negocios; policías con bala fácil para los sectores más vulnerables; jueces abroquelados en corporaciones que legalizan represiones para proteger negocios a costa de los derechos esenciales de la población; intelectuales baratos y mediocres inventando relatos que justifiquen la muerte y el saqueo; y medios que se excitan con la sangre de los que nunca llamarán hermanos.

Y esto es sólo lo que aporta el espasmo, la náusea de lo primero que se cruza por la cabeza.

Pero también hay militancia y compromiso en formas varias. Hay profesionales con vocación social caminando los barrios y honrando hospitales y escuelas; hay artistas e intelectuales cerca del barro y lejos de las luces de estrellato; hay estudiantes que abrazan colegios y caminan las plazas; hay Madres y hay Padres; hay obreros que se cooperativizan en vez de pelearse por el empleo; hay políticos que politizan hasta el banderín del córner; hay vecinos de la calle queriendo recuperar ciudadanía. Hay banderas.

10 de diciembre, Día Internacional por los Derechos Humanos. No se nos ocurre mejor día para anuncios y posiciones determinantes respecto de políticas que garanticen la justicia, la salud, la educación, y la vivienda, con privilegio de los que más han sufrido la expropiación de la dignidad.