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martes, 5 de junio de 2012

Cómo vivir sin sushi ni barbies


EL CACEROLAZO VIP DE MACRILANDIA

Por Julio Rudman

Estaba en un frasco. Quiero decir, enfrascado en la lectura. Por la mañana me atrapa el nuevo trabajo de Alejandro Horowicz, "Las dictaduras argentinas" (Edhasa,2012), profundo, fascinante, y por la tarde, antes de irme a la radio, tengo cita con Petros Márkaris y su comisario Kostas Jaritos, inmersos en el clima de fin de fiesta que plantea "Con el agua al cuello" (Tusquets,2012). Crímenes de banqueros en la Grecia actual.
Por eso me sorprendí cuando mi esposa dijo: "Están golpeando". Pensé: "Tengo que ir al otorrino. Carajo, la vejez me está llegando". Le pedí amablemente a mi perro, Galileo, que no se escape (tiene un sentido compulsivo de la libertad) y abrí la puerta de calle. No había nadie. Además, por qué iban a golpear si tenemos timbre. Eso le dije. 
Con la paciencia que la caracteriza me contestó: "No, fijate. Están golpeando a periodistas". Pensé que el "polémico" Moreno y el "polémico" D'Elía se habían encontrado en Plaza de Mayo con Lanata. Tuve que dejar por un rato al amigo Jaritos porque en "6,7,8" emitían por enésima vez la agresión a sus muchachos. Es que cometieron el "error" de ir a mostrar un cacerolazo vip de las señoras, señoritas, señores y señoritos de los barrios ricos de Macrilandia. Se convocaron a través de las redes sociales y llegaron a Santa Fe y Callao, por segunda vez en quince días. El enojo: extrañan el sushi, sus hijas mueren por una Barbie y los únicos arbolitos que funcionan están muy ocupados en atender a sus perros meones.
La paliza que vi por televisión es un aviso. Clasificado. Dice: "Hay piñas, patadas y palazos para periodistas militantes del oficialismo. Ofertas por pago en dólares. Preguntar por el Sr. Jorge."
Tan grave como la agresión me parecieron las "solidaridades" de Lanata, Luis Majul y Magdalena Ruiz Guiñazú con los agredidos. Repudiaron, pero. La culpa, según estos próceres, la tiene el gobierno. Porque es intolerante, porque atenta contra la libertad de expresión, porque pone en peligro las instituciones, porque no permite la importación de queso brie y así. El mismo argumento que pretende justificar a los violadores: "Y qué querés. Si la mina usaba una minifalda terrible y el escote le llegaba hasta el ombligo. En realidad, estaba pidiendo que se la cojan".
Si trato de explicarle al camarógrafo herido que, me parece, que fue víctima de un gesto de debilidad, me manda a la mierda. Y con razón. Pero la impotencia de clase ante la ley de revalúo fiscal de las propiedades rurales bonaerenses, la fecha de caducidad de la cautelar contra la Ley de Medios y la histeria tóxica (buen título para el próximo libro de Stamateas. De nada) de Lanada, hacen un cocktail propicio para estas demostraciones de valentía.
Es cierto que, cada vez que habla en público, Cristina insiste en que gobierna para los cuarenta millones de habitantes, pero sus medidas de inclusión ponen nerviosos a los que estaban acostumbrados a manejar el país como una estancia. Y creo que está bien que se enojen, pero no así. Es tan pobre el discurso, ahora le dicen relato, que llegan a la histeria en subte, sin importarle quién lo maneja.
En la Grecia de Jaritos se suicidan los jubilados, como los nuestros en 2001 y 2002. Un historiador lúcido desmenuza qué nos pasó a través de los Golpes de Estado que supimos conseguir. Y, mientras tanto, en estas horas se pone en marcha la Ley de Identidad de Género sin que se caiga el cielo ni se hunda la tierra.
Sí, están golpeando, son pocos, son apocalípticos y crueles. De sólo pensar que los próximos agredidos pueden ser mis compañeros, o yo mismo, me sube la confianza en el sendero. Aunque, claro, prefiero el debate a la pelea.

lunes, 17 de mayo de 2010

Ignacio Copani: “Me gustaría que León Gieco le haga una caricia al actual proyecto político”

Esto lo dijo ayer Copani en un reportaje con Eduardo Aliverti en Decime quién sos vos, en radio Nacional. Cuando lo entrevistamos en El Tren, radio Cooperativa, Copani explicaba por qué él se juega políticamente y cuáles son las consecuencias:

Soy un artista independiente, mi propia productora, mi propia discográfica y tengo ya mucha experiencia en eso… te lo juro por mis hijas que nunca especulé, que siempre me he metido en cosas que tienen que ver con la política… y se me cerraron muchas más puertas de las que se me abrieron. Me pasó en la década del ’90, específicamente, cuando venía con mucho éxito, con las canciones que eran tan conocidas, y bueno, luego por manifestar lo que sentía, sacando las canciones de River, en la segunda mitad de los ‘90, no sonó ninguna canción mía. Pero siempre me la rebusqué para seguir actuando, convocando a la gente y para no especular.

Las canciones que he aprendido de pibe, que me quedaron grabadas, que me ayudaron a forjar mi ideología, no me las olvidé; no me olvidé de la frase de Pablo Milanés que dice “pobre el cantor de nuestros días que no arriesga sus cuerdas por no arriesgar su vida”. Entonces si tengo un idea, no puedo especular y ver si de emboquillada me va a perjudicar, que si canto Cacerolas de Teflón me voy a perder de ir a los festivales, que son una gran fuente de laburo para nosotros. Los festivales en toda la pampa gringa, los aniversarios, la fiesta del melón, de la papa, del chancho, de lo que sea… en esos lugares ya no puedo trabajar más, pero bueno…, que me trague la tierra si cuando escriba la próxima canción empiezo a pensar “no, esta estrofa no, porque a ver si no me contratan en los bingos…”