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jueves, 19 de agosto de 2010

“Todos queremos robar un banco”

Polémica
Tristes tendencias periodísticas: la “audacia” en un robo
 
Por Alejo Lemiña

Un grupo de asaltantes que portaba armas de diverso calibre robó este martes  el casino de la ciudad entrerriana de Concordia. En un diario de Mar del Plata, titularon la noticia como “Audaz robo al Casino de Concordia” porque, según describe la nota, “sin disparar un tiro, los ladrones se llevaron 300 mil pesos el fin de semana largo”. Horas más tarde, dos sospechosos de haber cometido ese delito fueron apresados, eran nada menos que un ex suboficial de la Policía Federal, de 55 años, y su hijo de 20.
Si bien fue solo el titular, y la nota estaba realizada correctamente, lo que más me llama la atención es el adjetivo “audaz” con el que se calificó dicho asalto al casino. Traigo a la memoria de todos aquel vapuleo de notas y artículos sobre el denominado “Robo del siglo” cometido el 13 de enero de 2006, o el “Robo del milenio” ocurrido en febrero de este año.
La gran mayoría de los medios de comunicación no hesitaron en calificarlos como “atracos de película”. En el canal Todo Noticias, en 2009 hacían referencia al denominado Robo del siglo como un “cinematográfico asalto al banco Rio de Acassuso” cuyos ejecutores habían estado “inspirados en un audaz golpe a un banco de Niza, Francia”.
Según el canal América Noticias, el “robo del milenio” fue un “golpe perfecto”, y hasta hicieron una cobertura en la que entrevistaban a gente en la calle preguntándose “por qué la sociedad admira a los delincuentes” y titulando el segmento como “El ladrón, mi héroe”.
No hablo sólo de un canal, o de un diario en particular, sino de una actitud periodística que rebasa las fronteras de Argentina, porque es una tendencia que se da en medios de comunicación tanto de Perú, como de España o de Estados Unidos.
¿Dónde está la audacia en un hecho delictivo?; ¿por qué es admisible encontrar perfección en robar?; ¿qué tiene de admirable?  El “robo del siglo” lo describieron en TN así: “no hirieron a nadie, no dispararon un solo tiro, hasta le cantaron el feliz cumpleaños a una víctima. Escaparon por una verdadera obra de ingeniería, boquete, alcantarilla y gomón mediano. La fuga final, por el río. Antes de fugar apoyaron arriba de un escritorio armas de juguete. Todo un símbolo, todo una burla. Se llevaron 8 millones de dólares”.
Luego, cuando la policía detiene a los delincuentes o cuando la justicia puso presos a los cuatro ejecutores del robo del siglo, no hay ni hubo algún calificativo de eficacia, ni de audacia, ni de admiración por quien hizo justicia. Esa actitud y tendencia periodística marca una inversión de valores que degradan a las instituciones y ponen en un pedestal a quienes se escapan ya sea con 8 millones de dólares o con 300 mil pesos.
Un hecho delictivo, sea de la envergadura que sea, ideado con sofisticadas tácticas o realizado de forma improvisada, no es algo que admirar, sino que es algo deshonroso, vil y degradante.
El periodismo en general, cuando divulgó el tema musical que hizo Sergio Zajdenberg, desde la cárcel de Marcos Paz, y una y otra vez se rieron y hacían chistes sobre el robo del siglo, no hacían más que premiar con un lugar en los medios a aquellos que se llevaron 8 millones de dólares que no les pertenecían. Me pregunto entonces ¿cuál es el límite entre el chiste y la apología al delito?