miércoles, 18 de abril de 2012
sábado, 8 de mayo de 2010
Diego*
Por Gerardo YomalVoy a poner un nombre y apellido para que esta placa no sea tan fría.
Les cuento algo de uno de nuestros compañeros del Pellegrini que seguramente representaba a muchos más.
Me refiero a Diego Toffe, vivía en el barrio de Belgrano, en la calle Soldado de la Independencia, si no me falla la memoria, pertenecía a una familia de clase media que no tenía ningún interés por la política. Y creo que miraba a su propio hijo como sapo de otro pozo.
Diego fue desaparecido y asesinado por la dictadura militar del 76.
Militaba en el PRT.
De vez en cuando me detengo en el living de mi casa para mirarlo en una muy linda foto que sacó José Broide. Estamos los dos, me imagino que en un contexto de alguna reunión política, muy atentos, muy concentrados. Estábamos en divisiones distintas pero compartíamos amistades y discusiones políticas, como una parte importante de los estudiantes del colegio.
¿Cómo era Diego?
Era un militante de fierro, lo primero era la actividad política y el partido.
No había muchas dudas. Se estaba por construir una nueva sociedad.
Había que derrotar al enemigo para acceder y generar el hombre nuevo.
En esa lucha no importaba la vida privada, la familia, la novia, el dinero, el trabajo.
Se ponía todo.
Diego particularmente ponía todo. Tengo un recuerdo de un pibe puro, ético al mango.

Que podía brindarse al ciento por ciento por la causa del momento.
La lucha por la revolución era la vida cotidiana, un mundo más justo que aparecía muy cercano.
El imaginario colectivo imaginaba que en poco tiempo más nos acercábamos a la utopía soñada.
Y ¿saben una cosa? No me lo imagino a Diego comportándose mal frente a un compañero o teniendo una actitud egoísta o canchera.
No creo que por el final trágico de esta historia y por el paso del tiempo lo esté idealizando.
Diego era de una madera muy noble.
Pensar que hoy algunos participan de la actividad política para figurar o escalar económicamente.
Diego y lo que él representa es la contracara de usar la política para una ganancia personal.
Finalmente entregó todo de sí mismo, incluso hasta su propia vida.
Claro que esta aventura de cambiar el mundo no quedó en aguas de borraja.
Creo que algunas semillas de Diego siguen presentes en muchos de nosotros, no al nivel de grandes gestas revolucionarias pero sí en pequeños gestos, actitudes cotidianas, posturas ante la vida, palabras para nuestros hijos donde lo que vale es ser una buena persona, tener actitudes solidarias, ser buena gente, estar hechos de buena madera.
En algún sentido, salvando las distancias, con un pequeño granito de arena, de distintas maneras, hoy lo estamos continuando a Diego.
Si nos pudiera ver desde algún lado, seguramente nos haría una sonrisa cómplice.
*Palabras pronunciadas al ponerse una placa en recuerdo de los estudiantes desaparecidos del Carlos Pellegrini en el paseo de los Derechos Humanos, Villa Lugano.
martes, 6 de abril de 2010
Macri salvó a un desaparecido*

La "burguesía nacional", ¡que lujo mamita...!
(…) En mayo de 1978, poco antes del Campeonato Mundial de Fútbol, Grosso fue secuestrado por un comando militar. Su nombre aparecía mencionado en la agenda de otros miembros de su agrupación política que fueron secuestrados en los mismos días. Haieck llamó a Macri en medio de la noche, le dio la novedad y le pidió que apelara a sus relaciones con el gobierno militar.
Haieck (gerente de SOCMA) sabía bien que era cuestión de horas, y que sólo podían salvarlo si las influencias eran en la primera línea del gobierno. Militante peronista, el gerente general de SOCMA estaba al tanto de los secuestros diarios, las desapariciones y el funcionamiento del aparato represivo desde el inicio mismo del golpe militar.
Antes de que amaneciera, Franco Macri había hablado con monseñor Pío Laghi y con el ministro del Interior, general Albano Harguindeguy. Carlos Grosso fue liberado al mediodía. Estaba golpeado y con signos de haber sido torturado, pero sin salir de su incredulidad por verse de nuevo vivo y libre.
De acuerdo con el momento político argentino en que lo relate, Macri varía en matices la versión, pero nunca deja de admitir que Grosso fue liberado por su presión. En plena época menemista, cuando el gobierno flirteaba con militares y acababa de indultarlos, Macri aclaraba que sus gestiones habían sido hechas “luego de haber investigado que él no tenía ninguna participación activa como extremista”, y no precisaba cuál hubiera sido su accionar de haber sabido que el secuestrado y torturado pertenecía a una organización revolucionaria. Pero en su autobiografía va más allá y sostiene que “afortunadamente logré convencer al entonces ministro del interior, general Harguindeguy, quien bajo mi responsabilidad lo hizo liberar. Grosso ya había sido torturado y condenado a muerte”.
La intervención de Macri prueba no sólo su vinculación con los militares sino también el conocimiento que tenían las autoridades del gobierno sobre el plan sistemático de desaparición que se estaba llevando adelante. Y cómo con la sola intervención de alguien influyente se salvaban vidas.
“Macri me salvó la vida dos veces: cuando me hizo liberar, y cuando me dio trabajo”, recuerda Carlos Grosso. Víctima del desequilibrio psicológico que le produjo su secuestro, Grosso le pidió a Franco Macri un empleo estable para reorganizar su vida y su rutina. Fue su ingreso como asesor de SOCMA: viajaba por los distintos países latinoamericanos evaluando las posibilidades de inversión. Un año después, en el comedor de la mansión de Eduardo Costa, Franco Macri le ofreció ser gerente general del holding. Una oferta imposible de rechazar.
*Fuente: “El pibe. Negocios, intrigas y secretos de Mauricio Macri, el hombre que quiere ser Presidente”, de Gabriela Cerruti.
