Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Penelas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Penelas. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de julio de 2010

“Favaloro me escuchaba cuando le hablaba de Rosa Luxemburgo”

Carlos Penelas es escritor y poeta. Entre otros libros escribió "Diario interior de René Favaloro". Durante veinte años trabajó con él, fue jefe de relaciones públicas de la Fundación. Ideológicamente se define como anarquista. Puedecolaborar publica a continuación las declaraciones que allá por enero del 2004 realizó al programa radial “El Tren”. Merecen repasarse.



“¡sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean…” René Favaloro dixit


* ...Al estar muy cerca del poder nacía una contradicción. Quiso desenmascarar sin los espacios históricos necesarios y retrató con crudeza en más de una oportunidad la descomposición social. La muerte de Favaloro tiene un carácter social emblemático. Es el comienzo de una polarización aguda donde los grandes grupos siguen decididos a imponer sus planes de explotación. Es evidente que empresarios, políticos y casi toda la dirigencia, al poco tiempo de su suicidio, prefirió hablar de otras cosas. Usted me preguntaba recién sobre la corrupción, el soborno y los sindicalistas. La Fundación jamás pudo firmar un convenio con algún gremio de peso. En mi libro publico la carta hológrafa del doctor que firma media hora antes de su suicidio. Hay un párrafo que dice así: "La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados, hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia jamás dimos un sólo peso de retorno. Así obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto. ¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica. Lo mismo ocurre con PAMI".

* En realidad Favaloro sufrió cárcel y persecución cuando era delegado estudiantil en La Plata. Era antiperonista, como también era anti estalinista y anti fascista. Por supuesto, tampoco era radical. Pero era un hombre abierto...

* ...Yo conocí a Carlos Alberto Brocato en los años ‘70 y luego, a su regreso del exilio, compartimos tardes enteras y cenas en mi casa y en la suya, junto a Patricia y Rocío. Favaloro, por su lado, conoce la obra de Brocato, sobre todo "La Argentina que quisieron" y posteriormente "El exilio es nuestro". Yo le presenté a Brocato a principios de los ’90, pues Favaloro admira "La Argentina que quisieron" a tal punto que en una oportunidad compra 20 libros para regalar y al poco tiempo otros 20 más. La izquierda siempre tuvo una visión dogmática, sectaria y hasta oportunista. Favaloro fue una persona con grandes contradicciones, pero me escuchaba cuando le hablaba de Rosa Luxemburgo o de los anarquistas. No es casual su relectura de Ezequiel Martínez Estrada o Luis Franco, y su renovada visión de Artigas.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Nadie nos lee

por Carlos Penelas

Tengo un amigo anarquista

El príncipe Kropotkin señalaba que “la burocracia es de por sí el núcleo de una clase cuyos intereses son totalmente opuestos a los del pueblo, al que pretende servir”. Necesitan de la pobreza para hacer sus negocios. Carecen de columna vertebral. Para adaptarse a un mundo florido donde la gente cultiva con sensatez el buen gusto, la hipocresía y el cinismo. ¿Cuántas pequeñas canalladas, cuántos engaños imperceptibles forman parte del alma? Querido lector éstas son las sinuosas estrategias o manipulaciones para alcanzar el poder y su irremediable sensación de impunidad. Recuerdo, no sé porqué, a Einstein cuando dijo: “El matrimonio no es más que la esclavitud con apariencia civilizada”.

Nuestros políticos dan asco, pero me empieza a llegar el olor de otras comarcas. Todos parecen extras de cine. El engaño en las campañas exhibe su desvergüenza de manera obscena. Pícaros populistas, fascistas y señores reaccionarios se abrazan con las multinacionales. Recuerdo, no sé porqué, a Lewis Carroll: “Querrás, querrías, querrás, querrías, / querrás bailar también”.

Ahora el Pentágono continúa con un proyecto de profundizar una investigación ambiciosa: reunir todos los datos imaginables sobre la vida de una persona, ordenarlos en un índice y permitir su búsqueda. El programa se llama LifeLog y recopilaría lo que hace un ser humano: cada mensaje de correo electrónico enviado o recibido, cada foto sacada, cada llamada telefónica realizada, cada revista leída. Como vemos, Orwell no se equivocó tanto.

Querido lector: como escribió uno de los grandes literatos gallegos, estoy hablando de Gonzalo Torrente Ballester, por los años ’70: “Yo jamás me propongo romper algo que se está rompiendo solo”.

Es interesante hacer una lectura de todo. Ahora parece que los medios manejan las cosas. Si volviéramos sobre las páginas de Sun Tzu (544 antes de nuestra era) veríamos cómo era el proyecto de conquista. Y que lugar tenían las baratijas, las putas, la bebida y el juego. Si no tomamos el poder como medida de las cosas nos equivocamos una y otra vez. Ya Albert Camus señaló con claridad: “al menos los anarquistas saben contra quien luchan”.

Aparecen entre nosotros, otra vez, los curas villeros, un sindicalismo sin salida, un euro con tropiezos, una Grecia que trae los problemas de un capitalismo no resuelto e imposible de resolver como quieren. Digamos que es fácil de ver, de predecir. Es todo más complejo, tiene usted razón. Conflictos en Facebook, opiniones como las del caballero Mark Zuckerberg al afirmar que no cree en la privacidad de Facebook. Y luego viene lo del matrimonio gay, lo de los curas pedófilos, los engaños de los índices, el cinismo de los gestos y de las actitudes, la dispersión, el drama de los hospitales, de las escuelas, de los ferrocarriles. Y los cacerolazos otra vez en Atenas que pega en España y en Portugal.

De esto, entre otros asuntos -como simples poetas- hablamos hace más de cinco años. Pero parece que nadie nos lee. Que nadie nos lee pues hubo otros, más sabios y conocedores que yo, tratando y estudiando estos panoramas líquidos que generan hambre, guerra, desolación y muerte. En fin, que como en Muerte en Venecia la decadencia también alcanza a la ciudad en forma de epidemia.